Ariana Grande inició su carrera a los 15 años y ha ganado 3 premios Grammy. Foto: Daniela L.B.

La dieta del odio

Opinión

Con el auge de las redes sociales, se ha consolidado una tendencia alarmante: la creencia de que el físico de una mujer famosa es una propiedad pública sobre la cual cualquier espectador tiene derecho a opinar. El caso de Ariana Grande es, quizás, el síntoma más agudo de una enfermedad cultural persistente de creer que el físico de una celebridad es una propiedad pública sobre la cual tenemos derecho a opinar.

La artista ha vivido bajo un microscopio desde que era una adolescente. Si no era el cuestionamiento sobre sus supuestas cirugías estéticas, era juzgada por su peso. Hoy el juicio es la delgadez, pero mañana será cualquier otra imperfección que el algoritmo decida señalar. 

«Se juzga al resto en lugar de mirarse frente al espejo»

Bajo ese disfraz de preocupación por su salud, miles de personas se han creído con derecho de analizarla como si fuera un objeto de estudio, transformando sus alfombras rojas, sus películas y sus videoclips en un juicio popular donde se le critica sin ninguna piedad. El verdadero problema está en que no lo hacen por preocupación, simplemente buscan a quién analizar y juzgar hoy para no tener que mirarse frente al espejo y lidiar con sus propios complejos.

En 2023 la propia artista decidió romper su silencio y publicó un vídeo en sus redes sociales. Comentó que la versión de su cuerpo que el público describía como «sana» era, en realidad, su peor etapa. Aquella imagen que la gente tenía como perfecta era en realidad, tal y como ella misma describió: el punto más bajo de su vida, pues fue un periodo caracterizado por el consumo de antidepresivos, mala alimentación y una ingesta constante de alcohol, todo ello como una vía de escape ante traumas reales que le ocurrieron siendo tan joven.

No necesitamos más campañas de body positivity forzadas. Lo que necesitamos es dejar de creer que tenemos el derecho de opinar sobre los cuerpos ajenos. Como Grande dijo: «Nunca sabes por lo que está pasando alguien». Si realmente nos importa la salud de la gente que admiramos, el mejor tratamiento que podemos ofrecer es el silencio sobre su apariencia física y el volumen máximo para su arte.

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