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Literatura

Una conferencia con un trocito de Shakespeare y muchas reflexiones

Cultura / Ocio
Christian Santana afirmó que el dramaturgo inglés también ha ayudado a entender la naturaleza humana. Foto: N. de Ara

Un café largo con amigos. Esta es la definición que Christian Santana, escritor y filólogo, dio al coloquio sobre William Shakespeare que se desarrolló ayer lunes, 15 de abril, en la Sala Ámbito Cultural del Corte Inglés. ¿Por qué leer? fue una charla donde el público pudo comprender mejor la obra del máximo representante de la literatura inglesa, meditar sobre las temáticas que esta abarca y descubrir nuevos puntos de mira sobre las lecturas de siempre.

El acto comenzó con una declaración de intenciones del ponente con la que expuso que no aludiría “al autor sino a sus textos, ya que estos son los que realmente componen el legado shakesperiano”. Apoyó esta afirmación en su propia experiencia, puesto que tras llevar veinte años estudiando al literato y haber publicado un ensayo sobre su creación (Shakespeare, un mundo de amor y locura) ha caído en la cuenta de que no es el método de escritura utilizado por este lo interesante de sus libros, sino su capacidad de hacernos ver más allá. Así, afirmó que Shakespeare, además de brindarnos grandes clásicos literarios que han persistido durante generaciones, nos ha ayudado a entender la naturaleza humana: “Este hombre tiene la capacidad de hacernos daño al ser conscientes de que cuanto antes aceptemos nuestros fallos y virtudes, antes seremos felices”.

¿Qué es estar loco si a todos nos vencen las pasiones?


Santana introdujo la famosa frase «Ser o no ser, esa es la cuestión», para explicar que a lo que nos insta el novelista es a cuestionarnos todo en la vida. Sin embargo, incluyó otro elemento a esta reflexión: la pasión por entender la vida nos lleva a la locura.

Para explicar esto, se valió de la idea del narrador de que no podemos comprender lo que nos rodea sin aceptar que todo sentimiento parte de un deseo, que al final se acaba convirtiendo una necesidad existencial. Y esta necesidad, en trastorno. Un ejemplo de esto lo encontramos en el personaje de Hamlet, a quien, tal y como explicó el filólogo, lo vuelve loco la venganza. O en Romeo, al que el amor lo lleva al suicidio. Figuras de las que nosotros como individuos no estamos tan alejados.

Con todo, reafirmó lo que llevaba exponiendo desde el principio de la conferencia: el método shakesperiano ambiciona hacernos reflexionar a través de personajes que realmente son sentimientos personificados. Y hacernos ver que, en la existencia, lo que nos asemeja son nuestras diferentes locuras que al final, brotan desde un mismo punto: las propias pasiones.

Cuarenta minutos después de su inicio, este peculiar café tocó a su fin con el buen sabor de boca de aquellos que ya conocían a Shakespeare y la curiosidad germinada en otros que nunca se habían embarcado sus líneas. Finalmente, Santana se encargó de responder la pregunta que daba nombre al acto: “¿Por qué leer? ¿Por qué leer a Shakespeare o a cualquier otro escritor? Porque el mundo necesita humildad, cuestionamiento, cambio. Y una forma de emprender estas acciones es leyendo”, sentenció.

El Campus de Guajara acogerá el I Seminario de Literatura

Artes y Humanidades
La actividad establecerá un espacio para la reflexión y el debate. Foto: PULL

La Sala de Grados del Aulario General del Campus de Guajara de la Universidad de La Laguna celebrará del 15 al 17 de mayo, de 11.30 a 13.30 horas, el Seminario de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada del Grupo de Investigación en Estudios Semióticos Aplicados (GIESA): Literatura y valores. Será moderado y dirigido por  Darío Hernández, docente e investigador del Área de Teoría de Literatura. También será coordinado por el profesor Félix J. Ríos Torres. La entrada es gratuita.

En esta primera edición del Seminario, a través del encuentro con el escritor Sagar Prakash Khatnani, Hernández se propone establecer un espacio para la reflexión y el debate sobre las relaciones entre la literatura y los valores, entendiendo estos desde una perspectiva amplia como la ética, lo social y cultural.

“El arte, en general, ha sido, es y será transmisora de valores. Entabla así una retroalimentación significativa entre el emisor y el receptor, y las circunstancias en las que este proceso comunicativo tiene lugar”, explica. Hace un especial llamamiento a los lectores que conocen la Colección Sawai, 21 cuentos sobre lo que verdaderamente cuenta, pues en un principio el evento se centrará en este referente.

Desde su amplia experiencia enseñando, Darío Hernández comenta la dificultad de la enseñanza de la Literatura, tanto desde un punto de vista histórico como teórico. Hace hincapié en fomentar la creatividad y motivación de la lectura hacia el alumnado, declarando que se trata de vivir procesos de enseñanza y aprendizaje que conduzcan a disfrutar mucho más del arte literario, fuente de gozo y alegría.

El candado de Pandora

Literatura
El rumbo de toda una vida puede cambiar en cuestión de segundos. Foto: Deborah Barroso

Hacía ya mucho tiempo que había cerrado el candado,

recuerdo incluso tirar la llave,

perderla, enterrarla…

Con la convicción de que nunca más me abriría,

cerré el maldito candado y tiré la maldita llave.

 

Lo hice por rabia,

ira,

enfado.

Lo hice por miedo.

 

Creí que ni el mar ni la tierra

me devolverían esa pieza de metal,

pero lo han hecho.

¡Dichosos caprichos de la madre naturaleza,

maldita!

 

Maldigo tu fuerza e ímpetu,

y tus ganas de romper esquemas;

maldigo tus órdenes sigilosas

que debo acatar como si fueran propias.

 

Hoy te odio,

te bajo del trono.

 

Coge la llave de nuevo

y no me la des otra vez.

Trágate el metal que me abre,

no me lo des ni a mí ni a nadie.

 

Que tengo miedo, ¡maldita sea!,

miedo de abrirme yo

y recordar las heridas de Pandora.

El rapero Al2 El Aldeano actuará en el Festival Soplo de Letras

Cultura / Ocio
El concierto del músico cubano tendrá lugar el viernes 5 de abril. Foto: PULL

El casco urbano de El Sauzal, municipio comprometido con la cultura, acogerá la segunda edición del Festival Soplo de Letras los próximos días 4, 5, 6 y 7 de abril. El teatro, la música en directo, diferentes talleres informativos, mercadillos y el cine serán los protagonistas de una fiesta que girará en torno a la palabra y que busca la participación activa del público, acercando la literatura a los asistentes desde distintos enfoques. El evento está organizado por la asociación cultural Uve de Vida.

Tras la grabación que tuvo lugar el pasado domingo 31, en el Teatro de El Sauzal, de un nuevo episodio de Jirafas, el podcast dirigido por David Sáinz acompañado por Aarón Gómez y Víctor Hubara, el “huracán de las letras” de este año dio comienzo y empezó a notarse. El programa de todo el festival puede consultarse en la web de la organización. Todas las actividades propuestas serán llevadas a cabo por una multitud de creadores locales.

Flow cubano de la mano de Al2 El Aldeano


Uno de los platos fuertes de esta nueva edición es el concierto de Al2 El Aldeano, icono del rap cubano que, tras estar años sin pisar Europa, regresará para actuar este viernes 5 en el municipio tinerfeño, a partir de las 21.00 horas. Estará acompañado por los raperos Gustavo El Ponso y El Extranjero. Las entradas tienen un coste de 15 euros y pueden adquirirse en la web de Tomaticket. Esa misma tarde, a partir de las 19.00 horas, se celebrará Breaking Back, un concurso de break dance seguido de la proyección de graffitis elaborados dentro del proyecto lagunero Muros Libres.

