La Unidad de Trasplantes del HUC, pionera de donaciones en Canarias. Foto: A. M.

La donación de órganos, una necesidad solidaria

Sociedad

José Luis Expósito, enfermero y coordinador de la Unidad de Coordinación de Trasplantes del Hospital Universitario de Canarias, se levanta todas las mañanas con el propósito de seguir fomentando las donaciones para que cada año se puedan salvar más vidas. «Si no hay donantes, no hay trasplantes», afirma el profesional, que coincide con el lema que reafirma todo el equipo para conseguir que la ciudadanía se haga donante. Las donaciones han ido aumentando con el paso de los años, gracias al trabajo del personal sanitario que, cada día, promueve el bien que hacen las donaciones de órganos.

Igualmente, este aumento se debe a las numerosas campañas de concienciación que ha puesto en marcha la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). José Luis Iribarren, médico y coordinador de la Unidad de Trasplantes del HUC, aclara que «poco a poco somos más conscientes del bien social que suponen las donaciones de órganos». Gracias a todas esas personas que participan en el proceso, el pasado año 2019 volvió a aumentar el nivel regional hasta situarse en 50,6 donantes por millón de habitantes.

Aunque pueda parecer un simple proceso en el que un órgano de una persona es trasplantado a otra, si se mira desde dentro se puede apreciar el gran trabajo que hay antes y después de la operación. Además, gran parte de este procedimiento, que envuelve a la cirugía, es llevado a cabo por los coordinadores. Con el trabajo de todo el personal médico, el año pasado se llegaron a salvar a 183 pacientes y se realizaron 120 intervenciones.

José Luis Expósito, coordinador del área de Trasplantes del HUC. Foto: A. M.

«Es un proceso duro y frío, ya que los familiares se encuentran en un estado muy delicado»


Si durante el periodo previo a la operación surgen complicaciones que puedan hacer que el paciente no esté preparado para el trasplante hay que buscar con rapidez otro enfermo que sea compatible con el órgano donado. El procedimiento para llevar a cabo un nuevo trasplante es un proceso igual de duro para las personas afectadas que para el equipo que lo pone en marcha. No obstante, en muchos casos, puede ser mucho más duro para el personal de la salud, con un trabajo muy sacrificado y en el que tienen que saber controlar los sentimientos.

Los trasplantes de órganos son cirugías que pueden considerarse programadas desde el punto de vista del acto quirúrgico, aunque pueden surgir cambios o contratiempos de última hora, pero no así para el paciente, al que no se le avisa de «hoy para hoy». José Luis Iribarren explica que «un paciente puede ingresar en situación de evolución hacia la muerte encefálica y que haya que acelerar todo el proceso sobre la marcha». La labor de la coordinación dentro de cada caso de trasplante suele comenzar con anterioridad a la operación.

El equipo de coordinación es el encargado de la detección de donantes, es decir, son los encargados de buscar posibles órganos de pacientes enfermos o que se encuentren a punto de fallecer. Por lo que se tienen que acercar a los familiares para pedirle los órganos del paciente. Expósito aclara que es la parte más dura y fría, ya que los familiares se encuentran en un estado muy delicado. No solo tienen que tener la sangre fría para poder afrontar este acontecimiento, sino que el personal de coordinación, en muchos momentos, tiene que tragarse los sentimientos para poder llevar su labor de la mejor forma posible.

«El resto del equipo y yo hemos llorado en muchas ocasiones», asegura José Luis Expósito. Lo que reafirma que el personal sanitario, a pesar de su valentía, también sufre, como todos los seres humanos. Después de este acontecimiento, las fases posteriores suelen ser más relajadas y en ellas los sentimientos no están tan a flor de piel.

Cuando se han realizado todos los trámites legales y administrativos, y los familiares han dado su consentimiento, se comienza con el proceso de extracción de órganos. En esta fase se avisa al personal médico encargado, se preparan el equipo sanitario y los quirófanos para poder examinar y extraer los órganos que pueden ser válidos.

