¡Qué miedo me da hablar!

Opinión

Pensando y repensando en todo lo que voy a decir, escribir, responder, twittear, publicar…Hoy en día todo está mal, si eres de un bando o de otro, si eres de derechas o de izquierdas, si te gusta este o aquel estilo de música. «¡Eres poco tolerante!», te dirán. La palabra frustrante es la que describe que no se pueda tener libertad de expresión hoy por hoy. Una cosa es no decir lo primero que se nos viene a la cabeza y otra muy distinta es esa preocupante obsesión de medir cada palabra. Somos esclavos de lo políticamente correcto. Solo los más valientes se atreven a expresar lo que de verdad creen sin miedo a represalias.

¿Acaso hemos retrocedido en el tiempo? Porque es la única explicación que se me ocurre para que nos parezca la mejor opción secuestrar libros, como pasó con Fariña, o llevar a juicio a una chica por hacer chistes sobre Carrero Blanco en Twitter. Todo aquello que nos resulta incómodo preferimos cubrirlo con tupido velo, como la censura de la exposición Arco, en la que se retrataba a 24 supuestos presos políticos. No olvidemos el caso del rapero Valtonyc, que fue acusado a tres años y medio de cárcel por no pensar y repensar las letras de sus canciones. A pesar de que me muestro a favor de una multa como castigo por la dureza de su música, no creo que penalizar de la manera que lo han hecho sea lo propio.

Estamos empezando a ocupar las cárceles muy a la ligera. El caso del cantante ha llegado a oídos europeos, que reconocen que en otros países de la misma comunidad política no se hubiera utilizado un castigo tan severo, y no me extraña. Igual de escandalizados se quedaron cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos concluyó, el pasado mes de marzo, que España había violado la libertad de expresión de los dos jóvenes que quemaron la foto del rey en 2007. Los chicos fueron condenados en su momento a una multa de 2.700 cada uno para eludir la pena de 15 meses de prisión.

Tantos casos y no aprendemos


A veces creo que pecamos de alarmistas. Si yo quemo una foto no quiere decir que le voy a hacer nada malo a la persona que aparece en ella. Lo cierto es que es un tema complicado de tratar y que tiene muchas acepciones. Pero creo que todos los responsables de juzgar a los acusados por este tipo de «delitos», deberían saber encajar una crítica y aprender a diferenciar lo que es una amenaza. Lo paradójico de todo este asunto es quién elige lo que se puede y no se puede decir, o a quién que le interesa que se diga algo o no. Para mi gusto, son demostraciones de poder por parte de las élites, que buscan enseñarnos los límites que no podemos traspasar.

Espero que no sea verdad que hayamos cambiado de siglo, y que solo se trate de una extrema sensibilidad momentánea. No quiero dedicarme a asentir y sonreír aunque algo no me guste. Hago un llamado a la lógica y al sentido común: niégate, revélate ante todo aquel que te diga que tu opinión no es válida. No dejes que te dé miedo a hablar.

¿A quién lees? Pues yo diría que a una persona activa, inquieta o más bien nerviosa y que le gusta controlar la situación. Intento aprender rápido y espero que a partir de ahora lo hagamos juntos.

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