Posteriormente el sábado día 6, con el objetivo de dar a conocer el talento naciente en Canarias, se celebrará el Concurso de Creadores Musicales donde pasarán por el escenario distintos grupos, compositores y cantautores que están empezando a consolidar su trayectoria profesional. Los amantes del teatro también tendrán su lugar en el Festival, ya que durante los cuatro días habrá representaciones de todo tipo, llevadas al escenario por las compañías Teatroscopia y Títeres Tragaluz, por el Cuadro Escénico Ángel Guimerá y por el cuentacuentos Héctor Ruiz.

La asociación Uve de Vida nació en Tenerife y se define como un “colectivo artístico multidisciplinar” que abarca, entre otros, campos como la literatura, la fotografía, el periodismo, la ilustración y el arte urbano. A través de los talleres y eventos que organizan pretenden facilitar el aprendizaje y la participación de todo tipo de públicos.

Retornare

Literatura
Giré y volví, regresé. Foto: Deborah Barroso

 

Desde el origen hasta el presente,

pasando por el intermedio más incoherente,

subiendo y bajando escaleras inexistentes

y cayendo una vez, otra y hasta veinte.

 

Así mismo sería según aquella vidente,

así mismo ocurrió según esta viviente.

Y yo me mostraba reticente

y no me proclamaba creyente,

pero sucedió y se cumplió la predicción.

 

Caí, me levanté y, de nuevo, tropecé.

Me sangró la piel,

me curaron las heridas

y estas se volvieron a abrir.

 

Caí, me levanté y, de repente, tambaleé.

Me pregunté mil cosas que no se pueden responder

y en otras tantas ocasiones dudé.

Medité, mentí, amé, soñé.

 

Pensé en volver,

en girar, dar marcha atrás y regresar.

Y no, no fui capaz.

 

Con el tiempo hablé con la adivina.

Me dijo que mis decisiones ya no eran evidentes

y acabaría en algún lugar, a escondidas.

Esta vez se equivocó.

 

Giré y volví,

regresé,

retorné.

Geoffrey Cox, entre la literatura y la política en el Parlamento británico

Opinión
Geoffrey Cox en un mitin para el Partido Conservador en 2018. Foto: PULL

Es curioso cómo la política y la literatura se complementaban hace siglos, ya que los mismos escritores eran los que tomaban las decisiones sociales debido al bajo nivel de escolarización del pueblo, pero desde hace un tiempo se han ido separando casi inevitablemente. La literatura siempre será un acto político, en cambio, esta última, rara vez contendrá divinas palabras que nos ensueñen en la sinfonía de un discurso, algunos hasta dirían que dejaría de ser política entonces.

Estamos acostumbrados a que muchas sesiones parlamentarias comiencen y acaben con gritos, insultos y mucho sensacionalismo (o rufianismo, como queramos llamarlo) que nos hacen dudar de la educación de nuestros máximos representantes. Hace mucho que dejamos atrás a personajes aunque fueran vagamente instruidos y cultos (en su mayoría he de aclarar) para encontrarnos con nuestro putrefacto estado político actual, en el que la vulgaridad es la dueña de la mayoría de discursos. El problema como en casi la mayoría de situaciones es la apelación a las emociones que estamos viviendo en la actualidad, lo que ha llevado a políticos  -alejándonos del contenido ideológico de sus palabras- a hablar literalmente de basura.

El equilibrio perfecto


En la antigua Grecia se crearon las bases de la retórica, es decir, el arte de persuadir al público con palabras. También se fundamentaron dos conceptos muy relevantes: pathos y logos, cada uno con una función que interviene en el discurso. El primero son los sentimientos y el segundo la lógica. Para hacer un buen texto hay que cumplimentar ambos, pero, en la actualidad, el pathos reina y se habla de insinuaciones, bulos y exageraciones.

Tal vez es un poco arriesgado insinuar que la literatura puede cambiar el triste panorama que nos lleva dictando el congreso y los mítines y, aún más, en este período de elecciones en el que la lucha por el poder está servida. Los británicos tienen que enfrentarse al complejo problema sobre la frontera irlandesa que parecía no tener una solución concreta o al menos nadie que pudiera plantear algo parecido.

Finalmente, para atisbar un remedio al conflicto, no apareció ningún economista o político al uso sino un poeta frustrado, que con su voz de barítono ya se comenta que puede ser el salvador de un Brexit con acuerdo. Geoffrey Cox, un prestigioso abogado es la nueva aparición del Parlamento británico que ha asombrado a todos por su cultura, modales y presencia. Es posible que la literatura no sea el elixir único para una política mejor, pero sí es una fuerte herramienta que mueve mentes y, por tanto, sociedades y un poco de ella no vendría mal para algunos de nuestros congresistas (y para esto no hace falta máster, recuerdo).

Oda a los sin patria

Literatura
En muchas ocasiones las banderas se convierten en herramientas de guerra. Foto: PULL.

Que de ninguna parte y de todas

Que patria es palabra inconclusa

Que el viento no ondea tu corazón

Que soldados en busca de libertad,

pero libertad es estrella en la noche.

 

Que los labios no son para cantar himnos

que himno es la sinfonía del mar,

y  que labios besan palabras de amor.

 

Que casa es gente,

no país

Que patria es;

Palabras,

Cadenas,

Política,

Armas.

A todo cuerdo le llega su botín

Literatura

Reloj de aguja en la mesa
Tic tac, tic tac, marca la hora de cada promesa
Incumplida o no, me alimenta
Me nutre de desazón, tristeza o una esperada sorpresa

El tiempo no cesa
Pasan los segundos, minutos, horas, días y meses
Diseñado para el dolor, pero nada me estremece

Famélico en un mar de dudas
De proa a popa sin rumbo
Un bicho raro entre tantas barracudas

Siembro preguntas
¿Un último aliento o intento seguir el latir del viento?
Al final, las promesas no siempre las cata el hombre hambriento

Ya en firme con los pies en la tierra
Calculo el peaje de dejar huella
Demasiado caro para una nueva cicatriz Demasiado barato para hacerme mella

Me cuesta pensar que todo llega
Que los deseos emanan de estrellas
Y que quien espera no desespera

No sé si es cuestión de paciencia
No sé si es cuestión de justicia
O si es que no ha llegado el momento de destapar el tarro de las esencias

Pero, llámenme iluso, me gusta creer
Creer en mí
En que a todo cuerdo le llega su botín

Año nuevo, libros nuevos

Literatura
Con el nuevo año, nuevas obras llegan a las librerías. Foto: PULL

Este año ha llegado cargado de novedades en el mundo de la literatura, por lo que no podemos pasar por alto siete libros publicados este mes, cada uno de un género diferente: novela contemporánea, negra, romántica, juvenil, histórica, además de un poemario y una propuesta para los amantes de la ciencia. En primer lugar, encontramos La muerte del comendador (Tusquets), el desenlace de la anterior novela homónima escrita por el autor japonés Haruki Murakami. El protagonista ya ha aprendido a convivir con los extraños sucesos que le envuelven desde que se instaló en la casa en las montañas y ha empezado a pintar a una joven, Marie Akikawa, que de la noche a la mañana desaparece misteriosamente. Por ello, se embarcará en su búsqueda.

En el terreno de la novela negra, Carlos Zanón trae Problemas de identidad (Planeta), una nueva aventura del icónico detective Carvalho, quien se encuentra en uno de los momentos más inciertos de su vida: deambulando entre Barcelona y Madrid con su salud atravesando baches. En esta ocasión, deberá resolver el misterio sobre la desaparición de una prostituta y ayudar a una vieja amiga con la incógnita de un sangriento crimen familiar.

