Una visión sesgada

Opinión

Enciendes tu móvil nada más despertarte y haces el chequeo rutinario en las redes sociales. Entras a Instagram,ñ y ves en las historias todos los planes que han hecho tus «amigos» (aunque seamos realistas, de las 700 personas que sigues, seguramente amigos haya 6, y tirando por lo alto). Sientes diferentes emociones en función a la cuenta que estés stalkeando, muchas veces envidia o tristeza, al pensar que ellos están viviendo una vida más interesante, piensas en los problemas que tienes, conflictos que contrastan con la felicidad que transmiten dichos perfiles. Sientes que no estas a la altura, que si no das a conocer lo que haces es como si no lo viviste.

Pero no todo son emociones negativas, también se reciben estímulos placenteros, al ver que alguien te ha etiquetado en una foto o, incluso, adictivas como, por ejemplo, cuando sientes la vibración de tu celular porque te ha llegado una notificación. Al final todas esas interacciones dirigidas a tu cuenta son, en definitiva, dirigidas a tu persona.

En relación a esto, el diario británico Daily Mail publicó un escrito donde, basándose en un estudio realizado por la Universidad de Harvard, mostraba que hablar de nosotros mismos proporcionaba una sensación de placer similar a la que da la comida o el sexo.

«Las relaciones se han vuelto más inmediatas»


¿Y de qué forma influyen en nuestra vida todos estos estímulos relacionados con esta digitalización de las relaciones interpersonales? Es una pregunta que lleva tiempo responder, pero quizás la podamos contestar en una frase: «Las relaciones se han vuelto más inmediatas». Cada vez supone un menor esfuerzo relacionarnos con otras personas, con un simple mensaje de texto es más que suficiente. A esto se une una mayor exposición de nuestras vidas, aunque esta sea enseñada en base a nuestros propios intereses, es importante destacar que se trata de información personal que puede ser asimilada y comentada por un gran número de personas.

Foto: Tom Driggers «Social Media gone rampant»

Para algunos, esto último supone un avance (en el sentido positivo de la palabra) en nuestra forma de relacionarnos con otros individuos. Para otros, un paso atrás y una degradación de las interacciones. Sinceramente es difícil posicionarse. Está claro que las redes sociales abren el abanico de posibilidades a la hora de sociabilizar, pero hay que pararse a pensar si estas formas tan «frías» de acercarse a otras personas son capaces de potenciar las habilidades sociales.

En definitiva, lo importante es mantener una relación sana con el uso de estas plataformas, no hace falta decir las ventajas que se pueden extraer del uso de las redes sociales. Sin embargo, a veces estas pueden jugar en nuestra contra.

Espero que estas, en un futuro no muy lejano, proporcionen un complemento a las relaciones presenciales y no un sustitutivo de estas.

Quiero ser periodista deportivo y aunque conozco todos los obstáculos que tendré que atravesar para currar en esta profesión, me excita saber que estoy yendo a por lo que quiero. Tengo más ganas que destreza. Supongo que se necesita lo primero para tener lo segundo.

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