Darío López, presentador de las proyecciones de la sección oficial.

Ocho trabajos abren la sección oficial del Festival de Cortos de La Orotava

Cultura / Ocio

Las proyecciones de la sección oficial del XIV Festival de Cortos Villa de la Orotava arrancaron anoche, a las 20.30 horas, en el Auditorio Teobaldo Power. Ocho cortometrajes fueron los protagonistas de la primera jornada y estuvieron divididos en dos bloques. Además, los espectadores estaban implicados en la mecánica del concurso, pues tuvieron que votar su cortometraje favorito, que computaría para otorgar el premio del público.

Darío López, humorista de Palante producciones, fue el encargado de guiar al público en esta experiencia cinematográfica de pequeño formato. La velada comenzó con un pequeño monólogo del cómico, que puso a prueba al los asistentes y sus aplausos. Luego compartió con su audiencia la mecánica del concurso. En primer lugar, expuso los diferentes premios a los que optan estas películas: 2000, 1000 y 500 euros para el primer, segundo y tercer puesto respectivamente, además de otros 500 para el premio del público.

El siguiente paso fue presentar al jurado, que estaba integrado por: Emilio Ramal, jefe del departamento de actividades y audiovisuales del TEA; Miguel Miralles, profesor de CIFP César Manrique; Lorena Martín, comunicadora audiovisual; Enrique Carrasco, profesor de la Universidad Europea de Canarias, y Lucía Pitters, también docente en esta entidad.

Una aclamada primera parte


Una vez introducida la gala, llegó el momento de disfrutar del cine. La primera parte estuvo compuesta por cuatro cortometrajes y se extendería una hora, aproximadamente. Moros en la costa, de Damiá Serra Cauchetiez, fue el encargado de abrir la sección oficial con un relato que tocaba temas como el racismo o las sexualidades reprimidas, combinando comedia y suspense.

La proyección continuó con la película más larga de la noche, El Infierno, de Raúl de la Fuente. Sigue la historia de Chennu, un jóven de Sierra Leona que, con solo quince años, entró en la cárcel de Pademba Road, donde vivió cuatro años hacinado y en condiciones infrahumanas. Tras este drama en versión original, la propuesta de Fran Menchón y Sandra Reina consiguió relajar el ambiente en el auditorio. El humor es el protagonista de Trivial, que sigue una quedada entre una pareja excéntrica e increíblemente culta y otra con menos bagaje intelectual que deciden jugar una partida a este famoso juego de preguntas. Con una fotografía muy personal, esta pieza resalta las filias y los problemas de un matrimonio fuera de lo común.

Para cerrar la primera mitad, Jorge Yúdice aportó el corto menos largo, pero uno de los más aclamados de la noche, Cocodrilo. Esta propuesta se desarrolla en un único escenario, un escritorio desde donde Alicia observa un directo de un youtuber sobre videojuegos. Es entonces cuando las preguntas que hacen los fans llevan a la protagonista a escribir al chaval que está al otro lado de la pantalla. La emotividad y las nuevas tecnologías fueron el hilo conductor de esta historia.

Una vez acabada esta parte, volvió a aparecer Darío López sobre el escenario, en el que bromeó sobre la infancia y los recuerdos del ayer. Mientras tanto, el público aprovechaba para acudir al servicio o estirar las piernas. Cuando acabó su intervención, las luces se apagaron y comenzó otra batería de cuatro cortos.

La realidad social protagoniza la segunda parte


El primero de ellos, Caracoles serranos, de Víctor Cerdán, exploraba la violencia y el racismo. El protagonista, que disfrutaba de una paella con amigos, se entera de que su hija se ha ido con un marroquí. Es entonces cuando aflora la ideología de un padre que no dudará a la hora de ensañarse con quien toque a su hija. Probablemente fue el corto más incomprendido por parte de la audiencia, que reaccionó con un aplauso vago.

El divorcio fue el tema del siguiente cortometraje, Snorkel, de Borja Soler. El relato sigue a Inés y a Julia, dos niñas que viven cómo su padre descarga en ellas las frustraciones respecto a su madre, que ha conseguido rehacer su vida. A esta historia de celos y rencores, le siguió la propuesta de Fernando Bonelli: La tierra llamando a Ana. La música y el silencio destacan en esta producción que se centra en las discusiones de pareja y en las infidelidades de una manera peculiar. Esta película creó otro de los momentos emotivos de la noche y consiguió arrancar alguna lágrima entre los espectadores.

Las proyecciones terminaron con Alirón, un corto de Adrià Llauró. Jugando con los límites de la sexualidad y la confianza entre dos amigos, Llauró construye un relato repleto de situaciones divertidas, basadas en la confusión y la tensión sexual. Tras finalizar, Darío López hizo aparición por última vez sobre el escenario, despidiendo al público y recordándoles que hicieran sus votaciones.

Esta noche, también a las 20.30 horas, se proyectarán las otras siete producciones participantes y se dará entrega a los diferentes premios del concurso. Una vez finalizada la gala, tendrá lugar una fiesta oficial del festival en la plaza del Quinto Centenario, que está situada al lado del Auditorio, amenizada por la Baby Black Soul Band.

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