La fotografía que presenta el film podría clasificarse como una de las mejores del cine de los últimos veinte años. Foto: PULL

‘Blade Runner 2049’

Opinión

Hacía tiempo que una narración distópica de este tipo no recalcaba tanto en la intensidad de su propio género como lo hace este film. La película nos habla de la complejidad de nuestra propia realidad; una realidad que, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera somos capaces de entender. Blade Runner 2049 se presenta así misma como una reinventada forma de narrativa que es capaz de indagar indirectamente en tus propios recuerdos para que comiences a cuestionar tu propia memoria: ¿son nuestros recuerdos reales? ¿Y si llevásemos toda nuestra vida sedados con una agradable mentira ya diseñada?

La soledad se muestra como una verdad absoluta presente en todas nuestras relaciones: vida y familia, amistades y pareja… Y al final todo ello acaba desapareciendo como lágrimas en la lluvia.

Es curiosa la manera que tiene esta segunda parte de referenciar a su predecesora, tan definida por el uso de violentas y radicales utopías, y aún así construir un perfecto puente entre ambas. Existe en ese mismo puente una ajena y compleja ilusión de como nuestra propia raza podría volcarnos en ese distorsionado infierno plagado de irrealidades, nudismos existenciales y robots.

Blade Runner podría ser perfectamente un ensayo sobre la condición humana y la soledad. En definitiva, un estudio de la propia memoria a través de una fotografía que podría clasificarse como una de las mejores del cine de los últimos veinte años.

«El azul y el naranja conforman el color gris, indispensable para comprender la belleza de la soledad»

No obstante, si hay algo que haga realmente distinta a la cuidada selección de planos es su paleta de colores, que se adapta al antojo de la naturaleza de la escena. Cada azul, cada naranja y cada gris representan la redundancia de la propia obra en su uso del silencio y de la panorámica que la fotografía utiliza para incentivar la imaginación del espectador. Existe un abuso de este tipo de planos. El azul y el naranja conforman el color gris, indispensable para comprender la belleza de la soledad y de su simbolización en el film.

Mediante el uso de meditados silencios y abiertos sonidos, la película se distancia del formato cinematográfico actual en el que estos recursos cada vez importan menos. Es innegable que el CGI es un importante aspecto en el entramado y en los visuales de la película, mas es llevado a cabo brillantemente por su director, Dennis Villeneuve, bajo la priorización de una fantástica fotografía. Gracias a todos estos detalles, la película logra diferenciarse en el estereotipado género de la ciencia ficción de la última década.

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