«Se puede ver como la vida puede cambiarte para siempre»


El coordinador de la Unidad de Trasplantes concreta que esta es la parte más bonita del proceso porque se puede apreciar que con esos órganos se va a poder salvar la vida de otras personas que lo necesitan. Durante los procesos de donaciones, los profesionales viven una parte negativa, ya que ven a los familiares tristes y dolidos por la pérdida. Pero también viven la parte positiva, ya que ven como esos órganos pueden darle una segunda oportunidad a personas afectadas que llevan mucho tiempo esperando su momento. En 2019, gracias a los trasplantes, 147 receptores pudieron recibir un riñón «nuevo». José Luis Iribarren comenta que «España está a la cabeza de donaciones a nivel mundial pero la demanda sigue siendo muy elevada y las listas de espera crecen».

A su vez, están las donaciones de donante vivo, es decir que la persona que dona un órgano lo hace de manera altruista y, en este caso, toda la logística del trasplante sí se lleva a cabo de forma programada. En este caso, se puede comprobar la humanidad de la persona sana que dona uno de sus órganos para que otra enferma pueda sobrevivir.

Uno de los casos que ha llamado la atención al equipo de trasplantes del HUC es el de una persona que se dirigió a Coordinación para obtener información sobre la lista de espera para un trasplante de corneas bilaterales para su hijo, el cual había tenido que dejar los estudios y las prácticas por la falta de visión. A pesar de que este tipo de trasplante de tejidos no es vital, como puede serlo el de órganos, si que puede mejorar la calidad de vida de las personas, como en el caso de este joven. José Luis Expósito declara que «se puede ver cómo la vida puede cambiarte para siempre».

Otro caso llamativo es el de una mujer joven que se presentó en el hospital con el propósito de donar uno de sus riñones para que se lo pudieran trasplantar a un paciente compatible, el mayor acto de generosidad que han visto en mucho tiempo, y que sigue siendo muy recordado por todo el equipo de trasplantes. Hoy en día, se siguen preguntando cuál sería el motivo de ese gesto que le ha dado una segunda oportunidad a un paciente.

A pesar de convivir diariamente con situaciones similares, José Luis Expósito confirma que para el personal sanitario siguen siendo unas circunstancias bastante duras.

La preparación psicológica previa


Detrás de cada caso clínico hay un largo trabajo para sacarlo adelante, no tanto para la cirugía en sí, como para afrontar todo el proceso de enfermedad crónica-necesidad de un trasplante. Se podría dividir en cinco fases:

En la primera, el equipo médico define las posibilidades reales de que el paciente pueda ser sometido a un trasplante. A partir de este criterio se inicia el proceso de atención psicológica al receptor. La siguiente fase es la adecuación de expectativas del paciente a las posibilidades reales, es decir, explicarle de manera comprensible el por qué de un trasplante, el grado de participación que se requiere de él en este proceso, las modificaciones del estilo de vida y la importancia del apoyo familiar.

En la tercera fase, cuando se concreta que es posible el trasplante, comienza el proceso de evaluación psicosocial del candidato, para detectar psicopatologías significativas o dificultades de afrontamiento de la enfermedad y del trasplante, y poder ofrecerle las intervenciones psicoterapéuticas oportunas. Los resultados se informan al jefe del equipo médico.

La cuarta, se corresponde con el periodo de espera. Se realiza la preparación para el trasplante y la adecuación de expectativas en cuanto a su concreción, teniendo en cuenta las demoras que muchas veces se producen debido a lo difícil que se torna obtener el órgano, lo cual acarrea alteraciones emocionales y desajustes en el comportamiento. Si el paciente es portador de algún hábito tóxico, este debe ser tratado, ya que puede acarrear desfavorables consecuencias para su evolución, incluso, contribuir al fracaso terapéutico.

Finalmente, cuando se acerque el momento del trasplante se debe hacer la psicoprofilaxis quirúrgica, es decir, dotar al paciente de las técnicas elementales para el control de las emociones, reforzar la necesidad del autocuidado personal y lograr la participación del paciente en el proceso.

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