Instagram, Facebook y Twitter, entre las redes sociales más utilizadas. Foto: PULL

El mono de las redes sociales

Opinión

Mi paso por las redes sociales comenzó antes de tener la edad mínima para poder usarlas. Empecé creando mi primera cuenta con el ordenador portátil de mi padre en la red social Tuenti. No sabía que era ni para qué servía, pero eso no me impidió usarla. Cuando entré en la ESO me dieron mi primer smartphone, y ahí comencé en mi segunda red social, Instagram. Seguía sin tener la edad mínima pero tenía mi cuenta activa, y podría decir que fue en ese momento en el que me aficioné a estas aplicaciones. 

En cierto modo, las redes sociales enganchan, y como si fuera una droga acaban degenerando adicciones en los navegantes. Según Estudes, un estudio sobre las adicciones comportamentales realizado por el Ministerio de Sanidad, demostró que un 3,7 % de la población española usó Internet de forma compulsiva entre 2019 y 2020.

No te vuelves adicta a ellas de la noche a la mañana. Es un proceso lento que vas haciendo de forma inconsciente, y cuando por fin te das cuenta ya es tarde. Acabas asumiendo malos hábitos como tener siempre el móvil encima, en cualquier momento a cualquier hora, o buscar la foto perfecta y hacer lo imposible para conseguir el mejor ángulo, sin que importe nada correr algún riesgo (caer de una gran altura o parar el coche en mitad de la carretera).

Otro de los efectos secundarios que suponen estas adicciones es la falta de atención y concentración. Tu mundo son las redes, lo que pase fuera de ahí pierde importancia, desde lo social a lo lectivo. Con social me refiero a que la gente joven, actualmente, socializa a través de las aplicaciones. Y desde un punto de vista educativo, las redes sociales también han causado estragos. Pues se derrocha mucho tiempo pendiente al mundo cibernético que, en ocasiones, nos olvidamos de entregar tareas o recurrimos a internet para buscar la solución de manera rápida y fácil.

«Los primeros días resultaron bastante duros, pues llevaba nueve años de mi vida usando las redes sociales día sí y día también»

Personalmente, no me consideraba adicta. Las usaba a diario, pero nunca me fijé en que podía ser excesiva la cantidad de horas que pasaba en ellas hasta que empecé el proyecto del profesor David Fuentefría: Desconexión digital y periodismo: recuperando atención, concentración e introspección. Me adentré en este proyecto como un reto personal, quería reducir mi consumo de redes desde hacía tiempo, y esta era la oportunidad perfecta. Y funcionó, conseguí reducir mi adicción.

Estuve participando un total de diecinueve días. Los primeros días resultaron bastante duros, pues llevaba nueve años de mi vida usando las redes sociales día sí y día también. Tanto así, que entraba en otras aplicaciones (de ropa por ejemplo) por el mono que sufría constantemente, pero que poco a poco fue disminuyendo.

Cuando terminé la primera semana me sentí muy bien conmigo misma, nunca me hubiese imaginado estar toda una semana desconectada del mundo digital al que era adicta. Me estaba superando, me estaba ayudando, y eso me daba más ganas de continuar, de seguir con el reto.

Aprovechaba más las horas, me sentía más creativa y con más energía. El tiempo libre que me dio este experimento lo dedicaba a centrarme más en mis estudios. Pero con el pasar de los días se hacía más pesado continuar con el reto. Pasar tiempo sola suponía pensar en ello, y eso provocaba que fuese cada vez más difícil permanecer en la desconexión.

«La vida social de las personas a día de hoy está reducida a las redes sociales»

Asimismo, al estar tanto tiempo sin redes me perdía las actualizaciones de la vida de mis amigos, y no me di cuenta de eso hasta que, hablando con uno de ellos sobre el proyecto en el que me había sumergido casi dos semanas atrás, me dijo: «Que guay, un proyecto que te quita la vida social». Al principio no le hice mucho caso, pero después me di cuenta que tenía razón. No en que el proyecto de Fuentefría te quitase la vida social, sino en que la vida social de las personas a día de hoy está reducida a las redes sociales.

Reaccionar, responder o dar «Me gusta» a las publicaciones de tus seguidos es lo que se usa hoy en día para intimar con las personas que quieres conocer. Este nuevo método resulta frío, pero desgraciadamente es la realidad de las nuevas generaciones. Estamos tan sumergidos en la tecnología que hasta se ha apoderado de nuestra vida social.

Para quedar con nuestro amigos usamos las redes sociales como WhatsApp o Instagram. Sabemos donde están y que están haciendo nuestros conocidos a través de sus stories de Instagram, o de como se sienten por sus tuits. No voy a negar que las redes sociales han servido de ayuda para muchas personas, pero de una manera u otra, sigue siendo triste que la vida social de las personas este gobernada por las redes sociales.

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