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Canarias y la industria de los videojuegos, un mundo por explorar

Videojuegos

La industria del videojuego es el pilar fundamental del entretenimiento. Actualmente es una de las industrias de ocio que más dinero genera, por encima de la música y el cine. A nivel global, hay empresas como las grandes conocidas: Nintendo, Ubisoft y EA que protagonizan el mercado con sus grandes productos triple AAA. Si colocamos la lupa hacia un ámbito  nacional, también podemos encontrar grandes estudios que han lanzado propuestas cuyas ventas han destacado no sólo en España, sino también a nivel global.

El aclamado Blasphemous es un buen ejemplo de ello, un indie desarrollado por The Game Kitchen en Sevilla y que ya recopila más de 1 millón de ventas. Otras obras reconocidas por su gran éxito han sido los rompedores Moonlighter, Gris y el reciente Mageseeker, todos títulos desarrollados por empresas ubicadas y representadas en España. Sólo en lo que llevamos de año 2023 ya se han publicado 305 juegos con el sello español. Ahora bien, si estrechamos aún más la lupa y nos vamos a Canarias, también hay propuestas muy interesantes.

En las islas hay 19 estudios en activo, destacando a Nobreakgames que con sus otras sucursales han dado lugar al divertidísimo Human Fall Flat y a Drakhar Games que ha sacado adelante títulos infantiles basados en las series y películas infantiles de La Patrulla Canina y Hotel Transilvania.

Más allá de nombres y franquicias, detrás de estos éxitos que se fraguan desde el ámbito Canario existen personas, residentes en las islas, que dedican su vida a esta industria y que llevan muchos o pocos años trabajando para poder vivir de esta profesión y formar parte en productos digitales de gran calidad.

Es por ello, que su voz y testimonio son vitales para poder comprender cómo es la industria, cuáles son sus engranajes y más importante aún: quiénes son las personas que crean videojuegos y hacen funcionar la maquinaria del sector desde Canarias.

Jesús Miguel Torres es profesor y doctor en el área de Ingeniería Informática y de Sistemas. Dirige el máster de desarrollo de videojuegos en la Universidad de La Laguna. Empezó como muchos en su sector, interesándose en el campo de los videojuegos, sin embargo, encaró su carrera en la ingeniería lo que lo llevó a la docencia de ingeniería y proponer la creación de un máster. 

«Actualmente existe un aumento tanto de ofertas como de formación en el sector de los videojuegos dentro de Canarias», asegura. Algunos ejemplos de ello son: la formación profesional en el instituto de César Manrique, las academias para desempleados y los centros de aprendizaje para niños.

En su propio máster aporta un aprendizaje centrado en «la programación tecnológica» lo que equivale al «área de gameplay programmer«. Además, adaptan parte de la enseñanza en el diseño. Sin embargo, no siempre un buen programador será buen diseñador, no se tiene intención de «abarcarlo todo» ya que son «mindsets distintos», señala. La única condición que se solicita para poder ingresar es tener «estudios o experiencia en la programación», asegura. En cuanto al contenido, se trata de un temario que suele actualizarse constantemente debido a los cambios en el programa Unreal Engine, desde el que trabaja el alumnado.

El estudiantado suele tener dos opciones al terminar este estudio «desarrollan sus propios proyectos indies con grupos de cinco o seis personas o ingresan en estudios de empresas que cuentan con 200 profesionales», explica. La mayoría del sector de los videojuegos buscan programadores ya que «los programadores se demandan y se pagan muy bien», añade. Aunque los seniors, personas con muchos años de trabajo, escasean. «No llevamos tiempo suficiente formando profesionales seniors e incorporarlos desde la penínsulas es muy costoso, ya que también tienes que trasladar a su familia», afirma.

En el futuro espera que el máster crezca ya que su top reside en veinte personas. Su forma de publicitar el año de estudio se basa en «participar dentro de los eventos dedicados a videojuegos como la Game Jam  o charlas con el estudiantado de ingeniería». Una de sus virtudes, aclara, es lo económico de su precio ya que se trata de un «máster oficial» por lo que no supone un gasto demasiado costoso.


Miriam Cabrera Galván tiene 27 años, es graduada en ingeniería informática con mención en Ciencias de la Computación en la Universidad de las Palmas de Gran Canaria. Actualmente cursa un máster de diseño y experiencia de usuario en la Universidad de La Rioja.  Reside en las Islas pero trabaja en un ámbito internacional, concretamente en una empresa de videojuegos llamada Akupara Games, residente en Los Ángeles, California y en la que lleva entre siete y ocho meses trabajando. Además, es profesora y colaboradora en el máster de diseño de videojuegos de la Universidad de Cataluña.