¿Cambiará la vida moderna nuestra esencia?


En el campo de la ciencia, los neurocientíficos Facundo Manes y Mateo Niro unen de nuevo sus fuerzas y presentan El cerebro del futuro (Planeta), una obra en la que analizan los aspectos más relevantes que tendremos que afrontar de cara a un mañana que ya está entre nosotros. De este modo, analizan la relación entre cerebro y tecnología para responder a una cuestión central: ¿cambiará la vida moderna nuestra esencia?

Para los más líricos, María Lorente trae Es magia lo que ves (Espasa), un poemario que hace al lector transitar por temas como la soledad, los límites de la existencia y la luz que desprende la vida. A través de estas casi 170 páginas, la autora reflexiona sobre “lo que se esconde detrás. Detrás de lo que no existe y constantemente nos reclama”.

En el ámbito romántico encontramos una bifurcación de opciones: Para Helga (Lumen), una novela con tintes eróticos. Escrita por Bergsbeveinn Birgisson nos presenta a Bjarni, quien escribe su respuesta tardía a la carta de Helga, la mujer por la que sintió un amor imposible, ilícito y apasionado que lo llevó a plantearse incluso dejar a su esposa, su granja y su ciudad. De la misma forma, Forever You (Destino) es la cuarta entrega de la serie juvenil You de Estelle Maskane, donde se recoge la perspectiva de Tyler, su personaje principal. En este nuevo libro, el lector puede conocer no solo la historia presentada en las entregas anteriores desde la visión del chico, sino también sus secretos más profundos.

Finalmente, la novela histórica también tiene su lugar. Bajo un cielo escarlata (SUMA) es una obra bélica y amorosa a partes iguales escrita por Mark T. Sullivan quien presenta a Pino, un adolescente italiano que, tras perder su casa familiar por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, se une a una red clandestina que ayuda a los judíos a escapar y se enamora la misteriosa Anna. Tras esto, sus padres lo obligan a alistarse en el ejército alemán para protegerlo, hecho que le da la oportunidad de espiar para los aliados dentro del Alto Mando alemán.

Pecado capital

Literatura
Un ave diminuta pero hogareña que me invitaba a pecar... a abrir las alas como antaño. Foto: PULL

En el turbio y espeso manto de mi alma se posó un dulce pajarillo. Un ave diminuta pero hogareña que me invitaba a pecar.

Sobrevolando cada noche mi tejado, me anunciaba la llegada de la madrugada.

En su canto, una oscuridad tentadora se apreciaba. No sabía si era la muerte o el nacimiento de un ignoto verso de mi yema magullada.

El ave no era rapaz, sino doméstica. Y es que ya era costumbre su visita a la misma hora y minuto.

Cada luna llena, se perpetuaba más su canto en mi oído. Tanto que despertaba tarareando su melodía pegadiza.

Quizás todo era producto de mi imaginación o, quizás, una invitación a desplegar de nuevo mis alas.

Alexis Ravelo vuelve a la novela negra con la quinta de Eladio Monroy

Literatura
'El peor de los tiempos' es la última novela del escritor grancanario Alexis Ravelo. Foto:PULL.

El peor de los tiempos, del autor grancanario Alexis Ravelo, cautiva desde su la presentación en la solapa de la portada. En su auto descripción ya da unas notas que hacen que podamos apreciar que se trata de un escritor diferente. Pero no inusual desde el punto de vista de estar alejado de la realidad, del mundo actual, sino desde la perspectiva de la autoconfianza que demuestra en saber lo que quiere y a dónde quiere llegar. Es presentada, en su formato papel, en tapas blandas con solapa en la portada y en la contraportada.

Cuenta con una dedicatoria hacia alguien quien “no pudo despedirse como merecía” y, a modo de advertencia, especifica que aunque su temática es ficción, con un gran grado de verosimilitud, se puede llegar a pensar que la historia es verídica.  Sin embargo, nos deja claro corresponde a la ficción separándose de todo tipo de responsabilidad al respecto. Esta preocupación tan severa quizás nos puede llevar a pensar justo lo contrario de lo que pretende. La contraportada es dedicada a ubicar al lector en cuanto a la serie de novelas que están dedicadas a Eladio Monroy, el personaje principal. Lo define como un experto en meterse en líos relacionados siempre con el género de novela negra, donde se suscriben historias que relacionan aspectos sociales y políticos con la actuación policial. Nos encontramos con un libro narrado en prosa y que el autor ha dividido en cinco partes.

Una joven desaparecida acompañada de una angustiosa búsqueda


En cuanto a su redacción apreciamos un lenguaje preciso, denotativo, rico y variado. Sus estructuras gramaticales permiten al lector adentrarse para conocer y reconocer los lugares donde se encuentra desarrollándose la acción. Los personajes se van presentando uno a uno sin que ello nos lleve a perdernos en la trama, pues la aparición de los protagonistas no es extensa. Al mismo tiempo, la cercanía de los aspectos sociales que entran en juego son los propios de una sociedad canaria que pudiera perfectamente atribuirse a cualquiera familia.

En un principio la novela se ubica geográficamente en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad natal del protagonista. Asimismo, presenta otro de los puntos que van a estar presentes en la historia aunque de forma indirecta, la isla de Fuerteventura. Justamente, el lugar de procedencia del motivo que hace que la narrativa se desarrolle, pues la misma se basa en la búsqueda de una desaparecida Elvira.

El protagonista invita al lector a adentrarse en la trama


Eladio Monroy es una persona jubilada y se muestra como un hombre rudo que en alguna ocasión realizó trabajos como si de un detective se tratara, aunque nunca fue esta su actividad laboral principal. Este conocimiento del mundillo policiaco hace que disponga de amistades en el cuerpo de policía, si bien sólo utiliza este recurso en los momentos justos y necesarios. Se presenta como un perfecto conocedor de las artimañas pero, al mismo tiempo, se muestra tradicional en sus formas de proceder, incluso alejado de las tecnologías.

Mientras se van esbozando todas y cada una de las tramas, uno no deja de estar pensando como va a resolverse el desenlace, si la desaparecida aparecerá viva o muerta, si estará en un sitio o bien en otro. Necesariamente, el personaje de Eladio como detective es casi como si buscara en el lector un aliado para salvar la cantidad de trabas que aparecen por el camino. Se va resolviendo, eso sí, con la presencia de la violencia, si llega el caso, con tal de que su camino no quede interrumpido y, de esta forma,  resolver el problema que su allegado le planteó desde un principio para encontrar a su hija, Elvira.

Ficha técnica:

Autor Alexis Ravelo
Novela El peor de los tiempos
Editorial Alrevés S.L.
Año 2017
Páginas 358
Precio aproximado 20 € papel; 8 € digital

La última guardia nocturna

Literatura
Playa El Bollullo, Tenerife. Foto: Alexis Rodríguez González

Siempre se quedaba la puerta entreabierta, hasta aquella noche, donde la cerró de un violento portazo. Cada vez que andaba por aquel pasillo me frenaba ante ella, aquella puerta parecía aguardar una habitación cuyo aspecto debía ser inimaginable. Así creía que debían ser los enigmas, ajenos a lo mundano, apartados de las más perversas e idealistas fantasías humanas. No podía ser que abriera esa puerta y encontrara una habitación semejante a la mía o a todas aquellas que había visitado antes. Era inaceptable aquella idea. Los visualizaba como territorios perdidos en lo cotidiano y por lo tanto me provocaban intensamente. El hecho de pasar cada noche, de lunes a viernes, por aquella puerta entreabierta y escuchar las melodías de piano que se colaban por la rendija me paralizaban. Diría que la música ataba mis piernas, giraba mi rostro y dirigía mi mirada hacia el picaporte. Era tan sencillo sujetarlo y deslizar sin apenas fuerza la puerta hasta quedar la habitación al descubierto. Pero era incapaz, prefería alimentar mis fantasías. Qué iluso era, derribar aquel enigma costaba la fuerza de un meñique. Y yo seguía mirando aquella puerta. Su mirilla, su madera roída y carcomida y su inútil picaporte.

