La vida es levantarnos, para luego despertarnos. A continuación vivimos, pero solo si estamos a tiempo. Rodamos con la falsa ilusión de una compañía pero esta desaparece cuando caemos. Solo en aquellos momentos en que dejamos de ser quienes somos descubrimos quien realmente nos acompañaba. Rodamos en una constante rutina presos de nuestras propias cárceles mentales. Anhelamos, inocentemente, volver a estar “bien”; solamente para volver a sentirnos acompañados. Lo más triste de todo es que, más que acompañar, nos acompañamos.
«No tengo a nadie»
El miedo a quedarse sin compañía se ha convertido en una sensación cada vez más habitual









