Estatua romana de mármol con escritos latinos. Foto: PULL

El desprecio a una lengua madre

Opinión

«El latín no sirve para nada», «es una lengua muerta» o «no voy a usarlo en mi día a día». Estas son algunas de las frases que más escuchamos cuando a alguien se le propone estudiar latín o se le pregunta sobre él. Cuando una persona decide escoger esta asignatura en el instituto puede llegar a sentir las miradas insólitas del conjunto de la clase, como si de un ovni se tratase. Querer estudiar latín tiene, aún, un gran estigma. Para quienes no lo sepan, el latín es una lengua romance de la rama itálica que se habló en la Antigua Roma, la cual entró en desuso paulatinamente.

Quien piense que el latín está muerto, con todos mis respetos, no tiene la más mínima idea de lo que dice. Es un hecho que es una lengua que no se habla en el día a día ni es el idioma oficial de ningún país del Mundo, pero eso no quiere decir que no sea útil. ¿Un claro ejemplo? Nuestro idioma. Como hemos dicho antes, el español surgió a raíz del latín, por lo que la gran mayoría de su vocabulario proviene de él e incluso, expresiones latinas que utilizamos diariamente y que a lo mejor no teníamos ni idea de que son una herencia del pasado.

Algunas de las expresiones más conocidas son «a priori», «alter ego», «in vitro», «pódium» o «grosso modo», entre muchas otras más. Además, el latín sigue estando presente en bastantes ámbitos de la sociedad. Se usa como lenguaje litúrgico en la Iglesia Católica, en aspectos científicos para nombrar flora y fauna, en publicaciones médicas y en el mundo del Derecho y la abogacía. Seguramente, en este momento muchas personas se queden perplejas al conocer estos datos.

«Era la única persona de mi clase que lo veía útil y valioso»


Ese rechazo del que hablábamos al principio lo he vivido en primera persona. En el instituto tuve la suerte de poder cursar un año de latín, una lengua que me sorprendió e interesó en todos los sentidos. Era la única persona de mi clase que lo veía útil y valiosa, pues es fascinante darte cuenta de cómo la lengua está camuflada e introducida completamente en el castellano. Aprender que la raíz de una gran variedad de palabras del español es latina me produce una curiosidad enorme que me anima a querer saber más y más.

La solución para que el alumnado deje de despreciar esta lengua es la educación y la información. No se puede consentir que el estudiantado no elija esta optativa porque piense que malgastará su tiempo. El latín seguirá, quieran o no, incrustado en nuestras palabras, en nuestra lengua y en nuestra cultura.

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