Pablo López incendió Tenerife

Música

Pablo López ofreció un concierto este pasado viernes, 25 de enero, en el pabellón Santiago Martín de La Laguna dentro de su tour Santa libertad. Con todas las entradas vendidas emocionó con las canciones de su último trabajo discográfico Camino, fuego y libertad y con algunos de sus temas más conocidos, con los que no dejó indiferente a ninguno. Asimismo, compartió lágrimas y risas y puso a todos los asistentes en pie en varias ocasiones. 

Sobre las 19.30 horas empezó a entrar el público, entre ellos los más madrugadores que llevaban haciendo cola desde las siete de la mañana. En poco tiempo, el  Pabellón se quedó sin huecos vacíos, los cuales no solo ocuparon seguidores españoles, sino también fans de otros países. Sobre las 21.00 horas el intérprete salió al escenario y comenzó a desatarse el incendio.

El Santiago Martín, lleno hasta la bandera. Foto: Tori Ferrer

El artista salió a escena y con cara de asombro estuvo unos segundos registrando con la mirada cada rincón del Recinto, cada persona que lo ocupaba. Al tiempo que sonaba El camino, el público coreó la canción al ritmo del piano y la banda de López. Le siguieron canciones como El niño o Vi, el que fue el primer single de su carrera o La mejor noche de mi vida, de su primer disco Once canciones y un piano. Se notaba que la emoción le sobrepasaba, porque el concierto no había hecho más que empezar y ya daba paseos por el escenario, aplaudiendo de una punta a la otra a la multitud y dando las gracias repetidas veces.

También, cabe destacar la conexión que creó Pablo con su público, porque entre tema y tema se escapó alguna anécdota, una risa o un momento para pensar. “Que bonito es ir cuesta abajo, porque eso significa que somos libres”, comentó el cantante. Y a continuación empezó a sonar El patio. Este fue uno de los momentos más esperados entre los asistentes. Miles de personas entraron en su patio, jugaron y lloraron con el artista, quien tampoco pudo contener las lágrimas nada más empezar. Acto seguido, prosiguió con canciones de su último disco, entre ellas El incendio o El teléfono.

Sonrisas y lágrimas


De un momento a otro, López pidió un teléfono móvil. Para la sorpresa de muchos, llamó a su madre por videollamada para hacerla partícipe del concierto. “Yo quería ser como Freddie Mercury y ahora hago cosas como estas”, dijo mientras se dirigió al público para que coreasen una de sus canciones. Entre risas, se vio como el pequeño Pablo se ilusionó con tan poco ante su familiar. 

También, bromeó con los fans que le gritaron “¡Te espero aquí!”. Ante esto,  improvisó sobre la marcha pronunciando con un tono picaresco “yo también te espero allí, donde tú sabes”.  Porque ya lo dijo él mismo: “No hay barrera entre el escenario y vosotros” y eso se demostró cada vez que prestó atención a los que tenía enfrente.

Agradecido hasta el cansancio y recordó cuando en una sala solo habían treinta personas para escucharle y por ello, dio gracias a todo el equipo que lo trajo hasta Tenerife: “Coger un avión y encontrarte con esto…”, subrayó emocionado. La noche seguía y seguía y hasta el artista confesó que no se quería ir. Dos palabras, Hijos del verbo amar, El gato o Suplicando también sonaron y fueron coreadas por todo el recinto.

La emoción se sintió desde el primer momento del concierto. Foto: T. F.

Lo saben mis zapatos, a ritmo de timple canario


Luego, inesperadamente, abandonó el escenario y a los minutos, subió a una de las gradas, se sentó en unas escaleras entre el público y explicó que un lutier le había fabricado un timple para él. A continuación, empezaron a sonar los primeros acordes de Lo saben mis zapatos y desde allí con un micro y la voz del público, fue en una única dirección, conjuntando un mismo sentimiento hasta que abandonó la pista cantando hasta llegar al escenario. Una vez allí, interpretó las últimas líneas del estribillo a capela, provocando el silencio absoluto. El concierto fue llegando a su fin y cerró con otra de sus canciones más conocidas, Tu enemigo.

Y así fue como la libertad clavó su bandera y como se prendió el incendio en todas y cada una de las almas que estaban allí esa noche. Es de esos conciertos que sales con las emociones revueltas, con una liberación que rompe barreras porque descalzo o no, Pablo te contagia su dolor, su memoria, sus miedos convertidos en canción y sus ganas de intentarlo cien veces más.

Hay artistas que son música porque son subidas y bajadas, notas desgarradas e infinitos sentimientos enterrados en tinta para luego vivir más allá, en cada uno de los que lo escuchan, a su manera. Porque de este artista no hablan solo sus canciones, también hablan sus gestos, las miradas que recuerdan a las de un niño pequeño que no se cree lo que está viendo e incluso, cada golpe que recibe el piano para acentuar lo que le mueve por dentro.

La conexión del cantante con el público fue total. Foto: T. F.

Las once historias, el mundo y sus amantes inocentes emprendieron un camino hasta aquí. Crecieron, lucharon, vieron el engaño, las necesidades, las verdades. Precisamente la carretera no era corta esa noche pero entre todos, se perdonaron las viejas heridas y así fue la mejor noche de sus vidas. Y sí, Pablo se comió el alma de muchos y dejó en el pecho de otros tantos lo que hizo y como lo hizo llegar. Porque ir cuesta abajo así no cuesta y bajar esa escalera no se convierte en un peligro. Porque con este loco de la música, no pierdes el tiempo como con otro cualquiera y no hace falta despejar dudas para saberlo.

Pero si algo se sabe es que su música te espera aquí, allí y donde quiera que vayas porque no tiene límite, no tiene techo. El patio ya no está tan vacío y más que sirenas, suenan voces al unísono. Una noche fueron treinta y esta semana más de cinco mil. Sigue jugando Pablo, que te dé igual. Ya no lo haces solo.

 

Escribiendo canciones entre otras historias. Detrás de la máquina de escribir o entre las teclas blancas y negras de un piano. El que lo intenta, también gana.

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