Según Unicef España, el 42 % de los adolescentes reciben mensajes de contenido sexual. Foto: M. Castellano

El retroceso a un clic de distancia

Sociedad

Por desgracia, la mujer siempre ha estado sometida desde los inicios de la humanidad a la discriminación y puesta en duda de su valor y trabajo. La figura femenina siempre se ha relacionado con el eslabón débil y delicado. Con la oleada feminista, las sufragistas, El segundo sexo de Simone de Beauvoir y otras muchas batallas durante décadas habían resultado en un siglo XXI dónde la mujer ya no era un ser inferior, y dónde las ideas arcaicas e irracionales iban a quedar olvidadas.

Sin embargo, en plena era digital, con información al alcance de todas las personas y una interconexión masiva, lo que miles de mujeres consiguieron está quedando anulado. Vuelven las tendencias misóginas y las nuevas generaciones, lejos de crecer en un clima libre y respetuoso, se están desarrollando en un mundo paralelo en el que la sobreinformación y la continua digitalización está deformando todo el entramado de igualdad que tanto tiempo había costado construir.

La digitalización y el rápido avance de las nuevas tecnologías ha cambiado totalmente nuestra forma de vida. La comunicación prácticamente instantánea a través de las redes sociales ha transformado el panorama social. Antes los niños y niñas salían a la calle, jugaban al escondite o al pilla-pilla, ahora se conectan en sus casas a las videoconsolas y chatean en foros online y plataformas de streaming. Aprovechan cualquier momento para conectarse a sus móviles y compartir su vida en redes sociales.

Unos espacios virtuales de conexión y encuentro que usados de la forma correcta pueden ayudarnos a mejorar nuestras relaciones y a ampliar nuestros conocimientos. Pero también son sitios donde se pueden ver, crear y compartir cualquier tipo de contenido de forma libre y anónima, sea bueno o malo. A golpe de clic poseemos un mundo ilimitado de información.

La pornografía comprende la producción, distribución y comercialización de material gráfico y audiovisual de actos sexuales en cualquier soporte. Este tipo de industria ha existido desde hace mucho tiempo, sin embargo con el avance de las redes sociales y la digitalización ha experimentado grandes cambios erigiéndose en una de las industrias que más dinero mueve en el Mundo. Un catálogo de cuerpos con diferentes temáticas libre y gratuito desde cualquier dispositivo con  internet, y con omnipresencia, pues aparecen mientras navegamos en publicidades o ventanas emergentes cuando n0 es lo que estamos buscando.

Una ventana virtual a la violencia y la explotación


Para las generaciones más jóvenes la libertad de difusión de este tipo de contenidos supone un alto peligro en su desarrollo cognitivo y en la estructuración y fundamentación de sus valores morales, pues el porno actual presenta una imagen degradada y cosificada de la mujer con altos grados de violencia y bajo un paradigma machista. La pornografía adquiere un efecto socializador que establece un modelo de relaciones en el que se normaliza y erotiza la violencia contra las mujeres. En edades tempranas y sin una educación sexual correcta, se convierte en el principal maestro.

En España la media de edad de comienzo en el consumo de pornografía está entre los 8 y 11 años, además las horas de exposición a este tipo de vídeos se incrementaron durante el confinamiento. «La pornografía es un activador de la prostitución», explica Mabel Lozano, escritora y activista en defensa de los derechos de la mujer. A través de las redes sociales y plataformas populares como Onlyfans se producen entradas solapadas a esta industria. Muchas chicas reciben mensajes de desconocidos con propuestas de trabajo como CamGirls, Sugarbabys, etc.

Lozano cuenta que la mayoría de jóvenes aceptan estas propuestas por que no conocen el peligro que esconden detrás. Pues trabajar a través de redes sociales es «fácil, inmediato y rápido», además de parecer inocuo al tratarse de nuestros propios dispositivos. La también cineasta llevó a cabo una campaña a través de la famosa plataforma TikTok para advertir de la estrecha relación que puede haber entre la pornografía, la prostitución y las redes sociales. Con el hashtag #TikTokTrata y la colaboración de la influencer española @marlucas difundieron testimonios reales de como a través de estos medios se puede llegar a ser víctima de explotación sexual.

Por otro lado, Paula Roldán, psicóloga especialista en adolescencia, juventud y violencia de género explica en la investigación La presencia de los modelos tóxicos de sexualidad en la adolescencia que la fórmula de éxito de las redes sociales y el porno es la misma: la saturación de contenidos. Aprendemos bajo repetición, y este tipo de sitios nos quita poder de decisión y modulan la imaginación y el deseo de tal forma que hacen de anestesia a la violencia.

