Alexandra Pérez es una estudiante de diseño que presenta una trayectoria marcada por el movimiento y la adaptación cultural. Nacida en Cuba, pasó toda su adolescencia en Canarias antes de trasladarse a Noruega, donde reside desde hace cinco años. En el país nórdico cursa estudios superiores de Diseño, una experiencia que le permite analizar con perspectiva las profundas diferencias que existen entre el sistema educativo, el mercado laboral y la vida cotidiana en las islas y el entorno escandivano.
¿Porque decidiste mudarte a Noruega para estudiar diseño? «Me mudé porque en Noruega tenía familia desde antes y entre todos decidimos mudarnos aquí. También porque es es uno de los mejores países políticamente hablando, hay buenas oportunidades para estudiar lo que una quiere, hay buenos derechos y el trabajo está bien pagado. Una vez viviendo aquí me di cuenta de que quería estudiar diseño de interiores, así que entré a estudiar diseño en general para aprender lo básico de todo un poco. Después del tercer año haré las prácticas en una empresa que se dedica a eso y recibiré un salario; será menor que el de un trabajador porque me van a enseñar, pero valoran mucho el esfuerzo»
¿Cómo fue el proceso de dejar Canarias y mudarse allí? «Eso fue bastante difícil, incluso hoy me sigue siendo raro. Es bastante diferente el idioma, el clima, las personas, la escuela y las clases. El nivel de cómo se dan las materias es muy diferente y el ambiente entre los profesores es otro mundo con respecto a Canarias. Pero lo más difícil de todo fue el idioma y las personas; el ambiente de adaptarse a un nuevo entorno.»
«En Noruega no se dice profesor o profesora, lo normal es referirse a ellos por su nombre de pila»
¿Qué diferencias ha notado entre estudiar en Noruega y estudiar en España? «El nivel de democracia del alumno aquí en Noruega es mucho más alto que en España. Allí es más como que los profesores tienen poder de demandar y aquí es más democrático. Tenemos un consejo estudiantil que hace reuniones y el alumno tiene más voz. Otra cosa es que aquí no se dicen profesores o profesoras, se llaman por su nombre. Incluso es lo normal llamarlo por su nombre de pila y eso me resultó una gran curiosidad al principio.»
¿Te costó adaptarte al clima, al idioma y a la cultura? «Me costó mucho y me sigue costando. El idioma con el que siempre estaré más cómoda es el español, incluso ahora que llevo casi cinco años viviendo aquí. No me siento del todo bien hablando noruego porque siento que no soy yo misma. La cultura es muy diferente y siento una mezcla entre culturas dentro de mi: la cubana, la canaria y la noruega. A la cultura de Noruega me he adaptado, pero el idioma siempre sentiré que el español es mi idioma, donde me puedo expresar mejor y puedo hacer chistes. Ahora lo hablo bien, pero no es igual.»
«El traje tradicional, el ‘bunad’, se hace a mano, lleva meses de trabajo y puede costar hasta 10 000 euros»

«A pesar de todo, amo la cultura de Noruega. El 17 de mayo celebramos el Syttende mai, el Día Nacional, y todos los noruegos tienen un traje nacional, el bunad, salen a la calle y hacen una marcha. Los reyes van y saludan al pueblo desde el palacio. Eso me gustó mucho; la tradición dice primero desayunar con la familia e ir luego con las amistades. Ese día la gente bebe mucho. Quienes no tienen trajes los compran, eso sí, son muy caros porque llevan plata y cada lugar de Noruega tiene uno diferente. Para que sea cien por cien tradicional tiene que ser hecho a mano; por eso cuesta tanto, puede llegar a durar meses de trabajo e incluso costar 10.000 euros. El clima es horrible, pero no hay nada a lo que no te adaptes. Aquí hay un dicho típico: no existe mal tiempo, solo ropa inadecuada.»

¿Qué es lo que más echa de menos de Canarias? «De Canarias obviamente a mi padre y a mi familia que se quedó allí. En segundo lugar a mis amigas, el clima y la facilidad que tiene uno para divertirse. Me di cuenta de que es verdad el dicho de que no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes, pero no me arrepiento de mudarme. Extraño la facilidad para divertirse en Tenerife, el buen clima, la playa… Al fin y al cabo es un lugar turístico muy bonito, tienes vegetación, naturaleza, mar abierto… Eso es lo que echo de menos y también la comida, obviamente.»
Alexandra Pérez Duvergel asegura que, a pesar de la distancia y de los desafíos de adaptación, residir en el extranjero le ha permitido crecer a nivel personal y profesional. Desde Noruega, continúa enfocada en terminar sus estudios superiores de diseño y marketing con la meta de iniciar sus próximas prácticas laborales en el país nórdico.










