Louis Vuitton no ha sido nunca Louboutin

Opinión

Siento vergüenza por los amantes de la moda. Mejor dicho, el sentimiento de pena surge por aquellos que se hacen pasar, como si de un gran teatro se tratase, por seguidores de este arte. Uno no es fashion ni cool cuando utiliza a la industria como si fuera un vil instrumento. Nos centramos en los precios antes que en los artículos. Nos consideramos expertos, aunque sigamos pensando que Louis Vuitton y Louboutin son lo mismo. Entendemos que Primark es la nueva competencia de las grandes casas que despliegan su esplendor en las semanas de la moda del mundo. Pues no, queridos, no. La moda se ama y se siente, no solo se lleva y se paga. A veces pienso que la estupidez nos ha vuelto tontos. Puede que envidiosos sea la mejor palabra.

¿Y qué pasa con todos aquellos que nos acusan de superficiales? Para responderles, voy a permitirme el lujo de recuperar una de las citas que más me han marcado. Para los que no hayan visto El diablo viste de Prada, que sepáis que está sacada del guion de Meryl Streep en el papel de Miranda Priestly. ¡Aquí va!

Una industria poderosa


La moda mueve al año más de 1,3 billones de dólares, según un estudio de la Consultora Global Investor y publicado por Credit Suisse. En España, unos 10 millones de euros, en función de los datos del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. No es de extrañar, entonces, que el sector textil sea uno de los más poderosos.

Este mundo de belleza y de banalidades, como muchos de mis conocidos lo califican, es más importante de lo que, a primera vista, parece. Y no hablo de la escandalosa cantidad de dinero que maneja, sino de lo que ahora mismo estás haciendo, lector. Sí, sí, me he expresado bien. Si la moda no fuese tan importante, probablemente nadie estaría leyendo este artículo. Ni este, ni los cientos que se publican en miles de blogs. Tampoco se vendería Vogue, la cabecera por excelencia del llamado lifestyle (estilo de vida), que «tiene una audiencia de 991 000 lectores mensuales y una difusión de 101 631 ejemplares», según informaba recientemente Yolanda Sacristán, directora de la considerada Biblia de la moda en nuestro país, al portal Infocif.

Con estos datos, no veo por ningún lado ese supuesto sentimiento de rechazo que suelo ver cuando hablo de este mundo. Además, me sigue pareciendo un atrevimiento que nos midan a todos con la misma regla. Es muy feo que te tachen de frívolo y de egocéntrico. Tampoco es agradable que te digan que solo vales el importe de tus bolsos. Pero así funciona la cosa. Quizá, no debería externalizar la culpa de lo mal que entendemos hoy a la industria textil. Quizá, debería analizar la imagen que proyecto y la forma en la que inconscientemente utilizo las prendas y los complementos. Nunca ha sido mi intención hacer sentir a alguien inferior porque no lleve un Chanel. Y esto, combinado con el papel de los seudo amantes de la moda, han generado un ambiente bastante tóxico y enfermizo.

Ilustración: Antonio Soares

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