Aquella noche, una noche más de guardia nocturna, y por lo tanto el pasillo estaba a oscuras, tenuemente iluminado por débiles bombillas de bajo consumo. Podía sentir el zumbido de insectos alados dándose estúpidos golpes contra la luz. Mariposas de luto y mosquitos sedientos aguijoneando mis oídos con sus estridentes zumbidos. Una mariposa de luto se posó sobre mi hombro. Pensé en propiciarle un golpe. No lo hice. La miré e ingenuamente acerqué mi rostro hacia ella para observarla más de cerca. Sus diminutos ojos y antenas apuntaban hacia la puerta, parecía que compartíamos anhelo. Pude presentir una cierta simpatía y piedad por parte de aquel insecto. Hasta el punto que decidí agradecerle su compañía con una caricia de mi dedo que recorrió la mitad de su cuerpo. Menos mal que nadie miraba.

El roce de mi dedo en sus alas  fue más cuidadoso, más distante, pero más vívido. Sabía lo que acariciaba. Al instante de palparla partió de mi chaqueta, vi como correteaba por el pasillo hasta perderla de vista. La imaginé plantándose frente a todas las puertas de la ciudad. Esperando la abertura de una habitación a oscuras con una luz en la que poder danzar hasta destrozar y dejar caer su vestido de luto en la insondable y muda oscuridad de la noche.

Mierda, olvidé decir que la puerta estaba cerrada, me resultó un imprevisto. No sonaba el piano. Me senté en una de las sillas frente a ella y pensé en su interior, más bien esperé ingenuamente a que se abriera. De repente, sin intención, vinieron imágenes de ella a mi mente. No esperaba verla, pero ahí me pensaba. Su piano y ella. Sus alargados y nerviosos dedos jugueteando entre las teclas, su mirada reflexiva y  atenta, su pelo suelto y rubio colándose por sus labios -cómo detestaba el pelo en la lengua-. Ojalá ella tras la puerta. Era indudable que la echaba de menos, me pregunto dónde estaría, en qué trabajaría, que haría en su tiempo libre, qué es lo que más desea…, y todas las preguntas imaginables.

Me acuerdo de aquellos años de colegio. Recuerdo que ella siempre fue adorada por todo el profesorado, era una alumna empecinada en lograr ser una pulcra y perfecta estudiante. No defraudó nunca a sus jueces. Ellos le sonreían y ella levantaba mínimamente la comisura derecha de su labio mientras sus ojos oblicuos caían hasta rozar la tierra. No sabía sonreír. Ojalá ella tras la puerta. Desde su último concierto de piano no supe más de ella. Tocaba las últimas notas de Gnossiene n.1 de Erik Satie, sus dientes asomaban entre sus carnosos labios, lograba sonreír mientras mantenía apretados los párpados en dirección a la música. Siempre adquiría un semblante risueño y desinteresado junto a su piano. Al finalizar el concierto en honor a Erik Satie  se levantó, se alejó del piano, lo miró de reojo e hizo ademán de gratitud hacia el público mientras sus ojos caían hasta quedar enterrados entre el ruidoso aplauso del teatro. Entre este tumulto de ovaciones la miraba. Este es mi último recuerdo de Marta. Fue mi primer amor, mi primer amor romántico, mi capricho de juventud. Cada vez que sonaba un piano o imaginaba melodías de piano se invocaba ese romance pueril.

Aquella noche, rompiendo con la costumbre, no sonaba el piano y la puerta estaba cerrada. Miré la hora en mi nuevo reloj de pulsera (regalo navideño de la empresa) y supuse que había pasado demasiado tiempo frente a la cerradura sin lograr abrir, ni hacer nada. Debía trabajar, al menos hacer el paripé dando un par de vueltillas. Distintas mariposas habían revoloteado en torno a la bombilla. Escuché el devenir de las manecillas a la vez que me acariciaba la barbilla y miraba la puerta. Me levanté y seguí con la guardia. Encendía la linterna para no tener que forzar la vista. Recorrí  toda la academia. El silencio que gobernaba en pasillos y aulas me resultaba solemne y pensé en el ruido que al amanecer inundaría cada ínfimo rincón de la academia. Iluminé un aula donde se ensayaba desde el inicio de curso el Lago de Los cisnes. Escuché los saltos de las bailarinas, las zapatillas de ballet cayendo en punta sobre el parqué, los dictámenes del profesorado, los carros de la limpieza recorriendo los pasillos, las fregonas escurriéndose en los cubos, risas jóvenes al salir de las aulas y la melodía del piano. El piano, la brisa que respirábamos amantes y no amantes del ballet en aquella academia.

Iluminé con la linterna las finas y alargadas barras de madera donde entrenaban bailarines y bailarinas. Después apunté al piano. Las teclas encerradas por aquella tapa voluminosa, quisquillosamente impoluta, dormían y también dormía la pianista que acude por las noches a mi puerta. Tenía que ser mujer, tenía que ser Marta. Aquella noche, más que cualquier otra noche, sentía una inmensa avidez por la música. Probablemente desde que evoqué el recuerdo de ella. Hubiera deseado escuchar Gnossiene n.1. Empezaba a darme cuenta de lo llevaderas y entretenidas que eran mis noches bajo la envoltura del piano y la incertidumbre acerca de qué albergaba en aquella habitación.

Estaba inquieto. Nunca he visto entrar, ni salir a nadie. O estaba cerrada o estaba entreabierta, colando la voz de aquellas teclas. Durante el día solía permanecer cerrada bajo llave. Era en la noche cuando alguien entraba en la academia, abría aquella habitación, dejaba la puerta levemente abierta y se sentaba a tocar el piano. Debía de ser alguien perteneciente a la Academia; profesorado, dirección, mantenimiento o seguridad. Las únicas personas que tendrían acceso a un aula. Sería lo lógico. Dudo que un estudiante robe unas llaves y se cuele a mitad de la noche para venir a deleitarme con sus dotes de pianista. Es más, esa música no es de juventud, son lágrimas.

Dejé de apuntar con mi linterna al piano y la apagué. Seguí andando ciegamente por aquellos pasillos acompañado de un débil resplandor. Subiendo y bajando las escaleras, recorriendo los 4 pisos que componían el recinto. Me costaba ver con claridad, tenía que fruncir el ceño y achinar los ojos ante cualquier movimiento sospechoso. Pero nada acontecía en aquella quietud. Todo inmóvil, exactamente en el mismo estado que el segundo anterior. Me esforzaba en hallar el más ínfimo y leve movimiento, ruido, olor… Nada sucedía más allá de mi imaginación.

