Mamadou Kadame, actualmente en Barcelona, vivió siete meses en Canarias. Foto: PULL

Al salir de Las Raíces

Solidaridad

Mamadou Kadame es un senegalés de 24 años que vivió siete meses en Canarias, de los cuales pasó más de uno en el Campamento de Las Raíces. Hace casi dos semanas que recibió la noticia de que volaría por primera vez en avión para ir a Barcelona, ciudad en la que vive su tío y en la que ya reside. Aunque aún no han podido verse, pronto se reunirán. Mamadou estudió Derecho durante dos años en Dakar, pero tuvo que abandonar la carrera porque la compaginaba con un trabajo que exigía mucho tiempo. Al final, decidió salir de Senegal para tratar de prosperar.

Según afirma, tanto su estado de ánimo como su calidad de vida han mejorado desde que dejó el Campamento y vive en un centro para migrantes de Barcelona. El desgaste mental que tuvo que afrontar por las condiciones de insalubridad, inestabilidad y bloqueo fueron un freno, para él y para el resto, de imaginar una vida mejor.

Con este cambio, ha pasado de dormir en una carpa de plástico con más de treinta personas a tener un techo y compartir una habitación con otras tres. Sereno pero optimista, sus objetivos ahora son buscar un piso, un trabajo y, cuando se estabilice, estudiar algo relacionado con la Medicina.

Para él, lo peor es que hay muchas personas que tienen información falsa, aunque añade con positividad que «la verdad terminará por triunfar». Recuerda una anécdota de cuando estaba alojado en Las Palmas, antes de ser trasladado a Tenerife, y entró a una tienda a comprarse ropa. Cuenta que el hombre que lo atendió le dijo que el Estado da dinero a cada inmigrante que llega en patera a las costas canarias. «Es mentira», explicó. «En el hotel solo nos alojamos y nos alimentamos. La ropa que compramos y el dinero que tenemos vienen de parientes y personas cercanas».

«Desde que llegué al Campamento, dejé de dibujar»


A Mamadou siempre le ha gustado dibujar. Durante un tiempo, tras llegar a las Islas, pasaba algunos ratos haciendo dibujos en el hotel donde vivió provisionalmente, como ya hacía en Senegal. «Desde que llegué al Campamento, lo dejé», comenta. De hecho, tampoco participó en la pintura del mural colectivo que se hizo a sus afueras, puesto que «llevaba días sin salir, no tenía motivación y estuve un tiempo enfermo del estómago porque la comida era de mala calidad».

Al igual que a él, las condiciones extremas del viaje y del Campamento afectaron y siguen afectando negativamente a la salud física y mental de las personas allí acogidas. En algunos casos, derivando en autolesiones y trastornos severos. En todos ellos, dejando una huella que nunca se irá.

Ahora, con los ánimos un poco recuperados, y por suerte sin graves secuelas, Mamadou dice que volverá a dibujar. También estudia español en el centro de acogida y se interesa por la historia y la política españolas, de las que, sin embargo, ya sabe algunas cosas de antemano. Según explica, en bachillerato «aprendemos mucho de otros países, su historia y su civilización», por lo que, a menudo, en su país se conocen más cosas de Europa de las que en Europa se saben sobre África.

«Los países colonizadores son el origen de todas las miserias»


Mamadou cuenta que «nuestros motivos para migrar son muy numerosos y diferentes, pero se podría hacer un sondeo y una mayoría diría que quiere una vida mejor y estable». Actualmente, dos de cada tres migrantes que llegan de Senegal a Canarias se dedicaban a la pesca. En gran medida, según él confirma, no pudieron seguir obteniendo beneficios debido a la gran cantidad de barcos pesqueros chinos y europeos que llegan a las costas senegalesas y se quedan con la mayor parte del pescado.

No obstante, aclara que las razones van desde buscar empleo hasta libertad política. «En África, en muchos países francófonos, las elecciones son manipuladas, se cortan las comunicaciones durante ellas y hay escuchas telefónicas», explica. Además, afirma que todavía existe una importante subordinación a Europa, ya sea por la expoliación de recursos, la gestión de las instituciones, o por «quién se coloca para la presidencia. Todo está gestionado por el país colonizador».

Por ello, expresa que este es «el origen de todas las miserias, pasando por la esclavitud, la colonización y la descolonización». Además, considera que la segregación en países como Francia es muy preocupante, sobre todo teniendo en cuenta el actual contexto de pobreza generado por la toma de recursos naturales.

El peligro del desconocimiento


Con un optimismo que le es innato, Mamadou agradece poder expresarse y compartir conocimientos, y es que, a menudo, el relato que prima respecto a la inmigración no consiste en conocer los orígenes ni el por qué. En cuanto a África, se sabe que llegan cayucos y pateras, y también que su número sigue aumentando, pero hay un problema de atención mediática que, normalmente, pone el foco en las cifras y no en las personas.

Recientemente, debido a la crisis migratoria, esta narrativa ha cambiado ligeramente, y se está empezando a dar a conocer en mayor medida quiénes llegan del gran continente desconocido arriesgando sus vidas. No obstante, es innegable que también ha habido un viraje hacia el lado contrario, proliferado por una extrema derecha que siembra un odio social que, de reproducirse más aún, acabará por repetir un escenario que ya debería haberse quedado atrás. Si los bulos y el racismo se siguen extendiendo, eso significa que aún faltan muchas historias por escuchar.

Autora de la novela Vida (2020) y de muchos poemas y microrrelatos. Algunos de ellos son Invasión neocolonial, Un globo a China y La bruja del pueblo, ¡qué arda en la hoguera! También bailo y disfruto de toda buena comida. Un fisco canaria, una mica catalana.

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