¿Cómo es posible que haya personas que no entiendan la pasión que mueve el rally en las Islas Canarias? A lo largo del año, miles de amantes del rally se reúnen a pie de carretera para disfrutar de una de las citas deportivas más esperadas del calendario. Para muchas personas, no se trata únicamente de coches y velocidad, sino de una tradición profundamente vinculada a la cultura del Archipiélago, e incluso de cualquier parte del mundo, capaz de reunir a familias, amistades y generaciones enteras en torno a una misma emoción.
El rally forma parte de la identidad de Canarias desde las década de los años sesenta y setenta. No solo es un espectáculo deportivo, sino también un importante impulso económico y turístico para las Islas. Hoteles, restaurantes y comercios reciben a visitantes de distintos lugares que llegan atraídos por un evento que va más allá competitivo.
Mi interés por el rally no surge sólo de la actualidad, sino también de todo lo que me contaban mis progenitores en casa. Las personas que me criaron vivieron este deporte con ilusión y cercanía. Esas historias, cargadas de recuerdos y emoción, me hicieron entender que «esta afición va mucho más allá del ruido de los coches: es una tradición que se transmite de generación en generación».
Con el paso del tiempo he llegado a entender que el rally para muchas familias supone una forma de vivir ese día al máximo, de compartir experiencias y de crear recuerdos que permanecen para siempre. Esa conexión emocional explica porqué continúa tan presente año tras año.
«Cada vez son más las iniciativas que apuestan por un automovilismo más sostenible»
Es cierto que algunas personas cuestionan este deporte por su impacto medioambiental, y es una preocupación completamente legítima en el contexto actual. Sin embargo, también es importante entender que el rally posee un valor cultural y sentimental. La clase no está en eliminar la tradición, sino en busca formas de hacerla más sostenible.
Cada vez son más las iniciativas que apuestan por un automovilismo más sostenible, incorporando nuevas tecnologías y reduciendo su impacto. Esto demuestra que es posible conservar nuestras tradiciones. Como decía Nietzsche: «Sólo se posee aquello que se hereda y se transforma».
A veces, antes de juzgar una afición, conviene escuchar las historias que la rodean. Yo crecí oyendo a mis ascendientes hablar de aquello que les hacía felices y marcó su juventud, y gracias a ellos entendí que las pasiones verdaderas se viven, se comparten y se transmiten.