Eran las cinco de la mañana, el sueño pesaba sobre mis párpados. Ya había recorrido 4 veces toda la academia sin descanso y opté por sentarme en una silla de la cuarta planta. Me dejé caer sobre ella, esperando ser sujetado con firmeza y afecto. Pero solo recibí una punzada en la espalda al entrar en contacto con la madera. Tenía tanto sueño que olvidaba que la silla tiene firmeza, pero no afecto. Me masajeé la parte baja de la espalda. Dediqué unos segundos a mis cuidados, me sentí aliviado. Me acomodé en el asiento y saqué el periódico del día anterior. Ojeaba las páginas, ciñéndome a los titulares. “España casi duplicó la venta de armas a Arabia Saudí el año que estalló la guerra de Yemen”,  “El Gobierno expulsa a los 116 inmigrantes que asaltaron ayer la valla de Ceuta”, “Estados Unidos vive una crisis de consumo de drogas”, “Siria: una oleada de ataques del EI causa más de 180 muertos en el sur”…

Cerré el periódico. Me quedé inerte mirando al techo. El viento golpeaba en las ventanas, quería entrar en la academia pero no podía. Ventiscas impotentes y enfurruñadas zarandeaban las cristaleras. Se notaba que era invierno, las gélidas, grisáceas y espesas nubes cubrían toda la ciudad. No llovía. Era un invierno árido, seco, desértico. Solo goteaba el agua de las descuidadas cañerías.

Mis párpados se iban debilitando al compás del reloj. Mi cabeza daba cabezadas y yo abría patéticamente mis ojos. Las corrientes de aire golpeaban de forma insolente y embrutecida las cristaleras. Las ventanas temblaban. Por un instante me imaginé ocupando la primera página de algún periódico nacional. “Guardia nocturno sobrevive al derrumbamiento de la Academia Svetlana”, así sería el titular y debajo aparecería una de las muchas entrevistas que ofrecería a la sedienta prensa. Quizás con una hazaña de tal calibre llamaría la atención de Marta. Seguramente contactaría con los medios o rebuscaría en las polvorientas Páginas Blancas para dar conmigo. Estoy seguro de que despertaría su interés si saliera en portada. Concretaríamos una tarde para tomar un café en el bar de siempre y sin darnos cuenta retomaríamos lo interrumpido. Conversaríamos fluidamente durante un día completo y quizás a la noche me concedería el permiso de pisar su casa. Y quizás el placer de escuchar la mejora en la agilidad y técnica con la que acaricia su piano. Y podré verla sonreír sin necesidad de cerrar los ojos, mientras ella cierra sus ojos.

Un ruidoso y violento estrépito me sobresaltó. Parecía un portazo, ojalá haya regresado. Ojalá una furiosa tempestad derrumbe la academia.

«La profesión de narrador engancha»

Literatura
Nelson Calderón en el interior del Antiguo Convento de San Sebastián. Foto: Estefanía Martín.

Nueve años después de su última visita, el Festival Internacional del Cuento de Los Silos, en su XXIII edición, volvió a acoger al orador Nelson Calderón. “Me resulta placentero contar historias y me gusta ver lo que genera en las personas. Es muy bonito lo que tú das y lo que recibes”, exclamó con una sonrisa el narrador colombiano. Su país natal le sirvió como nutriente para sus cuentos pero fue en nuestro país, donde logró consagrarse como artista. Fue en el año 2005 cuando decidió terminar con su profesión de arquitecto para dedicarse por completo al mundo de la oratoria: «Continuar con mi trabajo era lo más seguro pero los cuentos lo cogen a uno de la solapa de la camisa y te atrapan», afirmó.

Nelson Calderón es una persona observadora e inquieta, puesto que a su alrededor siempre encuentra la inspiración que luego refleja en las historias donde sus raíces colombianas adquieren vida propia. “Soy diurno, necesito escribir por la mañana temprano, atender llamadas, escribir e-mails, pagar facturas…», expone el narrador. Aunque es la cara desconocida de su trabajo, como cualquier autónomo, Calderón ha de hacer frente al mundo real alejado de sus cuentos.

Una agenda siempre lo acompaña para plasmar sus fugaces ideas: «Yo todo el tiempo veo cosas y las escribo para que no se me olviden”, reconoce . Su capacidad de sorpresa sigue intacta a pesar de los años, y es una habilidad que comparte con los niños a los que dedica sus cuentos. El colombiano persigue el hecho de potenciar y abrir la imaginación tanto a los más pequeños como a los adultos: «Los cuentos te invitan a conocer otras culturas y fomentan la educación».

En la actualidad existe una corriente por la que se intentan modificar algunos cuentos tradicionales por contener enseñanzas machistas. El orador se mantiene imparcial a la hora de narrarlos, puesto que la modificación del cuento podría transmitir un mensaje diferente al que el tiempo nos ha dejado. “Un cuento te puede cambiar la vida” y las páginas se la cambiaron a Nelson desde que era pequeño en Colombia  al descubrió la mejor manera de compartir: contando historias que nos hagan sentir.

Un trabajo del que nadie se jubila


Desde muy joven, Nelson Calderón escribe historias pero es ahora cuando por primera vez decide publicar una novela. Esta transición según el escritor es como un bilingüismo:» La tuve que escribir cuatro veces porque los capítulos me quedaban como cuentos”. La novela, con tintes autobiográficos se basa en su barrio de Colombia en los años ochenta, cuando el narcotráfico se coló en las vidas de los habitantes. Él vio cómo el mundo de la droga transformó un barrio apacible en un infierno, donde un amigo pasa a ser un asesino a sueldo.

En definitiva, «en el mundo de las letras se sabe cuando se entra pero no cuando se sale». Por ello, Calderón afirma que es un trabajo del que «nadie sabe cuándo se jubila», concluye.

♦ Colaboradoras: María Gamero y Estefanía Martín

Credo

Literatura
Playa de Las Canteras. Foto: Jorge Martín Reyes

Tengo céntimos en la cartera,

frío perpetuado en los huesos,

agujeros en los bolsillos,

y un amor por coser.

 

Tengo miel en los labios,

cicatrices invisibles,

la cara llena de granos,

y una vida que perder.

 

Tengo miedo en la mochila,

un corazón vagabundo,

segundos que duran un mundo,

y un camino que emprender.

 

Tengo terror en las mejillas,

sangre en mis huellas,

deseo en las entrañas,

y mil pétalos que romper.

 

Tengo oscuridad en mis bombillas,

lágrimas en las pestañas,

mapas en mis laberintos,

pero siempre algo en lo que creer.

Autoras contra la violencia de género

Literatura
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    Rupi Kaur
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    Mercedes Pinto
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    Virginie Despentes
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    Isabel Allende
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    Concha Méndez

La violencia de género sigue maltratando a las mujeres de todo el Mundo. Los informativos repiten la misma canción fúnebre una semana sí y otra también, pero no son los únicos testigos de este suceso. Las hojas de los libros se manchan de historias de chicas y es hora de aprender de sus palabras. En lo que va de año, 44 han sido las asesinadas en España. Por ello, hoy domingo, con motivo del Día Internacional contra esta lacra social, recordamos a cinco escritoras que, con la literatura como medio de expresión, han representado esta problemática.

Rupi Kaur (1992 – Actualidad)


Nacida en Panyab, India, emigró a Canadá junto a sus padres a los cuatro años. Su madre siempre insistió en que dibujara, sobre todo en los primeros años cuando no sabía comunicarse en inglés con el resto de niños. Estudió Retórica y Escritura en la Universidad de Waterloo. De esta manera, Kaur se abrió un hueco en el mundo de la literatura con poemas sencillos acompañados de dibujos minimalistas que fluyen con los versos para crear un conjunto de sentimientos y sensaciones en el lector.

Sus poemarios están llenos de una pasión que se muestra en los temas principales de su obra: el amor, la ruptura, la feminidad y el abuso. La lectura pasa a ser una conversación escritora-público que crea el ambiente perfecto para que las palabras sacudan a cualquiera de un sentir a otro tan fuerte como una tormenta.

“No sé si mi madre está

asustada o enamorada

de mi padre,

todo me parece lo mismo”.

