Es necesario luchar por la regularización. Foto: María González

La necesidad de migrar (II)

Opinión

En octubre de 2022 tuve la oportunidad de poder visitar los campamentos de refugiados del Sáhara Occidental, en Tinduf. Visitar este país se había vuelto casi una necesidad para mí. Mientras que realizaba mis estudios de Historia en la Universidad de La Laguna, pude seguir de cerca a referentes sobre el conflicto del Sáhara Occidental. Este conflicto había pasado inadvertido para mí durante toda mi existencia. Tanto en lo académico como en lo personal, y hago un matiz en cuanto a lo personal.

Vengo de San Isidro, un pueblo del sur de Tenerife en el que hay un gran porcentaje de población saharaui, entre ella, muchas amistades. Supongo que es aquí cuando planteo el gran problema de desconocimiento al que me he enfrentado durante tantos años sin ni si quiera ser consciente de él. ¿Por qué no conocía el conflicto desde antes si esto atravesó a gran parte de mi entorno?, ¿por qué en mi casa nunca se habló del conflicto del Sáhara y de Marruecos?, ¿por qué no lo escuché en las noticias?

Quizás, esta cuestión llega a sorprenderme porque el Sáhara está al lado de casa. Al lado de Canarias. La población canaria y la saharaui han tenido lazos realmente estrechos. Soy fiel defensora y partidaria de mantener mi identidad como africana. No solo hablando en términos geográficos. También en términos históricos y culturales, sin olvidar, y teniendo en cuenta, que gozo de unos privilegios de mujer blanca, de clase media trabajadora. Mientras, el resto del continente al que pertenezco sufre unos patrones de opresión de los que parece que no nos queremos hacer cargo, ya que recordemos que algunas guerras desencadenadas en el continente africano vienen por el expolio de sus recursos.

«La ruta migratoria nos atraviesa»

Aprovecho para unir esto a la espeluznante crisis migratoria que enfrentó Canarias en 2019 y, a la que hoy, en 2023, se vuelve a enfrentar. Cuando me hice eco del conflicto Sáhara Marruecos en lo académico, en la Universidad, tardé poco tiempo en conocerlo en otras esferas. En 2019, en Canarias se abrieron unos campamentos de refugiados para albergar a personas migrantes. Estuve un tiempo colaborando con algunos colectivos como la asociación Hay Raíces o algunos sindicatos de estudiantes para que pudiésemos llevar la situación lo mejor posible debido a la falta de medios que había por parte de los gobiernos para ayudar a quienes realizaban la ruta migratoria a Canarias, una de las más peligrosas del Mundo.

La migración digna es un derecho. Foto: María Glez.

La ruta migratoria nos atraviesa, sobre todo a la sociedad canaria. Nuestra cercanía geográfica y nuestros lazos históricos con el continente africano son indiscutibles y, aunque lo intenten, son imposibles de tapar. Hace poco, la periodista Irene Ruano en el medio de El Salto habló sobre la ruta migratoria hacia la pequeña Isla Canaria de El Hierro. Comenzó el artículo con el caso concreto de Senegal, un país que se mantenía con cierta estabilidad política. Sin embargo, una vez vuelve el conflicto, la violencia e inestabilidad al gobierno, provoca la huida de la población a un lugar seguro y donde poder llevar a cabo una vida digna para cubrir necesidades básicas y materiales. Un lugar al que huir de la persecución por motivos ideológicos y políticos.

El resultado de la catastrófica situación de conflicto que hay en Senegal provocó la llegada inminente de miles de personas a las costas de Canarias. Fueron más de 23 000 personas, tal y como anunció el medio Canarias Ahora, lo que generó la declaración del Ministerio de Migraciones a Canarias de una situación de emergencia. Una situación similar a la que vivimos en 2019.

«La inestabilidad de los gobiernos colabora con la represión»

Veo necesario hablar de esto y dejar claro que la inestabilidad de los gobiernos colabora con la represión y con la violencia ejercida a la población civil. A lo anterior se suma la falta de medios que hace que estas personas corran por mar y por tierra en busca de un lugar seguro. Algo parecido pasó con el gobierno marroquí, cuando en 2021 se da el forcejeo de la mayor crisis migratoria en la frontera de Ceuta, pero también la llegada masiva de cayucos a Canarias, una situación devastadora, representada por la ausencia de los derechos humanos.

Esta crisis fue advertida por el gobierno marroquí cuando España albergó a Brahim Ghali, el secretario general del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática. Esto vendría a ser lo que conocemos con el término de externalización de fronteras que, en colaboración con la Unión Europea y los estados miembros, procuran, a través de políticas migratorias, la contención y el tránsito de estas personas, como es el caso del muro o las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla. Analizando lo que se vivió en 2021 con las crisis entre Marruecos y España, vemos como la cuestión saharaui sigue siendo un tema delicado y aún por abordar en la agenda política del gobierno español.

Por lo tanto, acabar en el campamento de las Raíces era acabar hablando de forma casi intrínseca y orgánica del conflicto del Sáhara. Antes de esto quiero hacer alusión al conflicto y, el conflicto del que hablo, no solo es el problema político que hay entre el Sáhara y Marruecos y las responsabilidades de España en el conflicto. No. Yo no quiero hablar solo de eso y de las miserias a las que hacen vivir a la población saharaui. Quiero hablar del desconocimiento, del silencio y del blanqueamiento por parte de los medios de comunicación en España ante este conflicto.

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