Visitantes, coches, presión y menos arena. Foto: PULL

Fuerteventura, dunas y…

Opinión

La última vez que fui a Fuerteventura me acerqué a las dunas de Corralejo. Quería escribir un artículo sobre Parque Holandés, un pueblo que está cerca de las dunas y que convive con el día a día de la arena que llega a sus casas y también con el turismo que pasa sin dejar un euro. Sin embargo, lo interesante de verdad estaba siguiendo esa carretera que une la Capital, Puerto del Rosario, con el segundo núcleo urbano más poblado de la Isla.

Un cartel anuncia que empieza el Parque Natural de las Dunas de Corralejo, es decir, que estás en un espacio protegido, aunque parece que no queda muy claro para la población visitante. Este espacio de gran valor natural es una de las tres reservas naturales de la Isla, junto con la de Jandía en el sur y la Isla de Lobos. No obstante, se ve como las dunas están apuñaladas por una carretera que las recorre de norte a sur y una plaga de coches con pegatinas con Rent en la luna trasera.

La carretera se hizo antes de que el lugar se considerara espacio natural protegido y  hoy en día existen vías alternativas para llegar a Corralejo. Esas carreteras no tienen playas de arena dorada a la derecha y kilómetros de dunas a la izquierda. No tienen esos paisajes que invitan a querer capturarlos en una foto. Y ese es el problema. La presión a la que se somete el entorno es brutal. No solo con los vehículos que se dirigen a apreciar la belleza o a darse un chapuzón, sino con los que van a los hoteles que se encuentran dentro del Parque o a Corralejo.

La estampa deja sin palabras. No hablo de las grandes montañas de arena, sino de la desfachatez con la que los Fiat 500 y los Seat Ibiza se agolpan en los arcenes. Esta zona no solo recibe vehículos de alquiler, también es frecuentada por caravanas, buggies, motos… Si bien existen esa especie de aparcamientos para admirar las dunas o acercarte a la playa, estos se encuentran sobreexplotados y están llenos en cualquier momento del día.

«El Parque Natural de las Dunas de Corralejo es único y también muy frágil»

Por sí mismo, esto es grave, la arena que se encuentra próxima a la carretera tiene un visible color negro, además de que se pueden encontrar residuos plásticos a simple vista. La comodidad de dejar el coche al lado de una playa virgen no tiene precio para la población turista residente en un resort kilométrico que alberga un campo de golf en la isla más seca del Archipiélago.

El Parque Natural de las Dunas de Corralejo es único y también muy frágil. Si trasladamos el caso al resto de Islas vemos que las otras dunas del Archipiélago, las de Maspalomas en Gran Canaria, también son arrasadas diariamente. El Parque Rural de Anaga en Tenerife también es clara muestra de esta dejadez y falta de acción.

Hay ejemplos así en toda Canarias. La situación es tan preocupante que el margen de maniobra es mínimo, no hay espacio para el error si queremos seguir teniendo nuestros paisajes. La educación no puede darse solo en las escuelas, debe darse también en los aviones que vienen y en carteles que tanto locales como visitantes podamos leer antes de acceder a estos espacios.

La culpa no es solo del turismo, es de quienes hemos pensado alguna vez que por una no pasa nada o de quienes se acostumbran al paisaje y lo ven como algo normal, aunque sea el ecosistema frágil que de verdad es. Tenemos que hacer autocrítica  y, sobre todo, aprender. Nuestras islas son únicas y deben seguir siéndolo.

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