(Kaur, 2015, página 44)

Mercedes Pinto (1883 – 1976)


Las palizas eran algo habitual en el matrimonio de esta tinerfeña casada con el abogado Juan de Foronda. Después de años aguantando, pudo internar a su esposo en un hospital psiquiátrico donde le diagnosticaron paranoia. De estos tiempos de sufrimiento nació la novela Él, que retrata la vida de una mujer maltratada.

Su nombre comenzó a ser conocido cuando dio una charla en la Universidad Central de Madrid titulada El divorcio como medida higiénica. Después de este evento el dictador Primo de Rivera la expulsó del País. Marchó entonces a Uruguay y visitó numerosos estados latinoamericanos en los que dejó siempre su huella trabajando como pedagoga, oradora, literata, periodista…

Murió en México y en su tumba hay unos versos que le dedicó Pablo Neruda. Uno de ellos llama especialmente la atención: «Urgentemente viva». Y es que, a pesar de todo lo que vivió Pinto, siempre mantuvo las ganas de vivir, de trabajar y de luchar por sus ideales.

Virginie Despentes (1969 – Actualidad)


Despentes fue violada y ejerció como prostituta. Estos dos temas son los pilares de su obra Teoría de King Kong. En ella explica que la prostitución y la maternidad subrogada no tienen por qué ser represivas para la mujer, lo que le trajo muchas críticas por parte de grupos feministas.

Esta escritora, con su estilo punk y desenfadado, es una de las mayores críticas de la sociedad patriarcal actual, convirtiéndose en una referencia para el movimiento feminista.

Isabel Allende (1942 – Actualidad)


Isabel Allende quedó conmocionada tras la muerte de su hija Paula y, para honrar su nombre, creó la fundación Isabel Allende. Esta organización busca el empoderamiento de mujeres y niñas para garantizar los derechos reproductivos, la independencia económica y la protección contra la violencia.

En su novela más aclamada, La casa de los espíritus, la escritora chilena nos enseña las normas familiares basadas en los roles de género típicos. El tiempo pasa y comprobamos las diferencias generacionales en las vidas de las protagonistas desde la abuela hasta la nieta. Aunque todas tienen algo en común: rompen con los cánones establecidos para luchar por sus intereses y no se preocupan por los prejuicios del resto de personas.

Concha Méndez (1898 –  1986)


Pertenece a las Sinsombrero, artistas españolas de la Generación del 27 que, a pesar de la suerte que corrieron sus compañeros, fueron olvidadas. En específico, Concha Méndez escribió poesía y teatro, además de trabajar como editora. Los temas más recurrentes en su obra son la naturaleza, los sentimientos y el dolor por la muerte de su primer hijo que no llegó a nacer.

Méndez siempre supo que la mujer servía para algo más que para las tareas del hogar. Así lo expresaba en una anécdota, cuando se acordaba de un amigo de su padre que había visitado su casa y le había preguntado inocentemente a sus hermanos: “¿Qué quieres ser de mayor?”. A ella, que no le había preguntado, se adelantó y respondió “yo voy a ser capitana de barco”, pero el hombre la miró y le dijo: “Las niñas no son nada”.

Ella sí que fue algo, fue aventurera: siendo muy joven se fue sola a Argentina cuando en esos momentos era impensable. Fue editora, escritora y, sobre todo, vivió libremente, como siempre deseó.

Metáfora

Literatura
Por la noche, los pensamientos se desatan y vuelan. Foto: Deborah Barroso

 

Un suspiro que se escapa,

una mirada que se pierde,

un corazón que se lamenta.

 

Una puerta que se cierra,

una ventana que no se abre

y se esconde, se mantiene secreta.

 

Un pedazo de infierno en el suelo,

fuego que quema una, dos y cinco veces;

llamaradas de inconsciencia que suben

y crecen, pero no se adormecen.

 

No es una metáfora,

por desgracia no lo es.

 

Un laberinto sin sentido,

sin principio ni final,

sin razón de ser ni de permanecer,

mas ahí sigue y ahí seguirá.

 

Una interrogación constante

que se mantiene despierta incluso de noche;

una respuesta que duele

y vive, siempre vive en las cicatrices del alma.

 

Ahora duele incluso respirar,

escuecen los secretos y los tormentos;

es momento de que reine el silencio

y no, no es una metáfora.

Inspira, expira

Literatura
La inspiración no tiene horarios ni calendarios, pero cuando llega aporrea la puerta. Foto: Jorge Martín Reyes

 

Has vuelto.

Sí, has vuelto envuelta de colores inefables.

Dejando ventanas y puertas abiertas,

a contracorriente, insaciable.

Has vuelto en forma de domingo,

maquillada de insomnio y vestida de madrugada.

El reloj marca las 6,

pero si no fuera por ella otro gallo cantaría.

Saluda cálida tras el fulgor de un viento

huracanado que golpea mi ventana.

Sabe que se ha hecho derrogar…

En plena fiesta pagana ha vuelto al hogar.

Lágrimas

Literatura
Las calles se inundan de tristezas eternas. Foto: Deborah Barroso

 

Llora, el cielo llora y se estremece

inundando de tristeza las calles,

las plazas y los albergues.

Llega para quedarse, no tiene prisa;

maldita sea, de nuevo llueve.

 

Corazones de hielo renacen

y al mismo tiempo mueren:

con el frío y los lamentos

no sobreviven ni los que quieren.

 

Por eso el gran rey azul sigue llorando,

rompiendo cada pedazo de sí,

rociando con agua color carmesí

aquellos lugares recónditos

que están enamorados del frenesí.

 

El ambiente se baña de nostalgia,

caen lágrimas por mejillas sonrosadas,

resuenan las gotas en los cristales de las casas

y llora, el cielo sigue llorando.

 

No encuentra motivos para abstenerse

y susurrarnos que lo que viene,

siempre,

será mejor de lo que es.

 

Ahora nadie comprende los dichosos porqués,

no se entiende que las personas de siempre

se vayan y vengan sin avisar,

sin preguntar siquiera si esas despedidas importarán.

Y claro, claro que dolerán.

 

Pero, cielo, querido cielo, no llores más.

Crepúsculo de verano

Literatura
"A veces, por no decir siempre, solo hace falta observar". Foto: Álvaro Tortú

 

El viento desnuda las olas. La orilla se convierte en un astillero

de espuma.

Las gaviotas no tienen arena por la que buscar espigas.

El muelle es transparente y taciturno.

Las barcas soltaron amarre a las nubes.

Todo desaparece y aparece,

como el viento que vive enredándose en tu pelo

e inflando tu camisa roja…

 

El temporal envuelve un suculento ocaso sobre

nuestras cabezas,

que permite amarnos reluciente y tendido,

sobre la raya solar.

 

Tu piel es por ejemplo, un cardumen de besos

que parte desde mi boca.

Tu piel de estaciones, tu piel de esta hora tardía

que sobrevuelan pájaros…

Por tu vientre emigran hasta el norte,

hasta las casas frías y sin humo, en aquella parte

tuya por recorrer…

 

Ah, déjame recordarte que el verano es nuestro…

Mimos y letras

Literatura

Queríamos romper las barreras del sonido

y dejar atrás el récord de la velocidad de la luz;

queríamos improvisar con los ojos abiertos

para tener las manos entre folios de color.

 

Pasaron los meses, los años, y nada cambió,

hasta que un buen día la vida nos sonrió.

 

Encontramos la llave perfecta para abrir la puerta

que nos daría pie a vivir una imaginación en la Tierra.

Parecía mentira, ¡y tanto que lo parecía!

Mas, contra todo pronóstico, sucedió:

un sueño se convirtió en realidad.

 

Tal día como hoy,

a esta precisa hora,

una fantasía se cumplió.

