Darle bola al fútbol sala es apostar por un deporte que tiene alma y mucha vida por delante. Foto: R. Castellano

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Opinión

Entrar en una cancha de fútbol sala es meterte en un mundo de velocidad y técnica que te deja preguntando por qué no lo habías visto antes. Da gusto ver a la afición vibrar con cada regate o parada imposible que ocurre a pocos metros de la grada. Quienes vamos a los encuentros sabemos que el ambiente es sano y que la entrega de los jugadores sobre la pista es absoluta. Es una pasada sentir esa cercanía que solo te da el deporte cuando se vive con tanta pasión desde el primer minuto. Me parece que el fútbol sala es, ahora mismo, el ámbito más infravalorado de nuestro panorama deportivo.

A veces nos obsesionamos con los estadios gigantes y nos perdemos lo que pasa en el polideportivo de al lado de casa. El ritmo es tan alto que no te da tiempo ni de mirar el móvil porque en tres segundos la jugada ya cambió de lado. Esa intensidad hace que los deportistas deban tener una preparación física increíble y que el espectáculo sea constante para el público.

No hace falta tener focos de mil vatios para brillar cuando hay tanto talento suelto con una pelota en los pies. Al final, lo que cuenta es la calidad del grupo, las ganas de superarse cada jornada y el esfuerzo por demostrar que el futsal merece más aplausos de los que ya tiene.

«No hace falta tener focos de mil vatios para brillar cuando hay talento»

Fomentar el apoyo en las categorías base es clave para que la gente joven vea que hay camino más allá de lo típico. Muchos de los niños que sueñan con llegar a lo más alto en este deporte lo acaban dejando porque no ven futuro en él. Solo queda invitar a todo el mundo a que pase por un pabellón y sienta esa adrenalina en directo. Seguro que repiten porque lo que se vive ahí dentro es auténtico y único. La cercanía de los jugadores con su gente crea un vínculo que no se rompe fácilmente.

Darle bola al fútbol sala es apostar por un deporte que tiene alma y mucha vida por delante. Solo hay que probar una vez para darse cuenta de que el parqué engancha de verdad y que el esfuerzo diario de estas plantillas merece todo nuestro reconocimiento.

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