Natalia Kvasnytsia ya ha recaudado más de mil euros para ayudar a su país natal. Foto: L. Rodríguez

Alfajores por Ucrania

Solidaridad

«Mi padre y mi madre están en Ucrania y duermen con la ropa puesta en los sótanos por si tienen que escapar»

La vida de Natalia Kvasnytsia, ucraniana asentada en Tenerife, dio un vuelco de 360 grados el pasado 24 de febrero. Sin embargo, al día siguiente del comienzo de la invasión rusa en Ucrania, no quiso quedarse de brazos cruzados y, sin pensarlo dos veces, comenzó a vender alfajores caseros en su cuenta de Facebook para donar dinero a su país natal. Ahora, la iniciativa sigue en marcha y ya lleva recaudados más de mil euros. Lo que empezó siendo un pequeño gesto solidario caló en las casas del pueblo tinerfeño y acabó haciéndose eco entre la población del Archipiélago.

«Llega un momento en el que te da igual todo. No sé en qué día estoy, ni siquiera qué hora es», comenta al mismo tiempo que no logra asimilar lo que está viviendo. Cuenta que todos los veranos vuelve de vacaciones a su tierra natal con su familia y expone lo que una amiga le hizo reflexionar hace unos días: «Imagínate que eso pasa mientras estamos en Ucrania, no podríamos salir ni volver a Tenerife, donde ya hemos construido una nueva vida. Solo decides irte de vacaciones para disfrutar y reencontrarte con tu gente y, en un segundo, un misil puede alcanzarte y provocarte la muerte».

La solidaridad, la mejor arma para Ucrania


Kvasnytsia relata que la mañana después de comenzar la invasión rusa a Ucrania despertó pensando en hacer algo por ayudar a su gente y a su nación. «Como mi verdadera pasión es la repostería y suelo cocinar tartas, opté por la elaboración de alfajores. Mi corazón me decía que actuase por mi país con mis propias manos, así que decidí subirlo a Facebook animando a la población tinerfeña a que colaborara. Solo tenía que comprarme los dulces a 1,15 euros la unidad», explica mientras recalca que el dinero lo está «ingresando directamente por transferencia a la cuenta oficial que el Gobierno de Ucrania tiene abierta para recibir donaciones económicas».

Kvasnytsia no pensaba que su idea tendría tanta repercusión, pues a las horas siguientes de publicarla no paró de recibir notificaciones con pedidos. «La gente de aquí es muy comprensiva y me suelen ayudar muchísimo, pero no me esperaba este aluvión de solidaridad. La semana pasada recaudé 420 euros solo en dos días», manifiesta con gratitud, aunque para ella esté siendo más complicado de lo que creía, ya que solo tiene un horno pequeño y es un trabajo que requiere mucho tiempo.

No obstante, opina que así se siente, de alguna manera, involucrada en esta lucha. «No se puede hacer mucho, pero por lo menos contribuyo con lo mejor que sé, las excusas en estos momentos no son válidas», sostiene.

Los alfajores que elabora Natalia Kvasnytsia en su casa. Foto: L. Rodríguez

«Le pido a la gente de las Islas que nos ayuden»


Natalia Kvasnytsia, quien además es exjugadora profesional del Club Voleibol Aguere y del Haris, anima a la ciudadanía y a las asociaciones españolas y autonómicas a que se impliquen: «Le pido a la gente de las Islas que nos ayuden, con lo que sea, pero participar o manifestarse». También añade que con pequeños granitos de arena se pueden hacer muchas cosas por la población de allí. «Hay que ser personas solidarias porque a lo mejor nos puede tocar el día de mañana. No sabemos si podemos colaborar demasiado con ello pero poco es más que nada, ya quedó demostrado en la reciente erupción del volcán de La Palma», recuerda.

«Ojalá pudiera estar más cerca. Si estuviera por ejemplo jugando en Polonia, o en la Península, cogería el coche e iría sin pensármelo», explica mientras su preocupación aumenta al tener que tomar la decisión, junto con su marido, de quedarse con sus hijos o regresar a Ucrania.

«Es triste saber que puedes morir de esta manera»


Aunque ella se encuentra en Tenerife, relata la dura situación que vive su familia desde el inicio de la invasión rusa en el país. «Mi padre y mi madre duermen todos los días en el sótano de su edificio. Además, siempre llevan la ropa puesta por si tienen que escapar corriendo. Sé que mi madre no va a tener tiempo de bajar cuando tenga que salir de allí, ya que vive en un quinto piso y tiene obesidad».

De igual forma, le informan de que hay muchos soldados rusos infiltrados. «Ellos no llegaron ahora, vinieron hace meses a marcar cruces en las calles para los misiles. Cuando vives así no te das cuenta, pero se pueden ver perfectamente con pintura fluorescente por las noches. Imagínate lo que descubrimos», comenta, añadiendo que todas las ciudades ya forman parte de la defensa territorial de la nación.

Si bien es cierto que a su familia no le ha pasado nada todavía, admite que está pasando por un momento muy difícil y que su cabeza se encuentra a seis mil kilómetros de aquí. «Es triste saber que puedes morir de esta manera», añade.

«No dejen de aprovechar la vida al máximo por planificar un futuro incierto e imprevisible»


Kvasnytsia señala con estupor que la ciudadanía ucraniana no pensaba que iba a llegar la guerra. Además, insiste en que para Rusia «Ucrania es una mina de oro», y que el problema principal no reside en su tierra. «No puede ser que todo el mundo dependa de una sola persona. Las armas nucleares que ahora tiene Rusia son nuestras y con esto nos atacan», manifiesta, sintiéndose impotente al pensar que «lo que se está produciendo es una verdadera masacre».

Por último, Kvasnytsia reflexiona sobre su pasado y confiesa con voz entrecortada que el país de su infancia ya no será el mismo. Aun así, no se marcha del encuentro sin dejar algún consejo para las «personas afortunadas» que hayan tenido la suerte de no haber experimentado alguna situación parecida: «Vivan la vida y disfruten de los pequeños momentos del día a día, no dejen nunca de aprovecharla al máximo por planificar un futuro incierto e imprevisible».

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