La interminable batalla entre la humanidad y la madre naturaleza
La nueva normalidad ya ha reactivado la economía sin reparar en los costes medio ambientales que puede ocasionar. Foto: PULL

Terminan las vacaciones para la Tierra

Opinión

Ruido de los coches circulando y de ruedas sobre el asfalto mientras suenan sirenas, murmullo incesante de la gente mientras camina hacia su destino, taladros y excavadoras que hacen obras hasta en la hora de la siesta, aviones que sobrevuelan ciudades y barcos que saludan de lejos. El ritmo frenético que predomina en nuestro día a día se para, todo se realentiza, ya no hay aviones ya no hay humo, solo hay silencio…

Este silencio, conlleva pérdida, encierro, ansiedad, incertidumbre, tres meses de confinamiento que han hecho que el mundo se pare debido a la Covid-19. Sin embargo, hay solo una cosa que no se ha parado: la naturaleza. Hemos visto cielos más despejados, menos contaminación y más animales.

Nos creemos los dueños de todo, la especie dominante con la que sin nosotros se acabaría el mundo, en cambio solo somos la especie más racional y, a la vez, la menos lógica. Esta ha sido una prueba de lo que debería ser la tierra y la naturaleza salvaje en armonía con los humanos. El problema está en que solo ha servido para esto, un espejismo utópico de lo que podría ser la realidad, pues ahora terminan las vacaciones para la tierra y comienzan para los humanos, echando por la borda todo lo que se ha conseguido.

«¿De qué normalidad hablamos? ¿La que favorece la destrucción del ecosistema?»

El hecho de que se haya detenido el sistema económico ha llevado a la reducción, por ejemplo, del efecto invernadero. Pero esta situación es artificial, ya que para conseguir una transformación real habría que lograr cambios económicos profundos para que a largo plazo se obtenga una mejora en el medioambiente y que no sea algo transitorio.

Greenpeace señala que, aunque las reducciones puntuales en las emisiones no van a paliar la crisis climática, sí deberían servir para iniciar los cambios profundos y necesarios para reducir las emisiones a cero, pues «la comunidad científica insiste en que la próxima década es decisiva para evitar los peores impactos del cambio climático».

Es normal escuchar estos días «volvemos a la nueva normalidad», «ya todo vuelve a ser normal poco a poco», etc. Sin embargo, nos hacemos varias preguntas difíciles de responder. ¿De qué normalidad hablamos? ¿La normalidad que provoca pandemias? ¿La normalidad que favorece la destrucción del ecosistema? ¿La normalidad que genera desigualdad social y se basa en un modelo económico insostenible?

Esta nueva normalidad ya está haciendo que se reactive la economía sin reparar en los costes medio ambientales que puede ocasionar. El objetivo: acabar con la crisis que ha generado el coronavirus. No obstante, todos estos meses no han servido para analizar que la verdadera crisis que deberíamos frenar es la del medioambiente. Es triste afirmar que los cambios que creíamos buenos para frenar el calentamiento global inminente se quedarán en un recuerdo de lo que podría haber sido, pero nunca fue.

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