La tarde del veinticuatro de abril de 2026 quedará marcada en la historia deportiva de la Universidad de La Laguna. Entre las 16.30 y las 20.00 horas, el Pabellón Central de Deportes de la ULL recibió una nueva edición del Torneo Intercolegial de fútbol sala, donde el Colegio Mayor San Fernando se proclamó campeón tras imponerse a la RUPI en una final intensa y llena de emoción. En la jornada participaron las residencias Parque de las Islas, «RUPI», el Colegio Mayor Santa María, el Colegio Mayor San Agustín y el Colegio Mayor San Fernando en una jornada cargada de intensidad, emoción y goles.
El formato, compuesto por unas semifinales, tercer puesto y la gran final, se disputó con una novedad importante: partidos de dos partes de diecisiete minutos cada una y la final de veinte minutos, ampliando la duración con respecto al año pasado, lo que terminó influyendo en el desgaste físico de los equipos.
La primera semifinal inició a las 16.35 horas, y enfrentó al Colegio Mayor San Agustín, vestido de rojo, contra el Colegio Mayor San Fernando, vestido de naranja. El equipo naranja mostró una clara superioridad desde el principio, ganando el partido por seis a tres. A pesar, de desperdiciar numerosas ocasiones por exceso de confianza, San Fernando dominó el encuentro y selló su pase a la final por tercer año consecutivo, eliminado además al vigente campeón.
Poco después, sobre las 17.20 horas, arrancó la segunda semifinal entre el Colegio Mayor San Agustín, equipados de azul, contra la RUPI, equipados de violeta. El partido comenzó con un ritmo frenético y un gol tempranero del equipo azul, pero los cambios reactivaron a la RUPI, que logró remontar el partido antes del descanso. En una segunda mitad marcada por el cansancio, el partido se abrió y terminó con un cuatro a dos favorable para el equipo violeta, que regresaba a una final dos años desde su último título.
Antes del duelo decisivo, Santa María y San Agustín se disputaron el tercer puesto en un encuentro igualado e intenso, donde incluso surgieron roces entre jugadores. El marcador acabó uno a uno, lo que llevó el partido a los penaltis, donde tras el fallo del penalti decisivo del Colegio Mayor Santa María, se proclamaría al Colegio Mayor San Agustín como tercer clasificado del certamen.
La gran final sería, sobre las 18.40 horas, entre la RUPI y el Colegio Mayor San Fernando, la misma final que hace dos años. Una primera parte marcada por los nervios y la cautela haría que el encuentro se fuera al descanso con un empate a uno.

El segundo tiempo fue totalmente distinto. San Fernando salió decidido y logró la remontada, desatando la euforia de la grada. Sin embargo, la RUPI respondió con rapidez para poner el dos a dos en el marcador. Fue entonces cuando el partido llegó a su momento clave: en menos de cinco minutos, San Fernando anotó tres goles consecutivos que dejaron tocados al equipo violeta.
La RUPI lo intentó con todo, pero por el cansancio y el acierto de los uniformados de naranja complicaron todo. Con un marcador de siete a dos y poco tiempo por delante, el partido parecía sentenciado, pero una expulsión de un jugador de San Fernando introdujo una regla novedosa del torneo: el equipo rival sumaba automáticamente un gol. Esto dio esperanzas a la RUPI, que recortó distancias hasta el siete a cinco, incluyendo un gol desde el punto del doble penalti.
A pesar del empuje final y dos ocasiones claras, un disparo al palo y una gran intervención del equipo rival, la RUPI no consiguió empatar el partido. El pitido final confirmó como campeón al Colegio Mayor San Fernando, que tras tres finales consecutivas conseguían al fin el premio deseado.
«Estos torneos son una joya del deporte universitario y deben seguir creciendo»
Más allá del resultado, el evento destacó por su ambiente. Jesús Figueroa, organizador del equipo arbitral de la Universidad de La Laguna, señalo el valor social del campeonato. «Es un ambiente magnífico donde se juntan distintas edades y culturas. Además, es un fútbol mixto, con participación femenina, y eso lo hace aún más especial. Estos torneos son una joya del deporte universitario y deben seguir creciendo».
Por su parte, Santiago Serrano, portero del equipo campeón, también valoró su experiencia. “Ha sido un torneo muy divertido. Las emociones están a flor de piel, pero ha habido respeto entre todos. Lo mejor es juntar a las residencias, porque normalmente estamos separados, y esto hace que todos convivamos más”.
Una jornada de fútbol sala que no solo dejó goles y espectáculo, sino también convivencia, pasión y una merecida celebración para el ganador que, esta vez sí, logró romper su maldición.










