La actriz es también improvisadora. Foto: Lucía Ruano

Romina Vives cautivó con su representación escénica ‘Encrucijadas’

Cultura / Ocio

La Sala Insular de Teatro se transformó el pasado 25 de abril en un espacio de encuentro marcado por la música, la memoria y la participación con la representación de Encrucijadas, una creación escénica dirigida por Romina Vives. La cita, celebrada en Las Palmas de Gran Canaria a las 19.30 horas, reunió a asistentes que llenaron el recinto y se implicaron activamente en el desarrollo del montaje.

La obra, impulsada junto a la compañía Vives Impro, parte del cierre de un karaoke emblemático de la ciudad como punto de partida para explorar los vínculos que se generan en este tipo de lugares. A través de una combinación de escenas guiadas y momentos abiertos, el espectáculo construyó un relato colectivo en el que las experiencias compartidas adquirieron protagonismo.
Sobre el escenario, Efraín Martín, Ana Puerta, Abraham Santacruz y la propia Vives desarrollaron una propuesta que integró interpretación, improvisación y música. La dinámica permitió que cada pase fuese distinto, incorporando aportaciones de quienes acudieron, lo que enriqueció la narrativa en tiempo real.

Desde el inicio, el montaje recreó un entorno cercano a un bar karaoke, donde las escenas se sucedieron entre canciones y situaciones cotidianas. Este planteamiento favoreció una atmósfera distendida que facilitó la interacción y reforzó el carácter participativo de la pieza.

Durante la velada, la directora planteó una mirada hacia los cambios en el tejido urbano y la desaparición de determinados puntos de convivencia, poniendo en valor su papel como focos de conexión social. La iniciativa invitó a reflexionar sobre cómo estos entornos influyen en la construcción de recuerdos y relaciones.

«Convertimos un teatro en un lugar donde todo podía pasar»


Uno de los elementos más destacados fue la compenetración del elenco. A pesar de la reciente incorporación de algunos intérpretes al proyecto, la puesta en escena evidenció una coordinación sólida, especialmente en los fragmentos improvisados, que fluyeron con naturalidad dentro del conjunto. La actriz Romina Vives comentó: «Convertimos un teatro en un lugar donde todo podía pasar».

Con una duración aproximada de una hora y quince minutos, la función avanzó entre momentos de humor, emoción y cercanía. Las personas presentes respondieron con entusiasmo, participando en diversas dinámicas y contribuyendo a generar una experiencia compartida que trascendió el formato tradicional.

La velada concluyó con una prolongada ovación, reflejo de la acogida positiva por parte del público. Encrucijadas se consolida así como una propuesta que apuesta por la interacción directa y la construcción colectiva, situando a quienes asisten en el centro de la experiencia escénica.

Lo último sobre Cultura / Ocio

Ir a Top