Desconocer las normas hace que las agresiones al equipo arbitral sean cada vez más frecuentes. Foto: PULL

Colgarse un silbato

Opinión

La figura del estamento arbitral en el baloncesto siempre ha estado sometida a juicio. No estamos descubriendo la pólvora ni mucho menos. Probablemente, por el desconocimiento de las reglas o por fanatismos del público a la hora de visionar un partido. Formar parte del equipo arbitral no es fácil. La complejidad del trabajo de las personas con silbato en mano o boca, cuya función es velar por el correcto funcionamiento de un partido y que las reglas se cumplan, oculta un fondo de armario que va más allá.

Colgarse un silbato no es solo soplar para sancionar cuando se observa una acción ilegal. El verdadero arbitraje es aquel que se realiza de forma inadvertida y preventiva, es aquel en el que tanto público como integrantes de los dos equipos no recuerdan las decisiones tomadas al finalizar el partido.  Quienes se dedican al arbitraje son plenamente conscientes de que su trabajo siempre estará bajo tela de juicio. Por eso, es indispensable que sepan convivir con el error y saber que su labor, normalmente, no se verá reconocida.

La presencia de un estamento arbitral es esencial para el correcto desarrollo de un partido. La desinformación que poseen, tanto clubes como familias, es la principal causa de agresiones físicas o verbales que, por desgracia, se ven cada fin de semana en campos de fútbol y pabellones de todo el País. El pasado noviembre la árbitra de baloncesto gallega Paula Lema se vio obligada a parar un partido de Liga Femenina Endesa por una agresión verbal de carácter machista («¡Vete a limpiar!») proferido por un aficionado.

«La árbitra de baloncesto gallega Paula Lema se vio obligada a parar un partido por una agresión verbal de carácter machista»

Parece que el colectivo arbitral sigue y seguirá siendo siempre el causante de las derrotas. Tópicos como: «Pitaron mal», «Me cogieron la matrícula» o «Pita igual para los dos lados» son recurrentes a la hora de arbitrar los partidos. La culpa siempre recae sobre quienes dictaminan y no sobre los aspectos negativos que los equipos llevan a cabo. Todo por no estar de acuerdo con una toma de decisiones que, en la mayoría de los casos, es regla desconocida para el público.

Aunque la labor arbitral es cada vez más reconocida, desde el colectivo también se debe hacer autocrítica para ver en que se está fallando y qué aspectos generan desconfianza.

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