Alrededor de 115 personas por cada mil cuentan con una discapacidad en Canarias. Foto: PULL

Discapacidad no es sinónimo de dependencia

Opinión

Alrededor de 115 personas por cada mil cuentan con una discapacidad en Canarias. El Archipiélago es la segunda comunidad autónoma con la mayor tasa en España según el Instituto Nacional de Estadística. De esta cifra, el 12,9 % se siente en exclusión durante la edad adulta y, cuando hablamos de menores, cuatro de cada diez sufren discriminación. El infantilismo contra la sociedad que cuenta con algún tipo de habilidad diferente a nivel físico, mental o intelectual se ha convertido en un tipo de maltrato con el que conviven día a día.

Las cifras anteriores podrían sorprender ya que no se le suele dar mucha visibilidad al colectivo. Sin embargo, desde las redes sociales han tomado la palabra defensores como Inazio Nieva para poner de manifiesto el trato infantil que sufren a diario y tratar de concienciar al respecto. El joven pretende hacer reflexionar a la ciudadanía sobre el trato y las reacciones que se tienen hacia la población con parálisis cerebral o intelectual.

«El infantilismo es un tipo de maltrato psicológico muy común»

Esto no solo es un error. Tratar a un adulto como un menor es un tipo de maltrato psicológico muy común en personas con discapacidad o mayores. Algunos psicólogos señalan al lenguaje como uno de los principales propulsores del infantilismo. En cierto sentido, este condiciona la representación mental y la actitud que tomamos ante las situaciones. Peor aún veo al lenguaje de «la lástima» y los típicos «que desgracia, pobrecito». Como es lógico, estos pensamientos también causan mucho sufrimiento en las familias y entorno.

«¿Necesitará ayuda? ¿se habrá perdido?», son algunas frases que una parte de la población tiende a pensar cuando ve a alguien con habilidades distintas realizando acciones cotidianas y comunes. Parece que la ciudadanía ha desarrollado una especie de estereotipo sobre este colectivo vulnerable y su supuesta dependencia familiar. No obstante, la realidad es otra. Estas personas quieren tener una vida tan normal como la de cualquiera: poder estudiar aquello que les guste, trabajar en el puesto que deseen, comprarse una casa, ir al gimnasio o, simplemente, caminar por la calle sin sentir los juicios de la gente. Sin el techo de cristal social que les limita y que no les deja seguir creciendo en cualquier ámbito de su vida.

Para poder dar un giro a esta realidad, como sociedad debemos inducir cambios. Pablo Pineda, el primer diplomado europeo con síndrome de down, ha manifestado la necesidad de reeducar mediante una educación integradora que permita normalizar la realidad de este grupo social en todos los sentidos. A lo que se puede incluir contar una mentalidad inclusiva fundamentada en la resaltación de los derechos, la igualdad y el respeto hacia el colectivo.

La terminología debe evolucionar e integrarse en el lenguaje. Cambios tan simples como pasar de discapacitados a personas con discapacidad. Algo tan sencillo como empezar a exaltar las habilidades y no las limitaciones que alguien pueda tener.

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