En torno a cada 14 de abril se homenajea a las víctimas de La Tahona. Foto: D. Sanz

¡Más memoria!

Opinión

Nos ha tocado nacer y crecer en la España democrática. Sin embargo, en nuestro país, no todo el mundo puede decir lo mismo. No siempre ha existido libertad. La lucha por la democracia y los derechos de los que gozamos a día de hoy no solo ha costado décadas de sufrimiento, sino que también ha costado muchas vidas. Miles de personas han muerto por defender los derechos de las mujeres, del colectivo LGTBIQ+, la libertad de expresión, de culto, de prensa… Todo lo anterior parece pertenecernos por el simple hecho de existir, y es lo racional, pero hace cincuenta años no era así.

Lo advirtió el expresidente chileno Gabriel Boric el otro día, en la cumbre internacional progresista de Barcelona: «La democracia no es el estado natural de las cosas». Es por ello que observo con impotencia cómo una parte de la juventud hace oídos sordos al pasado, desconoce la historia, adopta ideologías de extrema derecha e incluso añora una dictadura cuyas consecuencias no ha sufrido.

El pasado sábado, 18 de abril, se realizó el tradicional homenaje a las personas que fueron brutalmente asesinadas en la noche del dos al tres de noviembre de 1936 a manos de la agrupación falangista Acción Ciudadana, en el barranco de la Tahona, en La Camella. El médico José Rivera, miembro del Partido Republicano Tinerfeño; Pilar García, cofundadora de la Agrupación Socialista de Arico, y Manuel Solana, maestro de escuela y presidente del PSOE de Arico, fueron las víctimas mortales. Según el testimonio oral, fueron ejecutadas y quemadas. Este fatídico caso es uno de los muchos que evidencian que el golpe militar, la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista, golpearon con dureza a quienes se oponían a la ideología del régimen autoritario.

Han pasado casi noventa años de este cruel asesinato, y mientras en Santa Cruz de Tenerife aún se mantiene en pie el Monumento a Su Excelencia el Jefe del Estado, estas tres víctimas del fascismo reposan bajo una humilde y artesanal cruz de madera. Nótese entonces quiénes ganaron y quiénes perdieron. En el año 2022, el concejal de cultura del Ayuntamiento de Arona en aquel entonces, José Alberto Delgado (PSOE), puso sobre la mesa del consistorio institucionalizar el homenaje de La Tahona. Pese a que la moción prosperó y el Ayuntamiento se involucró en el acto, el actual equipo de gobierno tripartito (PP, CC y Vox) ha apostado por dar pasos hacia atrás, ignorando la necesidad de reparar la memoria de aquellos años tan oscuros para nuestro país. 

No es ningún secreto que, en la actualidad, se está registrando un preocupante auge de la ultraderecha entre las nuevas generaciones. También observo un desconocimiento generalizado y una falta de interés por la historia reciente de España. Quizás esta ignorancia sea uno de los motivos que puede explicar la oleada hacia las ideas más ultras. No me extraña, entonces, que partidos como Vox se opongan con firmeza cuando se trata de reparar la memoria histórica y democrática. Son conscientes de que, si la juventud conociera las atrocidades del franquismo, probablemente se alejaría de sus discursos de odio.

«Con Franco se vivía mejor»

Me supuso una enorme satisfacción saber que el instituto donde me formé, el IES Luis Diego Cuscoy, organizó excursiones al barranco de La Tahona con el alumnado de bachillerato durante los meses de marzo y abril para poder explicar la trágica historia que se esconde junto a los majestuosos cardones del lugar.

Estas actividades son más necesarias que nunca y, para quienes digan aquello de: «¡Adoctrinamiento!». No, no es adoctrinamiento, es dar voz a historias perseguidas. Se trata de hacer reflexionar a quienes dicen: «¡Viva Franco!». Esta excursión es esencial para entender que en este país no siempre ha sido gratis pensar, opinar y hacer política. En muchas ocasiones ha costado vidas. Si no logramos que las nuevas generaciones tengan conciencia de lo que sucedió no hace tanto tiempo, corremos el riesgo de perder los avances sociales conseguidos, como ya está ocurriendo en otros lugares del mundo.

Pienso que no hay que hacer caso a quienes dicen que no hay que remover el pasado, pues no les interesa que se sepa la verdad. El daño ya se hizo, es cierto, pero la herida aún no ha cicatrizado. Honrar la memoria de quienes dieron la vida por la democracia es un acto de justicia social y reparación. Un lugar clave para ello es el ámbito educativo.
Para evitar repetir los errores del pasado, un solo emblema: «¡Más memoria!».

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