Abubukaka está conformado por Carlos Pedrós, Amanhuy Cala, Víctor Hubara y Diego Lupiáñez. Foto: NBDV

De una situación dramática al humor

Cultura / Ocio

Abubukaka arrasó entre su público ayer sábado, 13 de marzo, con la función La cama en el Paraninfo de la ULL. En dos sesiones a las 18.30 y 20.30 horas, la asistencia esperaba con ganas el momento del inicio, y es que el humor crítico tan canario y característico de este grupo teatral es parte de la vivacidad de La Laguna. Al terminar, las personas que llenaron el aforo permitido por la Covid-19 se levantaron de la butaca para aplaudir. Pese a la distancia de seguridad, Abubukaka consiguió hacer llegar con cercanía, por medio de la sátira, un mensaje claro: la migración es un derecho, y el llamado primer mundo es racista e inhumano.

La función giró en torno a una cama, que también sirvió de patera, mesa, muralla y escenario giratorio. Durante todo el espectáculo, un musical de hora y media, las risas no cesaron. Y es que, pese a que su mensaje encierra duras y profundas críticas sociales, no recurren al dramatismo o la pena exagerada. En su lugar, defienden un humor que hace llegar sus palabras mucho más profundo. Con decorados minimalistas y monocromáticos, dejan a un lado los adornos ostentosos y recargados. No los necesitan. Con cartones pintados, maquillaje, ropas, pelucas y, por supuesto, una cama, ya tienen de sobra.

Una crítica transversal


El espectáculo daba comienzo con una canción: «Para dormir bien, hace falta una cama». Con la temática de la migración, y con el telón de fondo de la actual crisis migratoria en Canarias, se puede intuir qué palos tocaron. Efectivamente, se habló de pateras, la voluntad de viajar a Europa para trabajar y del campamento para migrantes de Las Raíces. Pero lejos de quedarse en ese aspecto, a lo largo de la función se representaron escenas de personas mexicanas, sirias y africanas. Y es que, aunque en los últimos años, y sobre todo los últimos meses, se esté hablando más sobre migración, es un fenómeno constante que se repetirá cíclicamente siempre que exista un primer y un tercer mundo.

Las escenas sobre la llegada de migrantes del continente africano comienzan en la patera para culminar con la espectacularización en concursos y programas televisivos. El migrante consigue que sus tres couches se den la vuelta: la Muerte, el empresario y la Guardia Civil. Lo quieren en su equipo. Al final, termina envuelto en un programa para casarse con un español, voluntario del público, entre comentarios homófobos y racistas del cura y el presentador. Pero al no conseguir su propósito, muere solo.

En Siria, mientras, se toman un chupito por cada bomba que destruye un edifico durante una cena sin comida. Ya borrachos, se dirigen al público en uno de los poquísimos momentos en los que se deshacen de todo humor: «Lo hemos perdido todo: nuestras casas, nuestros seres queridos y nuestros recursos». Pero no tardan en hacer reír de nuevo al público hablando de tweets machistas que reclaman la pertenencia de las mujeres españolas a los hombres españoles. Al término de la escena, uno de los sirios es alcanzado por una bomba, y también muere.

En México, con mariachis narrando, un hombre trata de cruzar entre disparos la frontera de Estados Unidos para llegar a un país donde no es bienvenido. Así lo expresa otro actor, disfrazado de Donald Trump, sacando morros con un tupé amarillo. Como en los otros dos casos, el migrante acaba muriendo; en este caso, alcanzado por una bala.

Pero la política española también es criticada: el alcalde, por ser alcalde, no puede ser sospechoso de ningún crimen; eso sí, es un experto en sacarse fotos. La función termina con el mismo alcalde tratando de dormir. Pero justo al final, un segundo antes de apagarse las luces, se desvela. Como dice la canción que abre y cierra la actuación: «Para dormir bien, hay que tener la conciencia tranquila». Y con una persona siria, otra mexicana y otra africana, todas ellas muertas, y rondando alrededor de su cama, no puede tener la conciencia tranquila.

Autora de la novela Vida (2020) y de muchos poemas y microrrelatos. Algunos de ellos son Invasión neocolonial, Un globo a China y La bruja del pueblo, ¡qué arda en la hoguera! También bailo y disfruto de toda buena comida. Un fisco canaria, una mica catalana.

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