Lorena Hernández está en el cuarto año del Doctorado en Química e Ingeniería. Foto: L. Rodríguez

En la piel de una doctoranda

Ciencias

Lorena Hernández está en el cuarto año del Doctorado en Química e Ingeniería Química en la Universidad de La Laguna, el cual inició durante el curso 2015-2016. Su tesis se centra en la impresión 3D de materiales cerámicos con aplicaciones medioambientales y energéticas. Para iniciarse como doctoranda tuvo que cursar durante un año el Máster en Química que oferta la Institución lagunera (obligatorio para su acceso). Trabaja con sistemas y materiales cerámicos de los que ya se conoce su correcto funcionamiento, y su labor es implementar la impresión 3D.

Esta le da ciertas ventajas, como imprimir estructuras mucho más complejas y, si se consigue controlar la microestructura del material, se pueden obtener más y mejores beneficios. Trabaja para pilas de combustible de óxido sólido, fotocatalizadores para la eliminación de contaminantes en el agua y en el aire, y para la creación de combustibles solares. «Se pueden convertir gases contaminantes como CO2 en metano, y este último se puede utilizar como combustible», explica Lorena.

Para ella, el objetivo de un doctorado es investigar y divulgar los resultados y comenta que «se busca un impacto publicando en revistas científicas lo que se ha descubierto, y así conseguir que investigadores de la misma materia en el resto del mundo, te citen en sus trabajos y seas una referencia». A esto añade que cada revista tiene un prestigio distinto, y eso «es relevante en tu título profesional y en tu identidad como científico».

Organización, estructura y equipo de dirección


Hernández comenzó con Juan Carlos Ruiz Morales como director y tutor. Posteriormente, incluyó a Jesús Canales Vázquez, de la Universidad de Castilla La Mancha y del Instituto de Energías Renovables de Albacete como codirector. A finales de agosto del segundo año, falleció su director y tutor y su tesis tuvo que reestructurarse en cuanto al equipo de dirección. Entonces, le entró Albert Tarancón, un profesor de Barcelona, amigo de Juan Carlos Ruiz. Pero su tutor debía ser obligatoriamente de la ULL, por lo que asumió el cargo Pedro Esparza Ferrera.

Entre los tres llevan los diferentes capítulos de su tesis, ya que todos tienen un currículum similar al de Juan Carlos Ruiz, y así no tenía que modificar su plan de investigación y poder seguir adelante con la tesis y con el trabajo ya realizado.

La dificultad para ser financiado


Para la financiación existen becas o contratos predoctorales. Las ayudas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España (MEC) son dos: la Formación de Personal Investigador (FPI), que se entrega al equipo de investigación y al doctorando por méritos; y la segunda es la Formación del Profesorado Universitario (FPU). La última «es prácticamente inaccesible de alcanzar, pues la consiguen estudiantes con nota media de 9 en el Grado», lamenta Hernández.

Otras subvenciones son otorgadas por la Agencia Canaria de Investigación Innovación y Sociedad de la Información (ACIISI) del Gobierno de Canarias. Se entregan seis becas por rama: Ciencias Puras, Ciencias de la Salud, Humanidades, Ciencias Sociales y Bellas Artes. «Para solicitar acceder a ellas se te exige una cantidad de documentación extrema, hay mucha burocracia y acaban no concediéndotela», cuenta.

Lorena Hernández lleva tres años quedando en puestos de reserva y sufriendo la normativa de la convocatoria, pues si las personas a las que se les ha concedido la beca la han aceptado y la rechazan después de tres meses, ese dinero no se reembolsa. Es decir, esa subvención se redirige a la administración y no pasa a los suplentes de la lista de espera.

Por otro lado, el Cabildo de Tenerife concede ayudas de variables fijas similares al MEC para másteres y doctorados. Lorena ha sido beneficiada por estas. Además, la ULL suele proporcionar contratos predoctorales si los grupos de investigación tienen dinero de proyectos.

Salir al extranjero a investigar


La investigadora de la ULL está optando al título Doctorado con Mención Internacional, que consiste en estacionarse entre tres y seis meses en el extranjero e investigar fuera. En 2017 pasó dos meses en Escocia y en este último año se fue tres meses a Dinamarca. Pertenece al proyecto Horizonte 2020 que es el mayor programa de investigación e innovación en la Unión Europea. Relata que irse fuera no es fácil y que todo depende de la persona: «A mí me gusta viajar, pero me gusta hacerlo por placer, no por trabajo». Dentro del grupo de investigación colabora con gente de Dinamarca, Inglaterra, Barcelona, Países Bajos y Francia. Cada institución tiene ciertas tareas en el proyecto, y ella puede incluirlas en su tesis.

El proceso de adaptación también es difícil y lleva mucho tiempo. No obstante, afirma que «he tenido la suerte de trabajar con grupos y supervisores muy buenos. En Escocia trabajé con John Irvine, en la Universidad de Saint Andrews, y en Dinamarca me supervisó Vincenzo Expósito en el campus de Rizo, en la Universidad Técnica de Dinamarca«.

Para Hernández fue difícil, pues «es un sacrificio. Tienes que dejar todo atrás. Tener un mal día estando cerca de los tuyos se lleva mucho mejor que estando a miles de kilómetros. Estás totalmente sola. Hay que ser muy fuerte mentalmente y, aun siéndolo, puedes hundirte anímica y emocionalmente». Y añade que «un canario necesita ver el mar para sentirse en casa. Tanto Escocia como Dinamarca lo tienen y eso me calmaba».

La vida del investigador


«Si te quieres dedicar a la investigación, vas a tener que sacrificar muchísimas cosas, y lo primero que deberás sacrificar es tu vida personal. Ser investigador es muy egoísta», asevera. La doctoranda se ha planteado dejarlo muchas veces. Cuenta que cada vez que se va fuera, su mente está constantemente pensándolo. Y que tanto aquí como en el extranjero, las lágrimas se le salen solas en el laboratorio. La investigación parte de cero, y muchas cosas no salen adelante y se debe aceptar.

Pero no todo es negro, el doctorado también tiene sus ventajas, como la socialización y hacer contactos. Además, la madurez crece a pasos agigantados, ya que sales de tu zona de confort. «Te hace crecer a nivel personal. Me considero afortunada de haber podido salir fuera tantas veces, sobre todo gracias a haber sido becada, aspecto que no muchos pueden decir», concluye.

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