La muerte clínica y el subconsciente llevaron a Stoica al mundo artístico. Foto: T. Díaz

Salvado por el arte

Cultura / Ocio

Lugares tan concurridos como la calle Castillo o la plaza de España se llenan año tras año de artistas que cantan, tocan, bailan e incluso, pintan. Nos detenemos a escuchar el sonido de un piano o a ver un buen cuadro, pero desconocemos lo que hay detrás de cada historia, los mil y un motivos que se ocultan tras las personas que actúa en la vía pública, legal o ilegal, no solo por el ocio, sino también, para ganarse el sustento.

Hace más de diecinueve años, en el 2002, la vida de Eduard Stoica cambió por completo. Tras sufrir varios problemas cardiacos a causa de estrés constante, un infarto, hizo que estuviera al límite de la muerte. Veinticuatro horas en coma hicieron llegar el arte a sus manos. Pese a no estar consciente de lo que estaba pasando por su cabeza, asegura que vio la película completa de su vida, su pasado y su futuro.

Cuando despertó de la muerte clínica, todo lo veía con otros ojos, ya no era el mismo, había cambiado por completo. Así que, a pie de calle, comenzó a seguir el camino programado que le fue desvelado. Con un lápiz en la mano y un folio en blanco ya sabe qué tipo de trabajo debe hacer. Vertebra su lenguaje artístico principalmente a partir de señales, visiones y sueños. Sin embargo, asegura vivir entre dos realidades que se reflejan en sus dibujos.

Eduard Stoica lleva catorce años en el arte callejero. Foto: T. Díaz

Su historia como artista comenzó en Rumanía, país que lo acogió años más tarde al nacer, en una pequeña ciudad en el Oeste. En esta etapa, trabajó con metal. La ciudad de Lipopa fue testigo de las primeras exposiciones de esculturas con relieve, difíciles de comprender, que había realizado. Pasaron cuatro años hasta que, en 2007, tuvo la oportunidad de exponer en Alemania.

Su perspectiva en relación con la pintura va más allá. Eduard Stoica afirma que escuchar a su interior espiritual y entrar en contacto con su yo superior lo ayudan a progresar, no solo artísticamente, sino también en lo personal. Su objetivo a través de los dibujos es dar llegar a la gente transmitiendo un código de información encriptado para la humanidad.

Las pinturas canalizadas creadas por él le ayudan a incrementar su vibración al igual que a las personas que lo visualizan.  Para el artista, esta proyección implica que las personas sean capaces de encontrar el programa individual de cada uno con la única intención de cambiar su estado interior.

Y llegó a Tenerife


En 2007 recogió su experiencia dando un giro artístico al dejar la escultura y pasar a la pintura. Un año después se asentó en Nuremberg para, dos años más tarde, recorrer medio Mundo para instalarse en la capital de la isla de Tenerife.

Fue en Canarias donde se dio cuenta de que sus obras no podían ser comercializadas ni distribuidas. Recorrer las infinitas calles de La Laguna y Santa Cruz le hizo darse cuenta de que este era su sitio. Un cambio planteado sin ser esperado hace que Stoica progrese a nivel individual. Alcanzado este peldaño, ha tenido a tiro un nuevo reto, una propuesta artística y espiritual que pone en juego las emociones, lo abstracto y la función de sus manos con la creatividad en sus dibujos.

A partir de entonces, cada mañana monta su particular espacio de pintura al aire libre, en cualquier rincón de las zonas peatonales de la capital tinerfeña. El artista explica que su vida es tan programada como la película The Matrix. A través de experiencias en las que se plantean un flujo de pensamientos, escuchar a tu interior y plasmarlo en el arte hace que haga de su situación creativa un sinfín de mandalas.

Los cuadros de Eduard reflejan el seguimiento de su propio instinto. Foto: T. Díaz

Dibujar en Din A3 con lápices acrílicos y a posteriori imprimirlos en Din A4 para venderlos se ha convertido en la forma más mágica para que Stoica pueda sobrevivir como artista callejero. ¿Cuál es el poder de los colores? Ninguno. Desde que le llega una señal coge un color y pinta, así sucesivamente. Al final, cada una de sus pinturas tiene un carácter definido.

«Cuando me compran una obra es porque cada persona selecciona según su personalidad y visión positiva»


El artista contempla la vida espiritual de la humanidad como una espiral, y con sus dibujos pretende conducir a la gente que se para a ver sus obras hasta lo más alto a través del ejercicio conmovedor del arte. Lo espiritual en el arte es, ante todo, la respuesta personal de cada individuo al elegir cualquier mandala. «Cuando me compran alguna obra es porque cada persona selecciona según su personalidad y visión positiva», refuerza Stoica. Asimismo, asegura recalcando la necesidad de perfilar cada estímulo que le llega de su interior.

Con la llegada de la Covid-19, el arte callejero se paralizó sin saber qué rumbo sería el más adecuado frente a la situación. Para ello no estaba implementada ninguna adaptación. Relata que con la Pandemia y ante la imposibilidad de realizar su trabajo, su mente se bloqueó. Y así siguió. De confinamiento a escalada por niveles, el trabajo en solitario que autocriticó él mismo fue una de las peores cosas que le había pasado.

La situación de bloqueo continuo en su casa durante un largo periodo de tiempo lo aisló completamente de la pintura. Andados los meses, la dimensión de la pandemia se fue abriendo. Su creatividad empeoró, pero, gracias a su escucha con su interior, le permitió tener una visión abierta y dar respuestas diferentes a cosas que se le planteaban.

«Todo esto me afirma con gran firmeza en el conocimiento de mí mismo y el sentido de la vida»


La vida de Eduard Stoica como artista en la isla de Tenerife es una oda a la persistencia y la regularidad que ha terminado por colocarle en el hombre más conocido del arte callejero por los turistas. Así, su presencia en la plaza de España, donde acude cerca del antiguo parque infantil, más concretamente en la Alameda, hacen elevar su autoestima, ya que dice que la gente es, en general, agradable.

Paso a paso, Stoica también puede presumir, ahora, de sus cuadros creados desde su lado humano mental positivo. Su trabajo se ha transformado en una especie de alambre con el otro mundo. Su cambio interno convierte sus manos en magia para seguir llevando su arte. Con la cabeza bien alta señala que «todo esto me afirma con gran firmeza en el conocimiento de mí mismo y el sentido de la vida».