 

Ahora es el momento de cuidar lo que tenemos

como si fuera una planta, un verde brote,

aunque, en vez de mimarla con agua,

lo haremos con letras y palabras,

con amor y constancia.

“Cada poema que escribo es un escalón, y la escalera es eterna”

Cultura / Ocio

Aida González Rossi es escritora de poesía y la ganadora del XX Premio Internacional Julio Cortázar de Relato Breve, otorgado por los Premios Culturales de la Universidad de La Laguna. En esta misma institución estudió el grado de Periodismo. El pasado 19 de abril presentó su primer poemario, Deseo y la tierra, junto con la editorial Cartonera Island. Aida se define como su propia inspiración y anima a los jóvenes que se quieran dedicar a este mundo a trabajar y a leer por el mero disfrute de hacerlo.

¿Cómo descubriste tu pasión por la escritura? “Creo que, realmente, hay un punto en la vida en el que nos damos cuenta de que siempre nos ha gustado la literatura. Eso supone también averiguar que no es algo nuevo, sino que lleva ahí desde que somos pequeños. Aunque haya descubierto mi pasión en ese momento, siempre ha habido rasgos que me han llevado saberlo. Conozco a mucha gente que le gusta escribir, que tiene ese gusto, tanto en crear como en leer. Son los típicos chicos que pueden pegarse horas haciendo historias diferentes con las muñecas. Asimismo, hay gente que no escribe y tiene ese mismo pensamiento, los veo un poco como escritores o poetas en potencia».

¿Hubo alguien en tu vida que te iniciara en este mundo?  “Sí, una profesora de Historia que me marcó mucho. Yo había sentido durante todos los años de instituto que los docentes pasaban un poco por encima de mí. Como yo me aburría en clase y no daba el perfil de alumna modelo, no me prestaban mucha atención. Daban por hecho que, si no pasaba por cierta barrera, era porque no podía. Obviamente, yo hacía muchas cosas fuera de lo académico. Con esta mujer de repente sentí que, por primera vez, alguien veía eso y me dieron ganas de enseñarle lo que yo hacía, algo tremendamente importante para mí. En ese momento, lo que yo creaba era mucho sobre mi persona, lo ligaba muchísimo a lo que yo era. Recuerdo que ella fomentaba que escribiéramos, incluso creamos un blog para realizar artículos periodísticos. Creo que también por esta persona tomé la decisión de estudiar algo relacionado con la comunicación, me sentí muy acogida”.

Fuente: Facebook de Aida Glez. Rossi

«Si no hubiera pasado por la radio, no habría podido dar ese paso nunca»


¿Cómo te ayudó? “La profesora tenía un programa de radio, Recovecos, al que empecé a ir. Llegó un punto en el que me di cuenta de que podía juntar lo que a mí me gustaba, escribir, con lo que tenía que hacer para este medio de comunicación. Empecé a llevar cada semana una metáfora y, al parecer, a la gente le gustaban esas cosas raras que yo escribía. Gracias a esta mujer he sido capaz de mostrar mis textos sin miedo a lo que dirán, así como a poder aprender de ello. Si no hubiera pasado por la radio, no habría podido dar ese paso nunca”.

A la hora de crear, ¿cuál es tu mayor inspiración?  “Yo misma porque, en realidad, pienso que no existe. Cuando escribes, lo que estás poniendo en el papel es tu propia visión del mundo. Me refiero a la forma que tienes de expresar las cosas, de embellecerlas o esquematizarlas. No depende tanto de lo que describas en sí, sino de la manera que tienes de observarla. Siento que los poemas están dentro de una persona y hay que sacarlos poco a poco, pero no considero la inspiración como algo concreto. Sin embargo, si tuviera que nombrar algo que me inspire, nombraría a los libros, lo que he leído”.

La literatura tiene muchas ramas, ¿por qué la poesía? “Es complicado porque cuando empecé a escribir quise centrarme más en la narrativa. De hecho, escribo versos en prosa y, durante muchísimo tiempo, me costó etiquetarla como poesía. Hubo un tiempo en el que no tenía claro lo que escribía: pero empecé a leer, a documentarme, a tomar referencia y me di cuenta de que sí, de que escribía poesía”.

El arte de las palabras


¿Qué mensaje buscas transmitir? “Tampoco creo que la poesía debe reivindicar cosas necesariamente, pienso que un poema en sí es ya especial. Es una forma revolucionaria de colocarte ante el lado de las cosas bellas e inútiles en un mundo totalmente hostil y pragmático. Se trata de buscar una forma de vida mucho más profunda».

¿Y qué es lo que refleja? «Me han dicho mucho que mi poesía trata sobre género y no es eso, es que escribo desde esa perspectiva. Sí que pienso que hay que proclamar desde este género todos esos símbolos que están asociados a la feminidad y que se han ocultado durante mucho tiempo. Es súper importante hablar sobre cosas que nos han impuesto callar: la regla, el vello, los complejos… Pero no siento que mi poesía intencionadamente sea para reclamar eso. Más bien, es algo que va adherido a mi experiencia como mujer y, si tengo que destacar algo desde mis obras, es la libertad de poder escribir desde esa posición”.

Te acaban de dar el XX Premio Internacional Julio Cortázar de Relato Breve, ¿cómo fue la experiencia? «Flipante. Cuando entré a la ULL había estado viendo muchísimo el tema de estos premios. En segundo de carrera miré con una amiga las bases y pensamos en presentarnos, pero sentía que me quedaba muy grande, en el sentido en que me daba miedo. Cuando me vi en cuarto, pensé: ‘voy a acabar la universidad, que ha sido un periodo de crecimiento para mí, tengo que saltar esa barrera de miedo y presentarme’. No lo hice por ganar, yo estaba segura de que no iba a salir vencedora, lo hice por el símbolo de participar en ellos antes de acabar».

¿Qué pensaste en cuanto te comunicaron la noticia? «No me lo creía, cuando vi que mi cuento le había gustado al jurado, me di cuenta que la narrativa es una rama por la que también puedo ir. También es importante porque Cortázar ha sido una figura esencial para mí en estos años. Fue en segundo cuando empecé a leer sus trabajos, y me obsesioné con él. Fue bonito, me siento super orgullosa por representar un poco a mi generación y tener un premio con el nombre del escritor que más admiro».

«El mundo más allá del mundo»


¿Crees que Cortázar ha marcado un antes y un después en tu escritura? «No solo influyó en mí en un sentido literario, sino también en lo personal. Supongo que cuando escribes poesía, lo que influye en ti tiene mucho que ver con lo personal e intelectual. Lo que Cortázar me hizo descubrir fue el mundo más allá del mundo, uno en el que yo creía, pero al que no le había dado forma. Creemos, pensamos y sentimos cosas, y si no hay nadie que nos diga que no es una locura, no terminamos de encajarlo».

¿Cuáles son tus proyectos futuros?  «Ahora acabo de sacar mi primer poemario con Cartonera Island, una editorial que hace libros con tapas de cartón reciclado. El texto se presentó el día 19 de abril y me hizo muchísima ilusión. Normalmente, iba a un montón de presentaciones de libros, y siento que es algo raro el hecho de que ahora la obra presentada sea mía. He llegado hasta aquí gracias a personas que me valoran y apoyan, o a individuos como Rosa Ramos Chinea, que presenta el evento. El primero siempre es importante, siento que tengo la destreza para encajar en este mundo».

¿De qué trata? «Me da un poco de reparo, ya no tanto, además por las condiciones de la edición y porque es corto, pero trato una temática un poco comprometida. Contrapone los elementos del deseo físicos e intelectuales por la intensidad de la vida, con la tierra, que viene a simbolizar los elementos impuestos, es decir, familia, sociedad, etiquetas…».

