Maneskin interpreto la versión sin censura de su canción tras la victoria. Foto: PULL.

El ‘rock and roll’ nunca muere

Opinión

El Festival de la Canción de Eurovisión nunca deja indiferente a nadie: influye en las listas de éxitos, en los medios de comunicación, en el consumo social, en las productoras e, incluso, en los asuntos políticos. Desde 1956, y bajo la premisa de fomentar la unidad de un viejo continente afectado por la posguerra,  millones de personas de múltiples nacionalidades se sientan a comentar y a valorar cada una de las actuaciones de este concurso musical.

Tras una espera más larga de lo normal por la cancelación del evento en el 2020, debido a la pandemia del coronavirus, fueron 39 países los que presentaron sus propuestas artísticas, de los que solo 26 pudieron disfrutar de ser los seleccionados para la final que se celebró el sábado 22 de mayo. De esta forma, la Gala contó con demostraciones musicales variadas como el electrolatino de Chipre, el tema funky de Islandia, el heavy metal de Finlandia, y cómo no, la balada más dulce y emotiva, propuesta por España.

La interpretación que dio la nota y se apropió del trofeo del certamen fue Italia. El grupo de hard rock Måneskin, integrado por cuatro intérpretes que apenas llegan a los veinte años, hicieron vibrar al público con Zitti e buoni. La voz rasgada de Damiano, el ritmo frenético de Ethan como batería, el estruendo del bajo de Victoria y la potencia de la guitarra de Thomas, formaron la combinación perfecta que hizo que su melodía se coronase como la favorita de la audiencia. Esto es inédito, ya que fue en el 2006 la última vez que la representación ganadora se identificó con un género tan alternativo.

«Tienen algo que ni los efectos visuales ni las estrategias de marketing pueden conseguir»

Los orígenes de la agrupación se remontan a cuando la bajista y el vocalista eran estudiantes de instituto y se juntaron para organizar su propia banda, con la que más tarde, tocarían como artistas callejeros. Sin duda tienen algo que ni los efectos visuales ni las estrategias de marketing pueden conseguir: autenticidad, fuerza, carisma y estilo propio, valores que son seña de un cuarteto de jóvenes que, por una noche, se convirtieron en auténticas estrellas del rock.

Es entonces el momento en el que una se plantea, si se ha dado el efecto Salvador Sobral: el ganador de la edición del 2017, que solo con un pie de micro, una voz melodiosa y el alumbrado de un simple foco, rompió con todas las encuestas y predicciones, que ni por asomo, le daban el triunfo. Él mismo, tras anunciarse su primer puesto, se atrevió a ser crítico: «Mi opinión de Eurovisión es que no se trata realmente de música. Se trata de un show. Es un espectáculo para que la gente disfrute de toda la nueva tecnología y de los nuevos sonidos de las cosas».

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