Isora Mesa es una estudiante y activista antirracista canaria. Foto: NBDV

Isora Mesa, activista: «Menos heroicidad. Más hermandad»

Solidaridad

Desde abrir su casa a migrantes sin hogar o hacerles el empadronamiento, hasta pasar días en las grúas de La Tejita para evitar la construcción hotelera en la costa. Comprar productos locales en mercadillos en lugar de acudir a grandes superficies y manifestarse por los derechos estudiantiles. Tras años de implicación social y acciones directas, Isora Mesa, de 24 años, admite que «hasta hace uno o dos meses no me consideraba activista porque entendía que tenía que estar dedicada a serlo las 24 horas, todos los días de la semana, durante todo el año».

No obstante, aclara, fue una publicación de Afroféminas la que le hizo darse cuenta de que «la acción directa se hace a diario, incluso si me voy a echar un cortado al bar local o adopto a un perro en una perrera. Es hacer las cosas, desde tu entorno, de otra manera». Actualmente, compaginándolo con sus estudios de Antropología Social y Cultural en la ULL, se centra en el apoyo a las personas migrantes.

Una autocrítica constante


«Antes también les daba ropa y alimento, pero ahora ya no tanto», comenta Mesa, reconociendo haberse dado cuenta de que «hacen más falta los derechos. Comida pueden conseguirla de otra manera y ya hay gente que se está dedicando a eso». Por ello, ha enfocado su activismo en la acogida y tramitación de papeles, que son labores más difíciles de asumir para otras personas.

Explica que se implicó significativamente con la migración desde diciembre de 2020, cuando comenzó a impartir clases de español en un hotel de Santa Cruz. «Ahí me empecé a enterar de todo lo que es la racialización y me interesé más todavía en los feminismos anticoloniales», añade. No obstante, es plenamente consciente de que su deconstrucción como persona blanca hacia las personas racializadas es un proceso de autocrítica constante.

«Todo el rato estoy mirándome», apunta, para reflexionar: «¿Qué es lo que tengo yo de racista?». Ha tomado por hábito preguntar a las personas racializadas de su entorno sobre ciertos comportamientos «y me van diciendo, sobre todo a mi pareja, qué cosas son racistas que yo no me daba cuenta». Por ejemplo, algunas actitudes que ha detectado, incluso dentro del activismo, son el colorismo (mayor discriminación cuanto más oscuro es el tono de una piel oscura); la infantilización de su capacidad organizativa o de raciocinio y la sexualización de sus cuerpos.

La activista lleva desde finales de 2020 implicada en movimientos antirracistas y por la libre circulación. Foto: NBDV

De hecho, explica que el tono infantil con que a veces las personas blancas se dirigen a las negras es solo una pequeña parte del paternalismo que sufren. Se manifiesta, según apunta, en prácticas muy diversas: «Muchas veces llegamos de la nada a preguntarles si tienen pasaporte, si tienen familia. ¿Qué, cómo y por qué te tengo que decir mi vida personal a ti? No te conozco de nada. Eso, entre personas blancas, solo lo hace alguien que tiene más poder hacia otra que tiene menos, como la Policía».

Siendo esta un arma de doble filo, añade que «si su vida privada no se hace pública, nadie les hace caso. Nadie les valora. Eso pasa mucho cuando les hacen entrevistas: cuánta familia tienen, si perdieron a alguien, cómo murieron… si fuera a personas blancas, nos daría vergüenza preguntar lo que les preguntan», concluye.

«El patriarcado se da de maneras diferentes. No es lo mismo en Europa o África, y las mujeres han desarrollado estrategias distintas para luchar»


Las asunciones desde una perspectiva europea y blanca son otra muestra de racismo asimilado, y que perjudican, por ejemplo, a las mujeres que usan velos o hiyabs. Mesa recuerda con aprecio a una amiga suya que decidió ponérselo, quitárselo y volvérselo a poner. Explica que, en su caso, son etapas de la vida, «como cuando a nosotras nos da por raparnos la cabeza y expresarnos con nuestro pelo».

Además, insiste en que el hecho de cubrir el cuerpo no debe ser entendido como una opresión machista. «El patriarcado se da en culturas diferentes de manera diferente. No es lo mismo el patriarcado en Europa que en África, y las mujeres han desarrollado estrategias distintas para luchar contra este», razona. Así, establece la comparación con distintos mecanismos, siendo ambos válidos: «Una estrategia es mostrar mi cuerpo. Yo enseño mi cuerpo porque es mío. Otra, que yo tapo mi cuerpo porque es mío y no quiero que nadie lo vea. No tengo porqué enseñarlo».

«Me da igual que asesinen a alguien por ser migrante o por ser LGBTIQ+. La cuestión es que un sistema de opresión está asesinando»


A pesar de que actualmente sus acciones se centran en las personas migrantes, Mesa está convencida de que «las distintas luchas están unidas en un mismo cuerpo». No obstante, admite que se encuentran divididas, por lo general, en el pensamiento de la sociedad, «en vez de pensar que estamos en distintos frentes luchando contra distintas formas de opresión, como son el capitalismo, el patriarcado o el colonialismo». Lo cual, considera, sería lo ideal.

En su caso, lo tiene claro: «Me da igual que asesinen a alguien por ser migrante o por ser LGBTIQ+. La cuestión es que un sistema de opresión está asesinando». Por ello, cree que hace falta generar unión entre los movimientos, bajo la consideración de que lo que afecta a un colectivo, afecta al resto.

Ese es el motivo por el que ha estado presente en múltiples protestas, siendo algunas de las más destacables las del Campamento de Las Raíces o las de La Tejita, esta última contra la construcción hotelera en la costa. Su fuerte implicación hizo que pasara días subida a las grúas, razón por la cual fue relacionada con una figura de heroicidad. Sin embargo, no se siente cómoda con esa narrativa, ya que «a mí me subían la comida los bomberos. A lo mejor me pegaba tres días, sí, pero comiendo. Héroes quienes llegan en patera, que no han comido ni bebido agua en días y nadie va a aplaudirles al puerto cuando llegan. Heroína la señora mayor que está comiendo de la basura».

En verano de 2020, Mesa participó en las protestas por las construcciones hoteleras en la playa de La Tejita. Foto: PULL

«Si históricamente ya nos lo han quitado todo, ¿qué más nos da? No hay que tener miedo»


Es más, a pesar de que «la gente cree que nadie sería capaz de hacer lo que yo hice», ella insiste en que «cualquiera puede si lo ve como algo realmente necesario». Lo ejemplifica con las luchas feministas, en las que hubo mujeres que se jugaron su trabajo, su integridad y su vida para conseguir un futuro para las demás.

En cualquier caso, hay ocasiones en que la constancia se hace cuesta arriba, especialmente cuando, además, se acumulan las responsabilidades de los estudios universitarios. En conversaciones con gente que lleva décadas luchando por lo mismo que hoy lucha ella, uno de sus mayores aprendizajes es «la paciencia, saber que esto no se va a cambiar mañana», actuar con calma y no querer abarcar demasiado de golpe para evitar el desgaste. Pero, sobre todo, «no tener miedo. Si históricamente ya nos lo han quitado todo, ¿qué más nos da?».

Autora de la novela Vida (2020) y de muchos poemas y microrrelatos. Algunos de ellos son La bruja del pueblo, ¡qué arda en la hoguera!; Invasión neocolonial y Un globo a China. También bailo y disfruto de toda buena comida. Un fisco canaria, una mica catalana.

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