La cronopatía se considera la enfermedad del siglo XXI. Foto: PULL

La tiranía del reloj

Opinión

La psiquiatra Marian Rojas popularizó el término cronopatía como una obsesión por el tiempo y la hiperproductividad. Con el paso de los años, se fue convirtiendo en un estilo de vida común donde rechazar un plan es castigado. Al llegar las redes sociales, la situación comenzó a escalar cada vez más. Ahora, la cantidad supera a la calidad, ya que la juventud puede consumir alrededor de cien tiktoks en dos horas, pero no es capaz de ver una clase completa durante la misma cantidad de minutos.

Vivimos en un mundo que busca personas que hagan el trabajo de tres y tengan varias agendas, porque una ya no es suficiente. La sociedad lo llama eficiencia, cuando en realidad es una rutina en estado de alerta constante. A pesar de que esta palabra no entra en los manuales de desórdenes mentales, es un malestar emocional que está ganando protagonismo.

«Olvidamos el valor de la pausa por exprimir los segundos»

El resultado es claro: una población ahogada por la ansiedad porque siente que los segundos se deslizan entre sus dedos como si fuera arena. Nos obsesionamos tanto con exprimir al máximo el tiempo, que olvidamos el valor de una pausa. Ya lo había comentado Bauman, el mundo se ha condenado a sí mismo a subsistir como si corrieran una maratón donde pierden quienes se quedan atrás.

Sin embargo, esto puede terminar si se borra del vocabulario la frase «perder el tiempo». Al normalizar las prisas, sin darnos cuenta comenzamos a priorizar lo que a nuestros ojos es productivo. Apuntarnos a cinco proyectos diferentes es una inversión, pero descansar un día con la familia en casa es una pérdida. Por eso, la tiranía del reloj continuará si decidimos que el cansancio de una vida eficiente vale más que la tranquilidad de una equilibrada.

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