“Las escritoras somos un grupo generador de cultura y progreso»

Literatura

Elsa López ha disfrutado de mil vidas en una sola. Escritora, poeta, editora, investigadora y catedrática en Filosofía, la autora fue homenajeada el 15 de octubre con motivo del Día de las Escritoras en un acto honorífico en el Parlamento de Canarias. A su vez, el pasado jueves se sumó a las jornadas celebradas en torno a la presencia y la acción de las mujeres en el ámbito literario en la Sección de Filología de la Universidad de La Laguna. Un encuentro clave para visibilizar y reconocer a las escritoras que, a pesar de lo que dijera Woolf, no tienen una habitación para ellas solas.

¿Cómo se sintió cuando la homenajearon por el Día de las Escritoras en el Parlamento de Canarias? “Sientes que los premios son un honor. Te sientes bien. Yo nunca pienso en ese tópico de ‘yo no me lo merezco’… Creo que sí, que el trabajo de tantos años se ve recompensado en una situación como esta. Entonces, sientes que hay una retribución moral porque conoces lo que has hecho: las horas interminables delante de un cuaderno en blanco, los meses, los años de trabajo. Es una compensación más importante a que te paguen; y, concretamente, ese Premio, ese honor, para mí es clave por muchas cosas”.

¿Cuáles? “Para mí, el Parlamento siempre ha sido un símbolo de algo, que puede ocurrir o no, pero como símbolo es maravilloso porque es donde se reúne el pueblo representado. Está ahí. Está representado para hablar, legislar, para construir, progresar… Por lo que un parlamento para mí significa todo eso. Y que ese Parlamento, que es el pueblo, me haya hecho un homenaje tiene todo ese significado y valor”.

Le está reconociendo toda la sociedad… “No importa los signos políticos en ese momento. No importa porque, teóricamente, están todos representados. De hecho, el otro día me escribió gente y me abrazaron de partidos políticos opuestos y me sentí muy bien debido a que desde los socialistas, el PP, NC, Podemos, todos, te acogían con el abrazo de esos representantes”.

«Nadie se imagina lo que es una mujer escribiendo»


¿Por qué cree que es necesario este día? “Porque es clave. Es el reconocimiento, dar visibilidad a que en esta sociedad hay un grupo generador de cultura y de progreso que se llaman escritoras. Reconocer que existimos, que el pueblo reconozca que hay mujeres que escriben, al igual que hay hombres que también lo hacen. Y que esas mujeres, pese a todo y además de la casa, los niños, el colegio, el parque, la comida, continúan. Nadie se imagina lo que es una mujer escribiendo, me refiero. Hay tantas mujeres que, como yo, han tenido niños, nietos, una casa…».

La dinámica es totalmente diferente. “Yo lo cuento siempre, a mí se me pegan las lentejas constantemente. Me han comprado un reloj y me lo llevo al ordenador, ahora en esta era moderna, y suena para saber que tengo al fuego algo, ya se ríen en casa. Pero, ¿por qué? Porque tienes que hacerlo todo, y como yo miles y miles de mujeres que escriben. Mujeres que tienen una habitación para ellas solas, como decía Virginia Woolf, un despacho, un cuarto, la soledad, el aislamiento y el silencio alrededor para poder escribir… Pues puedo decirte que solo un 10 %, el resto no somos así”.

Alice Munro lo decía, que dejaba a sus hijos acostados y de madrugada escribía… “Claro, y yo me levanto de madrugada, me pongo a escribir y cuando llega la luz del día con los ruidos de los coches, de los niños, de los pájaros, ya yo tengo el delantal puesto para organizarme. Ahora estoy jubilada, y asumo ese papel de abuela o de lo que sea, pero, cuando era joven era lo mismo: me iba a trabajar, volvía de dar clases y, si me quedaba un hueco, escribía. De hecho, yo me iba al bar a escribir. Siempre he escrito en sitios con ruido y es clave en mi obra. Cuando hay mucho silencio no me sale nada”.

Entonces, el barullo la ayuda.“Yo necesito el barullo para vivir porque estoy acostumbrada a estar en el instituto rodeada de estudiantes que gritan, saltan y bailan en los recreos. Y, sobre todo, yo estudié y escribía en los bares. Y en este lugar hay un cierto respeto hacia esa persona que está escribiendo en la mesa. Eso sí que lo he comprobado. En Madrid iba al mismo sitio, el camarero ya me conocía y sabía lo que pedía, y me dejaba ese espacio y me respetaban los que llegaban, saludabas a la gente que conocías con un ‘buenos días’ y seguías. El momento de llegar a tu casa es cuando te inunda todo lo cotidiano, lo difícil. En ese aspecto he tenido mucha suerte en mi vida, he tenido como compañero de vida durante 45 años a una persona que ha entendido mi ilusión, cuál era mi trabajo y cuál era mi obsesión, que era escribir”.

