El geográfo y el cineasta durante la ponencia. Foto: C.Rodolfi.

El eco de ‘Un volcán habitado’

Universidad

El Paraninfo de la Universidad de La Laguna abrió sus puertas a las ocho de la tarde para proyectar la película Un volcán habitado. de David Pantaleon y José Víctor Fuentes. Las pantallas proyectaban como la lava caía de cerca, un rojo vivo brillante grabado desde muy poca distancia que mostraba como devoraba todo a su paso y, por otro lado se veían a los vecinos dándolo todo para quitar la ceniza de los tejados.

El mensaje de la pelicula estaba muy claro: mientras las imágenes del volcán mostraban toda la fuerza de la naturaleza, las escenas de la ciudadanía enseñaban las consecuencias tan duras que el desastre tuvo sobre ellos.Pero lo que más llegaba al corazón eran los audios reales de WhatsApp que se escuchaban de fondo. Al principio el grupo de amigos estaban alucinados con la belleza del fuego por la noche, pero luego se oía el miedo y la incertidumbre. Se notaba mucho como el ánimo de los amigos iba cayendo según pasaban los días.

Grabando entre amigos

Cuando terminó la peli, José Víctor Fuentes y el geográfico Abel López empezaron a hablar. El cineasta contó que él vivió todo esto como un afectado más. Explicó que grababa la lava cayendo desde su casa, ya que vivía a solo dos kilómetros del volcán, pero que al principio solo quería guardar recuerdos para el. “No queríamos sacar a gente llorando ni casas cayéndose; queríamos retratar esa fuerza que nos tenía asombrados” dijo con sinceridad. Fue una forma de procesar el desastre a través de la cámara sin caer en el sensacionalimo.

La realidad tras la lava 

La parte más emocionante llegó cuando comentaron que pasó después de esos 85 días. José Víctor contó que su grupo de amigos, que se conocen desde los 13 años , lo paso fatal. Un amigo perdió la finca, otro perdió dos casas y otro se tuvo que ir a Suiza porque no aguantaba más la situación. Admitió que la recuperación está siendo mucho peor que el volcán en sí y que el desastre sacó lo peor de muchas personas. Mientras unos se aprovecharon de la situación, muchos vecinos siguen hoy sufriendo y esperando soluciones que no llegan.

Para cerrar, comentaron que en las islas nos falta mucha educación sobre el territorio donde vivimos. Construimos casas y carreteras en sitios peligrosos porque nadie nos enseña a respetar la fuerza de la tierra. José Víctor decía que somos solo una gota frente a la naturaleza y que hay que aprender a convivir con este riesgo. Fue un encuentro agridulce que te dejaba con la idea de que lo más importante es aprender de lo que pasó para que, si vuelve a ocurrir, no nos pille sin saber cómo actuar.

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