El culmen de la animación iberoamericana

Opinión

¡Vampiros en la Habana! es una obra dirigida por el caricaturista cubano Juan Padrón y coproducida por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC). La cinta ha sido considerada una de las mejores del cine iberoamericano, esto la ha llevado a ganar la medalla George Brassans del Festival de la Casa de la Cultura de Laognan en Francia y a ser seleccionada entre las treinta mejores películas de animación por el Consejo Cultural del Instituto de Cine en el año 1989.

Un científico vampiro ha creado el Vampisol, una pócima revolucionaria, que permite a los animales de esta especie pasear bajo la luz del Sol. En cuanto la noticia llega a oídos de los grandes clanes, todos viajan a La Habana para hacerse con el control de la fórmula: los estirados y siniestros vampiros europeos, y los también mafiosos  norteamericanos. Pepito, un trompetista, sobrino del creador de Vampisol, será perseguido por ambos grupos desde que se le encarga la custodia de la fórmula.

De esta forma se presenta esta ingeniosa y divertida comedia que para poder disfrutarla hay que tener en cuenta los recursos y la época de su creación, 1985. La historia principal tiene que ver mucho con la situación de la isla pues al principio nos encontramos con una revolución en contra de Machado, el dictador. A partir de ahí la trama se desarrolla en otras direcciones y nos muestra a unos personajes afables y cómicos.

El doblaje es único, es decir, el acento cubano es imprescindible para dar ese tono agudo al conjunto del filme. Por su parte, la banda sonora es sublime, el famoso trompetista Arturo Sandoval se encarga de dar vida propia a muchas escenas con la música, un elemento esencial en esta animación que caricaturiza algo tan mítico como son las leyendas sobre los chupasangre.

Se logra crear un ambiente oscuro en algunos puntos, sobre todo en las reuniones de los vampiros de la mafia. Una de las partes más álgidas del largometraje es cuando se reúne la Capa Nostra, una congregación de inmigrantes, con Grupo Vampiro, venidos desde Europa, para elegir a su máximo representante: Drácula.
La diversidad de acentos y el guion es muy ocurrente durante esta secuencia. Es en esta parte de la cinta en la que empieza a notarse la crítica conjunta que se percibe tras finalizarla.

Uno de los aspectos más importantes de este largometraje animado es la sátira -crítica que se pone de manifiesto al banalizar los graves problemas que van surgiendo durante la trama. Desde mi punto de vista, mostrar estos temas como intrascendentes les da una mayor visibilidad, ya que el público se percata aún más sobre ellos. La película mantiene una estructura narrativa tradicional que acaba con un esperado final feliz gracias a Pepito, él es el personaje que encabeza toda la historia y se desarrolla eficientemente durante todo el metraje. No obstante, la chispa en muchas escenas es otorgada por los antagonistas, como Al Tapone o Johnny Terrori.

¡Vampiros es la Habana! es amena y muy pintoresca, a su vez, varias décadas después del estreno sigue aportando un toque fresco. Tanto es así que en el año 2003, el ICAIC en colaboración con Programa Ibermedia, TVE y Canal Plus crearon una secuela llamada Más vampiros en la Habana que continúa la historia con el hijo de Pepín.

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