Miriam Cabrera es freelancer, su trabajo se centra en crear y colaborar en proyectos para otras empresas, algunas de ellas localizadas en el extranjero. «Yo me dedico al desarrollo de videojuegos desde cero, trabajo con prototipos para que puedan llegar a producción», apunta.

Acerca de las ventajas que le ofrece su empleo destaca que lo mejor del mundo de los videojuegos es «la diversidad de temáticas para abordar, sobre todo en proyectos indies, donde tienes la libertad creativa para desarrollar títulos diferentes a los comerciales, no sólo a nivel artístico también en diseño y concepto». También desataca la implicación emocional que los videojuegos pueden mantener con las personas simplemente «por el hecho de divertir», una de los motivos para trabajar en la industria es «el descanso y entretenimiento que los videojuegos pueden aportar», afirma.

En el prisma del freelancer subraya que es una profesión con más características positivas que negativas ya que ofrece «poder colaborar en diferentes proyectos y títulos  lo cual es muy positivo ya que te permite progresar, no sólo en conocimiento y aprendizaje también en tu ámbito profesional». Otro elemento que destaca es la diversidad de personas y asociaciones que aportan y mejoran la industria cada día. Por último, menciona que el sector permite abarcar muchas disciplinas lo que se traduce en «poder colaborar con gente que ha estudiado arquitectura, ingeniería de diseño industrial…». Esto permite «enriquecer tu visión del Mundo», resalta.

Sobre las desventajas de su profesión afirma que «el sector de los videojuegos no se caracteriza por ser un sector de grandes sueldos ni de gran estabilidad laboral». Otro punto negativo es el crunch, las largas jornadas laborales que experimentan las personas implicadas en la industria «yo he tenido que trabajar con horarios de sesenta horas, pero intento que no sea lo usual, suelo colaborar en empresas donde este tipo de prácticas estén totalmente prohibidas o hacer que elijan entre pagarme esas horas extras u ofrecerme días libres».

La última problemática que destaca es el hecho de ser mujer en la industria «es un sector duro, donde existe el machismo». En la empresa donde trabaja es senior game progammer «tengo la etiqueta más alta en la escala de categorías, el único que está por encima de mí es el líder de la empresa y soy la única mujer en el equipo de programación». Pese a ello, reconoce que ha sufrido varios micromachismos e incluso «frases fuera de lugar con degradación a mi género siendo desarrolladora de videojuegos» además conoce a compañeras que han manifestado «situaciones de acoso», concluye.


Aday Melián es FreeLancer en desarrollo de videojuegos. Su primera experiencia en este sector llegó desde muy pequeño: «Desde los seis o cinco años mi padre ya me puse un ordenador en sus manos, ya me encontraba aporreando el teclado». Estudió la carrera de Ingeniería Informática de Sistemas en la ULPGC y más tarde se encaminó en el máster de la ULL de videojuegos. A partir de ahí empezó a trabajar en todo tipo de empresas relacionadas con el ámbito digital y jugable. 

El primer estudio que pisó se ubica en Tenerife: «Era una empresa centrada en los modelos 3d». La experiencia de un año fue motivadora y gratificante, ya que dispuso de «total libertad y control» en los proyectos. Más tarde, ingresó en otra empresa, localizada en Gran Canaria,  y esta vez relacionada con el mundo educativo. 

Con este bagaje a sus espaldas empezó un proyecto con otras dos personas, en una empresa que llamaron: Daydream Software. El periodo de trabajo fue complicado ya que «las primeras experiencias fueron desastrosas, el juego salió a la venta, pero la empresa  decayó y generó que la motivación del año y medio consumida por el desarrollo diera lugar a la desintegración de todos sus miembros». Actualmente utiliza el nombre de la empresa como marca personal para crear sus propios videojuegos.

Risko, una de sus más recientes creaciones, es un juego de móvil gratuito para android y ambientado en la cultura canaria, concretamente en el salto de pastor.

En un principio aprovechó el salto del pastor como una mecánica principal, pero a medida que avanzaba en su lanzamiento se percató de la capacidad cultural que el proyecto tenía «lo de saltar da buenas mecánicas, conforme avancé vi el videojuego como medio para transmitir flora, fauna y cultura canaria, es algo que me gustaría seguir haciendo a futuro»

Además de trabajar en sus propios proyectos coopera en el grupo de investigación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Incorpora el «motor gráfico de Unity,  para crear entornos VR donde el alumnado pueda practicar en un espacio digital la disección de cadáveres», concluye.

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