Leiva y su inseparable sombrero en plena actuación. Foto: A.Habas

Leiva: confesiones en voz

Opinión

Siempre he pensado que hay dos tipos de artistas: los que solo hacen ruido y los que consiguen generar emociones sin alzar la voz. Quienes no necesitan gritar para hacerse escuchar, basta con un susurro lleno de confesiones íntimas, de esas que al final se convierten en universales. Leiva pertenece al segundo grupo, al convertir a quien le oye en cómplice de su confesión. Asistir a un concierto de Leiva es adentrarse en un universo donde lo imperfecto siempre tiene cabida.

El sábado 1 de noviembre fui testigo de cómo Leiva consigue transformar su dolor en canciones y el rock en su vía de escape. Y así lo demuestra en su nuevo álbum Gigante, en donde se admiten caídas Caída libre, resacas Bajo presión, dudas Ángulo muerto y malos momentos El polvo de los días raros. Letras que duelen y un corazón que late al mismo ritmo que su guitarra, en donde la emoción está por encima de la perfección. 

«Su voz rasgada y auténtica, en una era de cantantes con voces prefabricadas, le ha permitido construir un estilo muy personal»

Leiva, nacido como José Miguel Conejo Torres, es un músico madrileño criado en el barrio de la Alameda de Osuna. Su voz rasgada y auténtica, en una era de cantantes con voces prefabricadas, le ha permitido construir un estilo muy personal que combina el rock clásico, el pop urbano y la poesía costumbrista. En 2001 fundó junto con Rubén Pozo el grupo Pereza, una banda de rock español que se convirtió en un referente y que pasó de los clubes a grandes escenarios. Con Pereza, Leiva generó una mezcla inconfundible entre las ansias y el deseo, resultado de la fiebre de los primeros sueños de su juventud. Luego continuó como solista y siguió explorando la imperfección como una virtud más.

Pero, ¿cómo comenzó esta historia? La historia de Leiva comienza a sus 16 años, con la guitarra en mano, durante unas vacaciones en Gandía. Se dedicaba a tocar en el paseo marítimo para ganarse unas monedas que luego gastaría en cervezas. Un día el dueño del bar le hizo una pregunta: ¿quieres ser músico? Esa pregunta inocente hizo que aquella madrugada de verano se convirtiera en un punto de inflexión que hizo que su pasatiempo se convirtiera en lo que le daría rumbo a su vida.

Y así fue como, después de conocer toda su trayectoria, desde un barrio madrileño en donde aprendió que la música no estaba en las grandes salas, sino en las calles, entendí porqué su música conecta con tanta gente.

En pleno concierto Leiva comenzó a cantar Lady madrid y todo el público sintió la nostalgia de lo que antes era Pereza. La emoción se hizo tangible, cantando como si les fuera la vida en ello, y al ritmo de la canción sonaban las palmas. Por un momento el madrileño pidió al público que le dejara cantar a solas la canción, Vis a vis. En ese instante se rompió la cuarta pared porque se borró la frontera entre quien canta y quienes escuchábamos. Un concierto tiene el poder de darles vida a las letras de las canciones que tantas veces hemos escuchado, por que solo en vivo podemos ponerle rostro y experimentar la verdadera emoción que trasmiten.

Porque la vida no se mide en años, sino en canciones y, en mi caso, esas canciones llevan su voz.

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