María del Carmen García Martín nace en el Puerto de la Cruz, en un entorno humilde que forja su identidad. Describe una infancia marcada por las vivencias junto a uno de sus hermanos con discapacidad y por una «afición voraz por la lectura». Al matricularse en la universidad, optó por Filología Hispánica a pesar de que su primera opción era Periodismo. Fue allí donde descubrió su verdadera vocación, llegando a obtener el Premio Extraordinario de Fin de Carrera. Tras lograr la mejor nota en las oposiciones, en la actualidad compagina sus clases de Lengua y Literatura con el cargo de jefa de estudios adjunta en el IES Agustín de Betancourt. Además, se encuentra inmersa en la publicación de su tesis en un conjunto de cinco volúmenes, una obra monumental respaldada por el Cabildo de Gran Canaria.
García menciona la importancia de los libros leídos durante la niñez, pues “fueron los responsables de sembrar el gusto lector”. Aun así, “hay dos que leí en el instituto y a los que he vuelto varias veces a lo largo de mi vida porque me gusta descubrir qué me transmiten de nuevo: Don Quijote y Cien años de soledad”, señala.
Respecto a su carácter, la docente reconoce que no cree que tenga mucha paciencia, pero le encanta su trabajo. Expone que siente verdadera devoción por lo que hace y es eso “lo que me permite mantener el control en los momentos difíciles”. «Mi hermano ha influido en todo lo bueno que pueda haber en mi forma de ser», confiesa. Asimismo, resalta: “Ese legado refleja el instinto protector que tengo hacia todo mi estudiantado”.
“Desentrañar la hermosura de una buena prosa o una buena poesía es mi verdadera motivación»
Subraya que decidió estudiar Filología porque le encanta profundizar en los textos. «Desentrañar la hermosura de una buena prosa o una buena poesía es mi verdadera motivación», indica. Esta pasión culmina en un premio literario sobre la Constitución Española que le permite viajar a Madrid con 17 años. Al retomar aquel texto tiempo después, apunta que se dio cuenta de “la madurez que se esconde detrás de aquellas palabras».
Al recordar lo que supone alcanzar el doctorado, relata: “Siento mucha emoción y descanso tras trece años de dedicación”. García detalla que “tuve que organizar cada minuto para compaginar la investigación con las clases y las oposiciones”. Tras conocer la noticia del aprobado, se reafirmó en la idea de que todo esfuerzo tiene su recompensa. También enfatiza el papel fundamental de su mentor académico “Andrés Sánchez Robayna”.
“Me ilusiona ver cómo cada vez más alumnado devora obras, incluso clásicos»
Respecto al vínculo de la juventud con la lectura, afirma que “me ilusiona ver cómo cada vez más alumnado devora obras, incluso clásicos». Sin embargo, sobre la situación actual apunta que “en el día a día, lo más preocupante es la falta de comprensión lectora que se percibe en el aula». De este modo concluye: “Esto ocurre porque no hay referentes culturales e históricos que ayuden a comprender lo que se lee”.










