Tradicional plantación de viñedo. Foto: PULL

Lanzarote, esencia, naturaleza y arte

Sociedad

Lanzarote, al igual que el resto de sus islas hermanas de Canarias, es especial. Sus cráteres marcan las pautas de su belleza árida, su calidez amable y su lava caótica. Quienes la visitan, en diversas excursiones, se asombran por su versatilidad, sus paisajes y su magia. Porque sí, en Lanzarote se respira todo aquello que no se puede explicar, solo sentir una vez estás ahí, como Timanfaya, el resultado de la rebeldía de la tierra que, entre los siglos XVIII y XIX, desestabilizó la vida de sus habitantes para dar paso a un lugar asombroso.

En 1824 la Isla abandonó su periodo de disidencia para entrar en uno de paz que, en la actualidad, permite disfrutar de más de 50 kilómetros cuadrados de un espectáculo tan grotesco como bello. Aunque, por la reciente erupción de La Palma, parece que estamos más informados sobre la actividad volcánica, el Parque Nacional de Timanfaya cuenta con materiales piroclásticos únicos como los cabellos de Pelé, una especie de fibrilla de vidrio basáltico formada en la lava.

Cuando visites este lugar, al que puedes ir de excursión, te sentirás en el origen de la vida, entre el humo y la ceniza escucharas el rugido de una naturaleza que, aún viva, quiere permitirte disfrutar de su singularidad.

Timanfaya erupcionó en 1730. Foto: PULL

La huella de Manrique


Si hablamos de Lanzarote y sus emblemas tenemos que hablar de la huella de César Manrique. El que fuera uno de los artistas españoles más relevantes, se fue en 1992 dejando diversas joyas en la que siempre será su isla. Aunque es conocida por la mayoría su papel fundamental en Timanfaya, también es destacable el Mirador del Río. Aparentemente integrado en el contexto volcánico la infraestructura fue diseñada para que, la mano del ser humano no rompiera la fuerza de la naturaleza, pero sí permitiera admirarla. Desde aquí podrás observar el Archipiélago Chinijo: La Graciosa y los islotes de Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste.

El Mirador del Río se construyó en 1973. Foto: PULL

En este viaje que estamos emprendiendo es imposible no pasar por los Jameos del Agua. Cuando el techo de un tubo volcánico se derrumba da pie a que cosas maravillosas sucedan después y eso es lo que ocurrió en este lugar. El Volcán de la Corona dio paso a los Jameos y a la Cueva de los Verdes; entrar en esta última supone conocer las entrañas de la tierra que nunca deja de rugir, adentrarse en sus caminos y sorprenderse cuando el agua se quiebra como si fuera magia.

Los Jameos del Agua es un sitio mucho más abierto en el que Manrique también dejó su huella. Los matices de sus colores y la adaptación de su estructura hacen que la mente viaje a la infancia, al brillo y a la ilusión.

Los Jameos del Agua. Foto: PULL

Si nos desplazamos solo un poco, hasta Guatiza, encontraremos el Jardín de Cactus donde César Manrique también dejó su legado. En una cantera descuidada el artista vio un potencial infinito y quiso plasmar, nuevamente, esa unión entre lo terrenal y lo imaginario que da lugar a un sitio tan icónico como este. Cuenta con más de nueve mil cactus entre las que se encuentran 1500 especies diferentes.

Por último, quiero que disfrutes de la esencia de esta isla. Quiero que veas la estampa de sus casas blancas en el ambiente árido para que te des cuenta de que lo que digo tiene sentido y razón. En Lanzarote está todo aquello que parece irreal, de otro planeta o, incluso, de otro siglo. En Lanzarote está la magia exaltada y el informalismo más autentico. En Lanzarote encontrarás tu esencia y conectarás con el arte y la naturaleza. En Lanzarote serás tú.

Estudiante de Periodismo en la Universidad de La Laguna. "La mejor noticia no es la que se da primero, sino, muchas veces, la que se da mejor", Gabriel García Márquez.

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