Algo indispensable. “Claro. Él era piloto y volaba por otros caminos distintos: él por arriba y yo por abajo”.

«Se nos ha taponado durante siglos porque, precisamente, el tópico es que si una mujer escribe, cuidado con ella»


Parece que por fin se empieza a enterrar la idea de que la literatura escrita por mujeres es una obra menor… “Yo creo que esos tópicos son populares porque realmente la gente, los escritores, los compañeros saben perfectamente que hay ahí una persona que merece la pena. No importa su sexo, no tiene nada que ver. Hay un cierto núcleo de población que podría pensar eso de ‘una mujer que escribe’, pero eso era antiguamente. Creo que es al contrario, se nos ha taponado durante siglos porque, precisamente, el tópico es que si una mujer escribe, cuidado con ella. Es una mujer que está liberada, es independiente, es peligrosa, hace lo que le da la gana, es una mujer que se viste de hombre, que es lesbiana, que no tiene prejuicios sexuales… Ese era el peligro al asociar esas ideas. En vez de estar haciendo croché en su casa, estaba escribiendo: era peligrosa”.

Como mujer, ¿ha sentido que la han discriminado? “Nunca lo sentí. Todo lo contrario. Era criticada por las mujeres por mi comportamiento. Me salía de la norma, eso de estar con hombres, de que me gustaran deportes “masculinos”. La verdad es que he hecho lo que me ha dado la gana toda la vida. Vestí pantalones desde muy joven con gran escándalo por parte de mi familia. En aquellos momentos una mujer con vaqueros era lo peor. Usé bikini de joven, andaba descalza… Es decir, eso de descalzarse era un signo considerado de gitano, de pobreza, marginal, entonces yo adoptaba ciertas posturas que en el fondo era esa rebeldía que me impulsaba a ello».

Hablamos de la década de los 40 en un sitio como La Palma… «Es curioso porque yo nunca pensé que tener hijo, hacer la compra, estar en la cocina, eso fuera un mundo de mujeres, me parecía muy normal porque, verdaderamente, mis amigos hacían lo mismo. Yo, más que nada, aprendí sobre el feminismo, la conciencia teórica, en los 60 cuando me reunía e iba con Lidia Falcón, con aquellas todas camaradas que luchaban. Y ahí siguen, contra viento y marea”.

¿Y en su círculo literario? «Puedo decirlo, nunca me sentí discriminada. Ni siquiera literariamente. En un mundo de hombres, como se ha podido comprobar después en las estadísticas, yo no era consciente de esa situación porque yo estaba con ellos y conmigo había una serie de mujeres, cuando me reunía con los poetas de Madrid en los 50 y en los 60. ¿Cómo me iba a sentir discriminada si era todo lo contrario? Me llamaban, iba con ellos a todas partes… Sí, había mujeres ahí: tres, cuatro. Si lo pienso ahora, claro que había una desproporción, de 12 y 3, o a veces yo sola».

Era un ambiente artístico… «Era un círculo diferente. No se pensaba como hoy se piensa, por ejemplo, había un jurado y yo era la única mujer. Ahora, cuando lo leo, pienso ‘vaya barbaridad’, el Manifiesto de las Escritoras tiene toda la razón. Pero no era consciente. Yo me hecho consciente de todo eso al verlo, al aprenderlo de la gente joven que se manifiesta en contra de ese mundo de hombres».

«De repente, cayó en mis manos Simone de Beauvoir»


¿Qué autoras influyeron en usted? “Hombres. Escritores fundamentalmente. Gracias a mi madre, descubrí muy joven los libros de Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, que aún conservo, de Juana de Ibarbourou. En casa, a través de la poesía y de mujeres poetas ese mundo me era muy cercano. A su vez, me inicié con Walt Whitman, León Felipe, Miguel Hernández, era una época de revolución social… La poesía francesa con Baudelaire. Tuve una educación, en ese sentido, muy clasista. Pero, de repente, cayó en mis manos Simone de Beauvoir. Era la época de la lucha y me encontré con aquella autora maravillosa que me despertó y que me hizo ver que tenía que pensar las cosas dos veces. Esa mujer me marcó para siempre”.