«La ósmosis hoy en día es internet», declara Roldán. Aunque las pantallas parezcan inofensivas no lo son. Bajo la falsa premisa de exclusividad, proximidad e intimidad nos brindan una falsa sensación de seguridad que nos hace confiar e ignorar los peligros que el mundo digital esconde.

Un vídeo de una violación colectiva supera las 225 millones de visitas. Foto: M. Castellano

Además, Pilar Rumeu, periodista e influencer, narra que desde su postura como figura pública, pero también como madre de una adolescente, percibe que las redes sociales están estereotipando a las personas, y que se está extendiendo el mismo prototipo y canon de belleza entre la juventud. También critica la tendencia a informarse de primera mano de estas fuentes y como mucha de la información allí encontrada puede distorsionar negativamente nuestra percepción en asuntos de gran relevancia.

«La sexualidad en los hombres se construye desde el poder y al puro estilo de la pornografía», afirma Mabel Lozano. A través de imágenes perversas de humillación y como si de un supermercado de cuerpos se tratase, quiénes no saben sobre el tema recurren a la pornografía, y esta se convierte en la escuela que no está en los hogares. Ya es una adicción que antes no existía y que está dejando víctimas a ambos lados de la pantalla.

Cada vez son más los casos de delitos sexuales cometidos por menores y en los que se emplean prácticas muy similares a las realizadas en este tipo de cinematografía. Aunque por desgracia los crímenes sexuales siempre han existido, hay una fecha clave en la que estos se incrementaron masivamente en España. La madrugada del 7 de julio de 2016 un grupo de hombres que se hacían llamar a sí mismos como «La Manada» violaron de forma colectiva a una chica. Después de este suceso han habido más de 200 manadas en España, y en 2019 uno de los vídeos porno con más visualizaciones fue el de una violación grupal.

En la industria este tipo de práctica es conocida como gangbang, y es una de las categorías más visionada. A través del aumento de este tipo de delitos se ve de forma clara el efecto socializador de la pornografía y como va en crecimiento por la carencia de restricciones y acceso a las tecnologías. «La pornografía se ritualiza en las calles», añade Lozano. Establece un modelo social en el que es imposible llevar relaciones igualitarias, normaliza la violencia y deja las necesidades y el disfrute de las mujeres en un segundo plano.

«La pornografía es la teoría, y la violación, la práctica»


Ya lo predijo la escritora feminista estadounidense Robin Morgan: «La pornografía es la teoría, y la violación, la práctica». El rápido y fácil acceso mediante internet a contenidos explícitos está creando una falsa concepción en la juventud acerca de la figura femenina, las relaciones y el sexo. Introduce en las mentes más jóvenes que a través de la violencia sus principales deseos quedarán satisfechos, e ignoran cualquier premisa de consentimiento y empatía.

Estamos ante una pornificación de la cultura, cualquier entorno mundano está siendo cosificado y sexualizado. Jorge Gutiérrez, periodista e impulsor de Dale una vuelta, asociación que ofrece información sobre la pornografía y sus efectos, explica que el concepto «porno» ha acaparado muchos ámbitos de nuestras vidas, y que podemos verlo hasta en las más inofensivas fotos de cafés o comidas acompañados de los populares hashtags #coffeporn, #burguerporn…

Toda esta corriente superficial ha vuelto a la sociedad humana seres consumistas capaces de comercializar y cosificar cualquier cosa. Está altamente normalizada la hipersexualización femenina y su posterior mercantilización. Ya no solo en las industrias de contenido explícito, sino en el cine, la publicidad, los juguetes, la moda, la música… Un fenómeno que con las redes sociales se propaga a una velocidad imparable y contagia de manera casi irreversible las ideas de quienes aún están en pleno desarrollo intelectual.

Asimismo, las nuevas corrientes musicales de reggaetón y trap, lejos de únicamente cumplir la función de ambientar fiestas y discotecas, están terminando de asentar estas falsas ideas en la mente de sus oyentes, principalmente jóvenes. Videos musicales en los que solo aparecen mujeres hipersexualizadas acompañados de letras ofensivas y violentas sobre la capacidad de conquista por parte de los hombres y el excesivo deseo y lujuria de ellas.

En definitiva, el paradigma digital ha creado un nuevo problema al que enfrentarnos. La abundancia de la hipersexualización en todos los ámbitos de nuestra vida está dejando consecuencias irreversibles y graves conflictos sociales. Las infancias están quedando marcadas permanentemente y con solo deslizar el dedo en la pantalla el mundo de color, fantasía e imaginación que caracteriza la niñez se convierte en la oscura realidad del machismo, la violencia y el miedo. Una falsa realidad en la que el género femenino es el peor parado, dónde años de lucha quedan tirados a la basura y solo nos queda la alternativa de emprender una nueva batalla en la que aún no poseemos las armas suficientes.

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