La adicción por el 'fast fashion' supone un apoyo para las grandes empresas. Foto: Paloma Renedo

Shein, la moda rápida

Opinión

Shein, la tienda de moda online, se creó en 2008 y, desde entonces, se ha colado en los mercados de todo el Mundo. España se unió a esta dinámica muy pronto, sin embargo, no fue hasta 2020 que se convirtió en tendencia gracias a las redes sociales. El auge fue tal que se estima una valoración de casi 95 000 millones de dólares, superando por una diferencia marcada a Inditex, su competencia más directa, cuya valoración es de 62 000 millones.

Se trata de una propuesta que por un precio accesible ofrece a su público un catálogo de productos en tendencia al que se le suman las numerosas promociones que se encuentran al navegar en la tienda. Algunas de sus prendas son  iguales a otras que se consiguen por el doble de precio en Zara o Bershka. Las personas de entre 16 y 28 años son el público objetivo de la firma asiática y no es raro ya que son quienes prefieren los bajos precios por encima de la calidad de las telas y tejidos.

Devoluciones gratuitas, ropa atractiva, gastos de envío muy accesibles y un catálogo amplio e inclusivo que se actualiza todos los días, son tan solo unos pocos de los beneficios que obtiene quien accede a la tienda. Hasta aquí todo parece bonito, pero como el resto de las marcas de las que consume con frecuencia la sociedad actual, Shein también es un caso de fast fashion.

«En menos de una semana son capaces de clonar las piezas de cualquier desfile de moda de alta gama»

Real time fashion, es el término con el que se denomina el modelo de producción que sigue la marca china de la que hasta hace muy poco se desconocían datos relevantes. En menos de una semana son capaces de clonar las piezas de cualquier desfile de moda de alta gama. Pero esto es solo el reflejo de la explotación que se esconde detrás de las maquinas de costuras y a las que se exponen miles de mujeres que trabajan para la firma. En el 2022 se reveló el documental Untold: inside the Shein Machine. En el, una periodista se adentró en las fábricas y con una cámara oculta documentó las condiciones laborales a las que son sometidas las empleadas por Shein.

En el reportaje se denuncian jornadas laborales de más de 18 horas, un día libre al mes y sueldos de menos de 600 euros. Incluso, algunas de las trabajadoras han reportado que todos los errores que comentan durante la producción significa una resta importante en el dinero que reciben al finalizar la jornada. Las trabajadoras revelaron que, en muchas ocasiones, deben instar por ducharse en la fábrica a la hora de la comida ya que el tiempo no les permite hacerlo en sus propias casas.

En años anteriores una organización suiza ya había denunciado que las condiciones que existían en las fábricas de la marca no eran las más adecuadas y que estás podían suponer un peligro para quienes trabajaran ahí. Las salas no tenían salidas de emergencia, las ventanas tenían barrotes y las escaleras eran de difícil acceso. Además, se han publicado en las redes sociales fotografías de supuestas llamadas de auxilio en las etiquetas de la ropa, entre las instrucciones de lavado se cuelan mensajes como «Need your help«. Se presume que esta es una de las maneras de manifestarse en silencio.

Casi un año después de la denuncia hecha por la periodista Iman Amrani en el canal británico Channel 4, las condiciones no han cambiado. A día de hoy son muchas las investigaciones que existen sobre este tema y queda mucho trabajo judicial por delante. Mientras esto ocurre, miles de personas se seguirán sumando a la opción low cost y la marca seguirá ganando espacio en el sector.

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