En 1989 fundó Ediciones La Palma. Hoy, rodeada de compañeras del oficio, ¿qué recuerda de aquellos inicios? “Rodeada de hombres –risas-. Hombres maravillosos que me regalaban sus libros para que se los reeditara, José Hierro, Rafael Morales, Pablo García Baena, Francisco Brines… Qué maravilla, tantos amigos maravillosos. Les hacía gracia ver a aquella mujer que se dedicaba a editar de repente poesía, ‘¿esto qué es?’, se preguntaban. Y, por otra parte, también empezaba como editora y elegía a personas jóvenes que necesitaban una edición, que era importante para ellos».

«La asignatura más peligrosa no son las Matemáticas, es la Filosofía»


Su vida es una auténtica mezcla de culturas. Nació en Guinea Ecuatorial, vivió en La Palma, Suiza, Madrid… “Yo soy un ser mestizo. Soy mestiza. Mi padre es de Granada, mi madre nació en Cuba, mis antepasados por línea paterna de Francia, por la materna Garafía, zonas rurales profundas, y yo en África. Ahí hay una mezcla maravillosa, al final eso se bate y bate y salgo. Al tener todas esas influencias culturales, al haber viajado, hacen que este mestizaje sea muy rico. Canarias es muy rica porque es mestiza”.

Es catedrática en Filosofía, ¿cómo valora la decisión del Congreso de reimplantar la materia en la ESO como obligatoria? “Qué alegría. La lucha ha sido feroz durante mucho tiempo. Cuando la quitaron nos pusimos en pie de guerra, esas mujeres luchadoras como María José Guerra, que va y va y ejerce desde su posición dentro del mundo estudiantil esa presión, yo con mis artículos en prensa que exista la Filosofía. Me puse como una hiena cuando aparecieron los primeros brotes de rechazar la Filosofía porque era tan evidente que querían quitar las Humanidades… ¿Y qué puede haber más peligroso en una cabecita humana? Que piense. La asignatura más peligrosa no son las Matemáticas, es la Filosofía”.

Ligado a la Filosofía está la Historia, las Humanidades, y hace unos días escribía sobre los hombres de El Tablado y las antiguas costumbres de La Palma, también aludía a ese “descampado cultural” que se va a producir si olvidamos las tradiciones. ¿El cambio es irremediable? “Yo echo mucho de menos, por la nostalgia, cosas que creo que son importantes en la vida. Mi vertiente como investigadora me ha empujado a recuperar muchas cosas populares, la arquitectura, la medicina, tengo trabajos sobre el viento y la locura en Canarias… Ese mundo que se va y se desprecia desde las altas instituciones porque no creen que sirva para nada creo que es un gran error. Los pueblos se construyen considerando su pasado: son escalones, tierra sobre tierra que es el mejor abono para que algo crezca. ¿Qué será de vosotros que sois tan jóvenes si no tenéis la historia?».

Lo desconozco. «La historia no es los señores cabalgando y conquistando, sino es esa viejecita que canta romances, que recoge plantas y conoce el poder de cada una de ellas, ese hombre que cuida al ganado y te explica porqué las cabras tienen cada una su nombre distintos para señalarlas y reconoces porque son muy inteligentes y cariñosas, algo que la gente ignora, o que el cerdo sabe cuándo va a morir y por ello no sale del chiquero sin haberlo tocado, ¿eh? Eso lo he aprendido con mis amigos del campo, y sé que si sientes una pena muy grande por ver morir a un animal no debes estar presente, ni en una corrida de toros, ni cuando le retuercen el cuello a una gallina…».

¿Y cómo perdurará? «Eso se aprende cuando la gente te lo transmite, eso no está en ningún libro de ciencias ni de Física ni de Matemáticas. Eso es la tradición. Y la tradición está en los pueblos, lo demás es vanidad y estupidez, y pensar que Internet lo va a resolver todo. Estoy encantada con Internet, no lo niego, soy una mujer que he conseguido tener Whatsapp, y qué bien que ahora me estás grabando pero no podemos despreciar eso que tienes ahí al lado en la libreta, escrito».

Estudiante de Periodismo en la Universidad de La Laguna. Escritora compulsiva con debilidad por los gatos. Suelo perderme y encontrar lugares nuevos. ¿Un verso?: "Algún día seré todas las cosas que amo", Luis Cernuda.

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