Mamá es Sagitario no es Cáncer. Pero lo tuvo. Puede que tú hayas pasado por él, o que conozcas a alguien que lo tenga. Porque cada vez es más frecuente tener cáncer cerca. Una enfermedad que sigue incrementando con el tiempo, estimando más de 300 000 nuevos casos en España al año. Da miedo. No solo hablar de él, sino de la incertidumbre que se crea al no saber si algún día tocara tu puerta. Yo nunca pensé que algún día pasaría, pero llamaron a mi puerta: mamá tenía cáncer.
El corazón me cambió por completo cuando entré a mi casa tan feliz de un día de playa y acabé escuchando la palabra: cáncer. Hasta ahí llegas, se nubla todo lo demás porque hay temor. Nunca se está mentalmente en condiciones para afrontar este tipo de situaciones. Siempre las escuchamos desde fuera. Cuando toca vivirlo desde dentro, todo cambia. Y así fue, todo cambió. Mamá no podía trabajar. Mamá no tenía apetito. Mamá lloraba de dolor. Mamá se desmayaba. Mamá no tenía fuerzas para levantarse de la cama. Mamá dejó de ser la de siempre. Una enfermedad le arrebató cómo era ella.
Sufría al ver sufrir a mi madre. Sufría porque mi familia sufría por verla así. Sufría porque deseaba que el dolor que tenía ella lo sufriera yo y no la mujer que me dio la vida. Solo quedaba confiar en la medicina y las soluciones actuales para tratar la enfermedad: quimioterapias, radioterapias, medicaciones y tratamientos que se convierten en una rutina.
«A pesar de las puertas que se cierren, siempre hay alguna ventana por la que salir»
Mamá nunca se rindió a pesar del dolor, del sufrimiento, del cansancio y de la monotonía del proceso. Meses en casa encerrada, sin poder hacer una vida normal. Aún así luchó.
Ella sufría y no solo por ella: veía cada día a personas distintas en una situación similar a la de ella. Empatizaba y lloraba porque nadie debería estar en esta situación. Pero ella luchó. Aunque perdió pelo, fuerza, sensibilidad y hasta una parte de sí misma, ella jamás perdió la esperanza.
El proceso fue complejo. Ahora visualizo el pasado y no sé cómo ella fue tan valiente y guerrera. A pesar de ello, Mamá ahora no es la de siempre. Después de esto, nunca lo será. Pero Mamá sigue aquí.
El cáncer no solo enferma a una persona, entra en una casa entera, cambia rutinas, cambia silencios, cambia la forma en la que miras el futuro, es decir, cambia vidas, pensábamos que tal vez nuestro futuro no existía. Nunca lo llegamos a decir en voz alta, pero era algo que se veía en cada una de nuestras miradas. La sanidad pública y personal sanitario nos dieron esperanza para aferrarnos a la idea de seguir adelante como familia. Esto nos unía más como familia y nos hacía creer en que todo saldría bien… y aquí estamos, porque a pesar de todos los altibajos nunca perdimos la esperanza.
Cuando el cáncer entra en casa, nada vuelve a ser igual, excepto una cosa: las ganas de seguir a una y de vivir más que nunca. A pesar de las puertas que se cierren, siempre hay alguna ventana por la que salir. Así que si tienes algo pendiente que hacer, hazlo. No sabes cuando algo puede tocar tu puerta y arrebatártelo. Y si necesitas ayuda profesional, pídela.
Ojalá algún día solo se hablara de la constelación de estrellas del horóscopo de Cáncer.










