La música y la performance son los compañeros de su creación artística. Foto: A. Fernández

‘La Ruta del Libro’ acoge la performance y poesía de Victoria Gil

Cultura / Ocio

La escritora y artista escénica Violeta Gil conquistó el pasado jueves, 23 de abril, a quienes asistieron a su espectáculo Anatomía de una biblioteca. Este fue celebrado en la Biblioteca Municipal de La Laguna con motivo del programa La Ruta del Libro. A las 19.00 horas, la creadora presentó una función en la que indaga sobre temas como el amor, las relaciones o la propia escritura. La lleva a cabo apoyada solo en su elocuencia y una cercana puesta en escena, que entrelaza poesía y performance. La conexión con el público se convirtió en uno de los ejes del evento.

La bienvenida a la poeta corrió a cargo de Patricia Figuero, también poeta, quien lanzó una cuestión: «La poesía está en todas partes, ¿alguien sabe dónde está la poesía?». En ese momento, varias personas repartidas a lo largo de la sala recitaron fragmentos de poemas. «Yo no quiero morirme sin que la poesía me haya amado», entonó un pequeño coro desde el fondo, creando una atmósfera participativa que marcó el entorno de la celebración.

«La literatura me ha salvado de muchas cosas»


Emocionada por este inicio, la artista aprovechó para contextualizar su obra y trayectoria. Desde la infancia mantuvo una cercana relación con la literatura. En el pequeño pueblo leonés en el que vivía no había biblioteca, pero los libros llegaban a través de una biblioguagua de la que ella y su hermano tomaban préstamos todos los meses. «La literatura me ha salvado de muchas cosas», confesó. Esta vocación no solo la ha marcado a nivel emocional, sino que también ha modificado su experiencia vital, pues se encuentra en Tenerife haciendo una residencia de escritura.

De este recorrido nacen los escritos que conforman este espectáculo, basado en poemas de sus libros Antes de que tiréis mis cosas y Andábamos maravillados. La escritora se entusiasmó reconociendo que su mejor forma de crear es acompañada principalmente de su compañía teatral La Tristura. «Invoco a algunas poetas para que me acompañen», contó. Las referencias e inspiraciones supusieron para ella una pieza fundamental en sus creaciones, junto con la producción de manera colectiva. Esta devoción por la creación conjunta la llevó a crear una puesta en escena con las composiciones del músico y actor Marcos Nadie. Entre «canciones robadas» y piezas creadas concretamente para la presentación, Gil incluyó a las melodías como un elemento más de su escritura.

«Es un poema que me gusta mucho hacer»


Lauryn Hill fue una de las primeras grandes nombradas: «Puedo hacer como Lauryn Hill y escribir sobre la canción de Paco Ibáñez». El show empezó con una reflexión sobre la escritura. Nació de lo vivido, de lo escuchado; toda una evolución de ideas concebidas que se entremezclan con las reflexiones propias. De Hill pasó a Blanca Varela, una gran inspiración en su primer libro. Es tal su fascinación que la escritora peruana siguió viva en uno de sus títulos, Ojalá pudiera ser como Blanca Varela. Con este poema y acompañada de bases musicales aparecieron imágenes en el imaginario colectivo de poetas en la playa. A modo de mantra se repite «ser, amar y doler», incluso cuando el verano pasa y los poetas se mantienen en la playa siendo, amando y doliendo.

El amor llegó también tomando inspiración de Tracy Chapman. Sus canciones Talking about revolution y Change llevaron a la segoviana a reflexionar sobre cómo vivimos el amor, cómo reaccionamos ante él: «Si supieras que el amor no va a doler, ¿cambiarías?». Y el afecto y devoción lo evocó de manera profunda al hablar de sus amigas en Con quien tanto queremos. Tomó ‘prestado’ el título de Miguel Hernández, A quien tanto quería, y creó un texto enmarcado en el contexto de la soledad y tristeza, derivados del aislamiento en la pandemia. A través de sus iniciales, ‘el pelo rizado de H’ o ‘el acento de L’, reivindicó la amistad como otro tipo de enamoramiento, que, aunque no sea romántico, está marcado por la devoción y conexión. «Es un poema que me gusta mucho hacer», aseguró.

La artista y el público estuvieron en continuo contacto, generando una conexión única. Foto: A. Fernández

«Bailar es mi oportunidad de sacar las cosas afuera»


Una base musical empezó a acelerar el ambiente y la pieza Maratón ocupó la totalidad del espacio. En ella la artista contó la historia de una jornada intensa de danza, en la que se sintió viva, tuvo encuentros con otras personas y vivió un sentimiento de liberación. La pista pasó de un ritmo acelerado a la canción Alors on danse, del cantante belga Stromae. Ahí es cuando dejó de recitar y la danza tomó el control de su cuerpo. Pero no estuvo sola, sino que invitó al público a unirse a ella y dejarse llevar por la melodía.

Con la caída del sol, el protagonismo regresó a quienes asistieron. Tras el último poema, inspirado en la canción La ventanita, se estableció un espacio de diálogo. La autora reflexionó sobre la dificultad que supone para ella escribir poesía: «El trabajo del arte es precario», comentó. También compartió su proceso creativo, que muchas veces se ve involucrado en actividades cotidianas como ir al cine o estar por su casa. El intercambio fue mutuo y varias personas tomaron la palabra. Una de ellas compartió su valoración personal: «Este espacio me ha abierto una gran ventana», y de manera posterior habló sobre su propio proceso de escritura.

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