¿Alguna vez imaginaste que llegarías a publicar un libro? «Nunca. De hecho, flipo. Ahora estoy en una especie de momentazo, entre el premio y el poemario. Me parece increíble, cuando me lo trajeron y lo vi por primera vez me emocioné mucho, como si fuera la culminación de algo. Por ejemplo, el cuento por el que gané era de cinco páginas, y me han dicho: ‘ganaste solo por cinco páginas’. No, yo siento que en realidad lo que plasmas ahí no es más que el resultado todo lo que has hecho anteriormente. Quizás porque estoy un poco en construcción, siento que cada poema que escribo es como subir un escalón. La escalera es eterna».

Aida González recibiendo el XX Premio Internacional Julio Cortázar del Relato Breve. Fuente: Facebook.

«Ahora estoy en una especie de momentazo, entre el premio y el poemario»


Hay muchos jóvenes que quieren dedicarse a la literatura, pero no terminan en decidirse. Desde tu experiencia, ¿Qué consejo les darías? «El más importante de todos es leer. No como intentar alcanzar un objetivo, sino como algo que te abre un poco la mente a la vida. Hay personas, por ejemplo, Andrea Abreu, que cuando nos juntamos parece que estamos dentro de un libro, y es muy bonito. Yo la veo a ella y creo que es alguien que constantemente está recordando cosas que ha leído, inconscientemente está viendo las cosas desde una estética. Hay que tener una mente muy abierta en el sentido de la autocrítica. Mis consejos son: leer mucho y trabajar duro».

¿Qué es para ti escribir y cómo te hace sentir? «Es una forma de comunicar cosas que no puedo decir de otro modo. Es decir, es una manera de plantear un discurso interior y tremendamente íntimo, que no puedes expresar de otro modo. Es como hablar conmigo misma, a otro nivel. Soy una persona muy intensa, y es algo que necesito porque si no, no puedo expresarlo. Da una bonita perspectiva el hecho de encontrar tu propia voz. Muchas veces me han dicho que escribo raro, y no es eso, sino que creo que cada persona tiene un ritmo interno, un discurso interior, y yo intento que mi poesía se adapte al máximo a eso».

Micrófonos abiertos por y para el feminismo

Cultura / Ocio

Ecléctico Café celebró el día de ayer una nueva edición de sus famosos micrófonos abiertos. Son numerosos los artistas que ya han pasado por este rincón del local tanto con poesía como con música. En esta ocasión, el evento bajo el nombre de Palabras Desordenadas se centró, sobretodo, en la temática feminista. A pesar de que todo se retrasó un poco, antes de las seis y media de la tarde bastantes personas llenaban la acogedora sala. Entre risas, olor a café recién hecho y un par de cervezas que iban y venían, llegaban para la ocasión más y más espectadores.

Entonces, cuando el reloj marcó las siete, Marcelo, el jefe de ceremonias, dio el pistoletazo de salida. Después de recitar unos cuantos textos para poner al público en situación, subieron al humilde escenario distintos poetas de la isla. Se habló de tristeza, enfermedades, amores con un toque erótico, pero sobretodo, de la mujer.

Una de las primeras en recitar fue Eva Fabelo, más conocida como Fabelo de León. Es la autora del poemario X Maneras de Amar, libro que presentó el pasado viernes 27 de abril en la Facultad de Filología de la Universidad de La Laguna

Ambiente violeta


El papel femenino no solo tuvo mucha importancia durante las dos horas y media que duró el evento porque la mayoría de sus participantes eran mujeres sino porque, a través de las palabras, todos, de una forma u otra, mostraron su descontento por el tema de La Manada. Todo esto acompañado de intensos aplausos y algún que otro grito de fuerza que retumbaba en el fondo de la habitación.

La luz se empezó a volver tenue, pero el brillo y la chispa se mantenía a través de la emoción. Un momento que fue sinónimo de esto pudo ser, sin duda, cuando una aspirante a cantante, Acorán, interpretó algunos temas propios y tanto ella como su madre rompieron a llorar, lo que provocó la entrega de la expectación a nivel sentimental. Y así es como la poesía y la música siguieron bailando al mismo compás provocando tanto risas como lágrimas.

Ecléctico Café invitó a Alejandro Santana para ponerle el punto final a esta cita mensual. Acompañado de su fiel compañero, Alejandro Lemus, interpretaron diversos temas tanto conocidos como originales que lograron mantener la atención de público durante la actuación. Con los aplausos generosos de todos los presentes, la intensidad fue bajando y la sala se fue vaciando lentamente entre carcajadas y conversaciones varias.

Poesía somos todos

Opinión

Me despierto por la mañana, suspiro y pienso. Coloco el reloj en mi muñeca y sé que hoy volverá a suceder. Escribiré versos nunca antes imaginados, soñaré todo aquello que no consigo visualizar con los ojos cerrados y haré el amor con mis propias manos. Me importa muy poco si se piensa más de la cuenta: solo quiero llevarte de la mano a dar una vuelta. Deseo con todas mis fuerzas romper las fronteras y, la primera, la de la vergüenza que sienten las letras al compararse con aquello que llamamos ciencia.

Si decimos buenos días o te quiero, las usamos, sí, empleamos varias palabras que tienen el súper poder de transmitir pensamientos o sentimientos: de estos últimos podemos gritar uno, diez o cientos de ellos. ¿Qué sería de ti, de mí y de nosotros si no conociéramos la infinidad de series de caracteres que conforman nuestros nombres? ¿Qué sería del día a día si no existiera la poesía?

La poesía es un arte nada fácil


“¿Y tú me lo preguntas?”, poesía somos todos. Poesía es un arte nada fácil y que, sin comprenderlo, se camufla entre ordinarieces. Poesía es el reflejo de… ¿Cuántos sentires? ¿Dos? ¿Ocho? ¿Miles? Poesía es un suspiro, una mirada, un llanto y un lamento. También una sonrisa pícara entre abedules cerca del río y de la montaña más alta. Y un obsequio para la mente, el corazón y las nuevas ilusiones. Y chispa. Y alegría. Y tristeza. Y odio. Y arte.

El laboratorio de la literatura en verso es cualquier rincón del universo. Las probetas y los minerales son hojas en blanco y bolígrafos de colores. Nada más es necesario, o bueno… En realidad sí. Hace falta empeño, esfuerzo y tesón. No se escribe por escribir sin un rumbo fijo ni un mensaje que transmitir. No se trata de juntar una letra con otra y dejarlo así. La complejidad va hasta el infinito y más allá: tal vez algún día se valorará de verdad.

«La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura»


Por muchas investigaciones y avances que vayan de la mano de la ciencia, difícilmente lo que dijo Adolfo Bioy Casares podrá superarse: “La eternidad es una de las raras virtudes de la literatura”. No hacen falta medicinas ni operaciones, solo imaginación y ganas de hacer las cosas cada vez mejor. Ante todo, debe apreciarse el valor de lo que hasta ahora ha estado en un segundo plano: la poesía y la maestría de todos aquellos que saben manejar el abecedario.

Paseando de la A a la Z y viceversa, pueden encontrarse metáforas y rimas a mano derecha, sonetos y baladas habladas a la izquierda y, de frente, una tormenta perfecta de buenas intenciones. Al igual que muchos granos de arena forman una playa paradisiaca en medio de la nada, una letra puede cambiar la perspectiva de una situación determinada. Un cuadro de Van Gogh, es arte; una ópera de Verdi, es arte; un poema de Antonio Machado, también es arte. Y no olvidemos que si preguntas qué es la poesía, la respuesta adecuada sería que poesía somos todos.

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