Con su hija en el exterior del colegio donde trabaja. Foto: PULL

Ada Corine: «Las mujeres son el centro de la sociedad africana»

Sociedad

Ada Corine nació en Mbalmayo, una comuna de Camerún. Desde los 24 años es madre soltera de tres niños y una niña, el primero de ellos huérfano de su difunto hermano. Junto a ella son dos hermanas más, por lo que se ha criado en una familia de mujeres. Vive con 124 euros al mes y es la única responsable de todos los gastos que tiene la familia. Para ello se esfuerza diariamente como profesora en el colegio La Salle Saint Mutien-Marie y, además, hace diferentes platos preparados por ella para venderlos entre sus más allegados y generar algo más de dinero.

Durante su juventud estudió Contabilidad en su departamento natal. No tuvo la oportunidad de ir a la universidad, pero realizó una Formación Profesional de Informática. Tras acabar sus estudios secundarios se inscribió en un centro de entrenamiento en su ciudad, y fue allí donde conoció al hermano Eugène Van Ly. Así surgiría su vocación por la docencia: «Yo era su alumna más joven, y los mayores tenían problemas para conciliar el sueño. Así que, como yo trabajaba muy bien y era tranquila, me entregó sus lecciones para que lo ayudara con los demás, que se entendían mejor conmigo».

Un año más tarde empezó a reflexionar sobre qué rumbo coger en su vida para ser la mujer que es hoy y, un día, en el colegio, una de sus hermanas le avisó de que había alguien buscándola. Se trataba de uno de los voluntarios que trabajó con Van Ly, quien le indicó que debía realizarle una entrevista para ser docente. Consideraron que era una buena persona y que podría ser una mejor maestra, por lo que estuvo dando clases de francés durante años. «Teniendo una formación contable básica, me preguntaba si podía hacerlo, aunque es verdad que también era muy buena en literatura», recuerda Corine.

En la actualidad, trabaja de profesora de Economía y Contabilidad en La Salle de Saint Mutien-Marie, en Mbalmayo. Asimismo, en las cooperaciones anuales que realiza La Salle San Ildefonso al centro camerunés, ejerce de cocinera para todos los voluntarios de manera desinteresada.

«Es muy difícil administrar mi dinero para llegar a fin de mes. Soy madre soltera, tengo tres hijos, una hija y sobrevivimos con 124 euros»


Lo más duro para Corine es la llegada a fin de mes ya que tiene que pagar el alquiler, alimentar a las cinco personas que conforman la vivienda familiar, el gasto que suponen los cuidados básicos y la educación de los tres niños y la niña. Además, su exmarido, padre de sus descendientes, no le presta ninguna ayuda económica, por lo que todo lo que tienen es mérito propio. El único ingreso externo que tiene lo recibe por parte de la monitora de las cooperaciones anuales de La Salle San Ildefonso en Tenerife, quien se comprometió a ayudarle con la educación de la menor.

Como ella dice, «todo lo hago para luchar por mi familia», quien de vez en cuando, aparte de estudiar, también le ayuda en su pequeño comercio dedicado a la venta de platos preparados por ella, buñuelos de viento, zapatos… Son pequeños trucos para tener un poco más de dinero y llegar a fin de mes. Pero, desafortunadamente, a veces se encuentra triplicando en deudas y le genera frustraciones.

Su infancia la recuerda como una etapa realmente dolorosa, y confía en que Dios no le haga pasar lo mismo a sus hijos. Su padre murió cuando tenía ocho años. Después de su fallecimiento, la madre no tenía trabajo y no podía mantenerlos, así que una de las hermanas se convirtió en madre para Corine ya que hizo todo lo posible para darle una educación digna. Ahora afirma que, gracias a ella, es una mujer repleta de amabilidad, coraje, amor y perdón.

Además, a pesar de las penurias que vivieron en casa, Coco –como la conocen sus allegados– reflexiona que hubo momentos en los que se sintió muy feliz durante su infancia, viviendo despreocupada y contentándose con nada. Actualmente es madre de tres niños y una niña, pero siente como suyos al alumnado que tiene dificultades porque se ve reflejada en ellos.

«Mi infancia en mi mundo interior también fue un sol iridiscente de color que contaminó a mis hermanos y hermanas»


«A pesar de todos estos tormentos, tuve una infancia en su sentido propio y esos momentos me dieron una alegría inolvidable que todavía recuerdo hoy», argumenta la docente. Lo que más le gustaba era jugar en el barro con los pies descalzos, correr bajo las lluvias torrenciales, jugar a la pelota con sus amigos… Aunque solía hacer alguna que otra travesura, como correr por el campo solo para escuchar a la abuela regañándolos.

Desde ahí, sus hermanos empezaron a apreciarle mucho, comenzó a crecer y todas las experiencias que vivió le ayudaron a formarse y ser la persona que es hoy. A su corta edad, adquirió el hábito de hacer sonreír a todos los que le rodeaban y se convirtió en aquella niña que todos amaban. Cuando había algún problema o tenían un mal día, sus hermanos lograban olvidarlo si la tenían a ella al lado. Incluso le llamaban «pequeña loca». Desde su punto de vista religioso, Corine considera que tenía una gracia divina porque sentía, y siente, la presencia infinita de Dios. Cuando tenía 12 años, podía orar durante horas y horas en momentos de oscuridad total.

El lugar de la mujer en la sociedad africana tiene varios niveles, que se guían por lo desconocido, la tradición, el matrimonio o el modernismo. Muy a menudo, la mujer está conectada a una ideología emblemática cuya denominación se articula sobre la importancia de la fertilidad denominada: «La madre de la humanidad». Es decir, se les trata como un sujeto que da vida.

A pesar de ello, esa situación, según comenta Corine, parece estar disminuyendo en África: «Lo más importante es dilucidar el lugar ocupado por las mujeres en las formas de vida y civilización en el continente africano». También, aunque no se reconoce oficialmente ni se valora, son el centro de la sociedad africana. Tan solo es necesario ver a las familias para poder comprender su impacto, son las que impulsan la sociedad africana.

Es más, la mujer ocupa un lugar destacado dentro de la sociedad africana, tanto como esposa, como madre o hermana al lado del hombre. Cualquiera que sea el tipo de sociedad tradicional africana, las mujeres son muy apreciadas porque dan la vida.

Ada Corine imparte Economía y Contabilidad en La Salle de Saint Mutien-Marie. Foto: PULL

Las mujeres son polifacéticas porque tienen la responsabilidad que conlleva la maternidad; la familiar, en términos de ama de casa, en la educación de sus hijos, etc. y, también, en el ámbito cultural, ya que es promotora de las actividades tradicionales y asesora en palabrería. En resumen, promueve la cultura ancestral.

Sin embargo, esa postura esencial dentro de la sociedad tiene unos límites en cuanto a la subeducación de la mujer, la discriminación social o la deshumanización de las mujeres a través de los ritos tradicionales de devaluación. Aún así, el Gobierno está tratando de proporcionar respuestas efectivas a este tipo de obstáculos estableciendo la igualdad en las escuelas, otorgando empleos a las mujeres, promoviendo la igualdad de género y la integración nacional, entre otras.

Un ejemplo de ese cambio es Corine, quien se considera una mujer libre y respetada entre los hombres con los que trabaja.

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