Una de las quedadas del Minze Running Club. Foto: PULL

Correr y conectar

Opinión

Hubo un tiempo en el que salir a correr era un acto casi íntimo. Unos auriculares, una ruta conocida y la necesidad, física o mental, de moverse. Hoy, esa imagen ha cambiado radicalmente. En Tenerife, ha dejado de ser una actividad solitaria para convertirse en un fenómeno social en toda regla. Basta con asomarse a parques, paseos marítimos o senderos al atardecer para comprobarlo: grupos organizados, camisetas a juego, ritmos compartidos y, sobre todo, una sensación de comunidad que va mucho más allá del deporte.

Las quedadas para correr se han multiplicado en la Isla. Cada vez es más habitual ver personas que se inician en el running gracias, precisamente, a este componente social.

Un ejemplo claro de esta tendencia es MINZE Running Club, un grupo nacido en Tenerife con la idea de unir deporte y socialización. Este tipo de iniciativas surgen precisamente de una necesidad muy actual: dejar de correr solo y empezar a compartir kilómetros. En el caso de Minze, organizan quedadas abiertas, muchas veces de distancias asequibles como tres o cinco kilómetros, donde el objetivo no es el rendimiento, sino el ambiente. Este grupo nació con la intención de facilitar que la gente se conozca mientras entrena, rompiendo la barrera que a veces impone el deporte cuando parece demasiado exigente.

El atractivo es evidente. En una sociedad donde el tiempo libre compite con pantallas y rutinas aceleradas, esta actividad en grupo ofrece algo más que ejercicio: ofrece pertenencia. Correr deja de ser un esfuerzo individual para convertirse en una experiencia compartida. Se habla, se ríe, se sufre un poco, pero en compañía. Y al terminar, muchas veces, el plan continúa: un café, una cerveza o simplemente un rato más de conversación.

Además, estos grupos han entendido algo clave: el deporte también puede ser un evento. No es raro ver convocatorias con hora, puntos de encuentro e incluso colaboraciones con marcas o espacios urbanos. Se queda para correr, pero también para socializar antes y después. En ese sentido, el running ha adoptado dinámicas propias de otros ámbitos sociales, casi como si fuera una extensión del ocio.

«Correr en grupo ya es plan: rutas, gente nueva y quedadas que siguen tras el último kilómetro»

En Tenerife, además, el entorno juega un papel fundamental. No es lo mismo correr en una ciudad gris que hacerlo junto al mar, con vistas al Teide o por senderos volcánicos. Este privilegio natural potencia aún más el carácter social de este deporte.

Sin embargo, este fenómeno también invita a cierta reflexión. ¿Se está perdiendo la esencial individual de este deporte? Para las personas puristas, el silencio, la introspección y el ritmo propio son irrenunciables. Convertir cada salida en un evento social puede diluir ese componente casi meditativo que tiene correr en solitario.

Pero quizás no se trate de elegir entre una cosa u otra. El verdadero valor del auge de este fenómeno social está en la diversidad que ofrece. Hay espacio para quien quiere correr solo y para quien busca grupo. Para quien necesita desconectar y para quien necesita conectar.

Lo que está claro es que el running ha evolucionado. Y en Tenerife, gracias a iniciativas como Minze Running Club, correr ya no es solo una actividad física: es una excusa para crear vínculos, conocer gente y construir pequeñas comunidades en movimiento. Y en mundo donde cada vez sentimos más desconexión, eso, más que una moda, parece una necesidad.

 

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