La escritora presenta su nueva obra galardonada. Foto: Lucía Ruano

María Nieves Pérez: «La escritura también está hecha de silencios»

Cultura / Ocio

María Nieves Pérez Cejas es autora de Todas las nubes y de los poemarios El invierno más largo Premio Luis Feria, 2015 y La melancolía de los supermercados, 2016. Comenzó a escribir en la adolescencia. A los 16 años ganó el premio Ruta Quetzal con su primer relato.  Tras ser finalista del Premio Benito Pérez Armas 2024, publicó su novela con Nectarina Editorial, una historia teñida de azul cielo, mar y deseo, que acompañan a Greta en una aventura inquietante, en la que el pasado irrumpe en forma de ‘Él’. Entonces, nada es lo que parece. Entre rabia, amor y mentiras, Greta avanza hacia un volcán que terminará abriéndose también en su interior.

¿Escribes para rescatar la memoria de quienes no tuvieron voz o para entender tus propios silencios? «Escribo para dar vida a lo que me rodea, a todo lo que las voces esconden, a los recuerdos. Y en esa necesidad de escribir también están los silencios, eso que nunca decimos porque, a veces, ni siquiera nos damos cuenta de su existencia. Pronunciar el silencio es la única manera de escucharlo, de dar voz a eso que existe dentro de nosotras. La escritura permite que ese desierto emocional se exprese, convirtiéndose en un espejo de nosotras mismas».

Al crear, ¿te guía una estructura rígida o te dejas llevar? «Me cuesta llevar un orden, aunque eso no significa que no tenga claro qué y de qué modo quiero contar una historia. Sin embargo, en muchas ocasiones, es la escritura la que define el camino, lo modifica, te sugiere otros atajos y otras posibilidades de viaje. Esto tiene que ver con la cotidianidad, como cuando sales de casa porque tienes que ir a un sitio determinado, y, de pronto, algo te distrae, te sorprende, te hace rectificar el plan que tenías trazado de antemano. Sin embargo, todo ello no impide que llegues al destino final. Esto es lo interesante de redactar y de escuchar las voces que surgen de la escritura».

«El lugar que habitamos nos define, es parte de lo que somos»


¿Es posible para ti redactar sin que la geografía de la isla condiciona la psicología de lo que narra? «El lugar que habitamos nos define, es parte de lo que somos. Estamos hechos de volcán y de mar, de tierra que limita y de un océano abierto en el que cabe cualquier pregunta. Por tanto, el espacio nos construye y en él habita un abanico infinito de emociones. Lo que cuenta Todas las nubes está vinculado a la tierra y a lo que esta sugiere, de ahí que los personajes sientan igual que siente la isla, como si su raíz no pudiera desligarse del sitio al que pertenecen».

¿Hubo una imagen, un objeto o un ‘azul’ específico que te haría saber que la
crónica de Greta debía ser contada? «
Tal vez me atrevería a decir que en la obra hay un “azul Greta” que no es celeste, ni añil, ni turquesa, ni siquiera azul marino. Es un color nuevo que surge a raíz de la necesidad de la protagonista de “contar-se”, de “narrar-se” desde la emoción. Digamos, entonces, que se trata de un azul vivencial que lo que pretende es compartir con los demás el relato de una vida llena de matices, de un color que adquiere tonos diferentes dependiendo de la luz que lo refleje».

¿Qué le aportó la mirada externa del guardia Romeo Roque para terminar de perfilar la complejidad de Greta? «Este es un libro de personajes y de cómo las relaciones que se establecen entre ellos afectan a su existencia. Cada uno de ellos va madurando y adquiriendo matices inesperados, características que tal vez nunca habrían imaginado. En este sentido, al principio, Romeo resulta casi cómico, sin embargo, va evolucionando hasta que su aparente debilidad se convierte en una forma de fortaleza. Su personalidad nos ayuda a entender más a Greta, a comprender cómo la fuerza de un personaje puede diluirse cuando se enfrenta a situaciones extremas».

¿Fue difícil trabajar ese clímax donde el paisaje y el fondo de la protagonista
parecen estar siempre a punto de estallar? «
El mar es un abismo infinito en el que parece que, en cualquier momento, algo puede ocurrir. Esta realidad no es lejana a lo que pasa muchas veces en nuestro interior, en nuestro yo más interno. Por este motivo, no resulta nada complicado equiparar estos dos mundos, ya que son descritos desde la emoción».

¿De qué manera ha influido la cuidada estética de Nectarina Editorial en tu propia percepción del viaje de Greta ahora que es un libro físico? «Me ha gustado mucho la idea de Eliezer Mayor de mezclar diferentes azules en un diseño abstracto que solo insinúa. Creo que tiene mucho que ver con la novela, con ese territorio fronterizo donde lo real, lo recordado y lo imaginado se mezclan, de modo que es muy difícil identificar dónde empieza la realidad y dónde la ficción. Su estética contribuye a generar esa ambigüedad que es una pieza más de la obra, esa neblina capaz de recrear todos los mundos posibles con todos sus azules».

 

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