En España, el suicidio es la principal causa de muerte no natural. Foto: PULL

Doble moral

Opinión

Cada 10 de septiembre se celebra el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Hablar de lo que es pasar por una situación de este tipo, de lo que significa y de sus causas, sería algo parecido a aventurarse a opinar de una realidad que solo conoce quien la vive. Ya lo dicen viejos refranes, «de puertas adentro, nadie sabe lo que pasa». Y qué curioso es que quién nunca ha cruzado la puerta crea que sí. Que sí conoce el dolor ajeno. No me corresponde a mí opinar de algo que desconozco. Porque nadie debe creerse con el derecho de juzgar una tristeza que no le pertenece.

«Yo no lo hubiese hecho», «de todo se sale», «hay solución», «siempre hay más opciones», «con el tiempo se hubiese sentido mejor y ahora ya no hay vuelta atrás»… Lo de siempre. Comentarios vacíos que no centran la atención en lo importante porque, una vez más, mientras la sociedad pone el foco en la víctima, nos alejamos de una lucha que debería ser colectiva. La lucha por la vida.

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España. Cada dos horas y media se suicida una persona en nuestro país. Son once personas las que al día deciden acabar con sus vidas. En el año 2021 se suicidaron, concretamente, 4003 personas. La cifra triplica las muertes por accidentes de tráfico y, en España, no existe un Plan Estatal de Prevención del Suicidio.

Parece que los datos no asustan ni preocupan. Las políticas sociales se olvidaron de lo más importante: defender el derecho a tener una vida digna. Que el suicido se ha convertido en uno de los mayores problemas de nuestra sociedad es un hecho que, además de innegable, es palpable. 

«El 65 % de la población española tiene síntomas de ansiedad»

No. No se trata de un caso aislado. Lo vemos en los medios de comunicación. Menores de apenas doce años, cuya mayor preocupación debería ser disfrutar del tiempo antes de crecer, deciden acabar con sus vidas porque en el instituto, un lugar donde se supone que se fomenta la educación, les hacen bullying. La situación es tan crítica que parece que lo raro es encontrar a alguien que no haya sufrido cualquier tipo de acoso. Que no sienta inseguridad con alguna parte de su cuerpo o que no haya recibido alguna crítica innecesaria acerca de su forma de vestir, por ejemplo.

No. No es un caso aislado porque el 65 % de la población española tiene síntomas de ansiedad y 2,4 millones sufren depresión. Pero en España, por cada cien mil habitantes, hay solo seis profesionales de la Psicología Clínica. España, además, es ese mismo lugar en el que parte de la población se queda sin atención psicológica por dos motivos claros: la precariedad en la sanidad pública y los elevados precios de la terapia privada. 

Lo triste es que hemos normalizado unas cifras que deberían espantarnos. Y quizás, las pocas medidas preventivas que se ponen en marcha no resultan efectivas porque se ha ignorado una de las bases de esta crisis: la poca atención prestada a la salud mental. El verdadero problema reside en que cuidarla se ha convertido en un lujo al que no todas las personas tienen acceso.

Pero lo fácil siempre será opinar de la situación de quien está al lado. Opinar de puertas afuera. Lo difícil, defender el derecho a una salud integral que yacerá incompleta si se sigue ignorando la salud mental. Es la doble moral de un país que conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio y, en realidad, no hace nada para prevenirlo, dejando que caiga en un saco roto. 

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