Naira García, coordinadora provincial de Cruz Roja Juventud, trabaja desde Tenerife en proyectos dirigidos a la infancia y la adolescencia en situación de vulnerabilidad. A través del proyecto Promoción del Éxito Escolar, la organización busca reforzar el rendimiento educativo de la infancia. Se le ofrece un espacio seguro donde desarrollar habilidades sociales, competencias digitales y hábitos saludables. La iniciativa se enmarca en el área de Intervención e Inclusión Social
En la actualidad, se desarrolla este recurso en distintos puntos de la Isla, como Puerto de la Cruz, La Laguna y Ofra donde no se limitan al refuerzo académico. Se incorporan acciones de acompañamiento para menores y familias. Además, contemplan la participación de quince personas voluntarias.
¿Qué necesidades detectaron para poner en marcha este proyecto? «No es un proyecto que salga a buscar de manera directa a sus participantes, sino que funciona muy vinculado al área de Inclusión e Intervención Social. Muchos menores llegan derivados desde otros recursos de Cruz Roja, después de que sus familias hayan acudido a la organización por distintas necesidades. La intención es ofrecer una respuesta educativa a la población infantil en edad escolar que necesiten apoyo en sus tareas, acompañamiento o simplemente una alternativa de calidad para ocupar sus tardes.»
¿A qué tipo de infancia se dirige el proyecto? «El perfil principal es el de menores de entre seis y dieciséis años, aunque en algunos casos puede ampliarse hasta los dieciocho. No se exige un boletín de notas ni un expediente concreto, porque no se trata de seleccionar al alumnado por resultados académicos. Basta con que exista la necesidad de un soporte educativo o de un espacio donde poder reforzar tareas, deberes y rutinas escolares».
«El apoyo va más allá del estudio»
¿El proyecto se solo limita al refuerzo académico? «Aunque la mayor parte del tiempo se destina al apoyo educativo, la iniciativa no se queda ahí. La finalidad principal es mejorar el rendimiento escolar, pero también ofrecer una alternativa al ocio vacío y trabajar otras dimensiones del desarrollo. El programa combina estudio con habilidades sociales, competencias digitales y dinámicas que ayudan a que los menores compartan espacios de calidad con la demás infancia participante.»
¿Qué otras actividades se desarrollan dentro del proyecto? «El trabajo se organiza en varios bloques. Uno de ellos está centrado en la salud y aborda cuestiones como la higiene personal, los hábitos saludables o el autocuidado, siempre adaptando los contenidos a la edad de los participantes. Otro se enfoca en el ocio educativo, con juegos de mesa, actividades de psicomotricidad o salidas al exterior. A eso se suma un bloque más social, en el que se trabajan competencias digitales, expresión corporal, comunicación, prevención del acoso y herramientas para desenvolverse en distintos entornos».
¿Cómo se mide el nivel educativo de cada menor? «La intervención se hace en grupos reducidos, lo que permite una atención bastante individualizada. Cada profesional acompaña de cerca a los menores mientras realizan tareas, revisa lo que llevan en la agenda y adapta actividades de refuerzo a su nivel educativo. En la práctica, se parece a una atención muy focalizada, casi como unas clases particulares, pero enmarcada dentro de un entorno más amplio y más social.»

¿Se observan cambios al poner en marcha esta iniciativa? «Es uno de los proyectos que mejor funciona dentro del área de Juventud y uno de los que más interés despierta. Muchas personas preguntan directamente por él. Su impacto no se valora únicamente en función de las notas, porque el resultado va mucho más allá. También se percibe en la convivencia, en la creación de espacios seguros, en la posibilidad de compartir inquietudes con otros jóvenes y en la oportunidad de trabajar temas que les afectan en su día a día, desde la salud hasta el bullying o la comunicación.»
¿Ese impacto también se refleja en las familias? «Sí. El proyecto incorpora seguimiento con familiares, reuniones para valorar el progreso del alumnado y propuestas conjuntas a lo largo del curso. Las familias participan en talleres, excursiones y en el propio compromiso que supone llevar a los menores a la actividad. Esa implicación también forma parte del proceso educativo y acaba teniendo un efecto directo en el entorno familiar.»
¿Crees que hay barreras dificultan que los menores accedan a este recurso? «Lo que aparece con frecuencia son problemas de conciliación. Muchas veces los horarios de la actividad no encajan con la jornada laboral de las familias, con otras actividades extraescolares o con la organización diaria familiar. El proyecto tiene buena acogida, pero para llegar a más usuarios sería importante ampliar días, franjas horarias o incluso crear más grupos cuando sea posible.»

¿Qué papel juega el voluntariado en esta iniciativa? «El voluntariado es una pieza fundamental. Hay personas con mucha experiencia dentro de Cruz Roja que ya son referentes del proyecto y trabajan de forma muy autónoma junto al personal técnico, pero también se incorporan otras que necesitan más acompañamiento al principio. Entre todas participan en la planificación del curso, la organización de talleres, la elección de actividades, la metodología mensual y la preparación de excursiones y acciones complementarias.» La convocatoria del proyecto señala, además, que se buscan 15 personas voluntarias y que se valoran especialmente perfiles vinculados con pedagogía, educación infantil, educación social, psicología o trabajo social.
Además de Promoción del Éxito Escolar, también coordinan otro proyecto relacionado con la infancia. ¿En qué consiste? «Junto a esta iniciativa, Cruz Roja Juventud desarrolla también un programa de Atención a la Infancia Hospitalizada en los dos hospitales de Tenerife. El Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria y en el Hospital Universitario de Canarias. A diferencia del proyecto educativo, aquí el objetivo principal no es el refuerzo escolar, sino el acompañamiento a través del ocio. Se organizan manualidades, juegos de mesa, cartas y distintas actividades pensadas para hacer más amable la estancia hospitalaria de niños y niñas. En este recurso también se necesita voluntariado».










