Tres jóvenes comparten su experiencia alquilando en Tenerife. Foto: C. Llanos

La odisea de alquilar en Tenerife

Sociedad

Multitud de jóvenes deciden vivir de alquiler en apartamentos que estén cerca de su lugar de estudio o buscan independizarse al finalizar su titulación. Alquilar una vivienda, en especial para una persona joven, puede traer consigo múltiples problemas y dificultades.

Provivienda es una asociación sin ánimo de lucro que, desde 1989, actúa en varias Comunidades Autónomas, entre las que se encuentran las Islas Canarias. Su labor consiste en luchar por el derecho a la vivienda digna y contra la exclusión residencial.

Fernando Rodríguez, director territorial en Canarias de Provivienda, afirma que los principales problemas del alquiler en el Archipiélago se deben al «alto precio de la vivienda y el incremento constante del precio del alquiler». Rodríguez explica que esta situación dificulta el acceso al hogar y su mantenimiento. Asimismo, asegura que «el precio de la vivienda en alquiler en las Islas ha subido un 42 % en los últimos cinco años y desde 2015, los precios no han bajado nunca».

El director aclara que cada vez existen más personas que sufren problemas relacionados con la vivienda y que quienes peor pasan esta situación son aquellas con rentas bajas y en situación de desempleo. «Año tras año, el número de jóvenes que no puede emanciparse crece y es debido, principalmente, al alto precio de los alquileres y la falta de vivienda social y asequible», añade Rodríguez. Por ello, tres jóvenes estudiantes han decidido compartir su experiencia en cuanto al alquiler de vivienda en Tenerife.

Convivir con personas desconocidas


Ángel Expósito tiene veinte años. Es un joven tinerfeño que en estos momentos se encuentra estudiando y trabajando. Durante tres meses, ha vivido de alquiler. Consiguió un piso en Santa Cruz de Tenerife por el que paga 320 euros, más veinte por la limpieza.

Ángel Expósito convivió con unas diez personas diferentes en tres meses. Foto: C. Llanos

Durante este tiempo, Expósito no se ha encontrado con grandes dificultades en lo que concierne a su casera o al precio de su vivienda, que suelen ser los problemas más comunes. Sin embargo, compartir piso, en especial siendo estudiante, suele estar marcado por convivir con personas desconocidas.

«Nunca llegas a poder socializar con quien vives»


En el caso de este joven, esta situación se ha expandido a lo largo de la totalidad de su estancia. «En el piso entraba gente nueva constantemente», explica. Luego, añade que «no tiene por qué ser algo necesariamente malo, pero sí es verdad que viviendo así nunca llegas a poder socializar con quien vives, porque cuando empiezas a conocer a alguien, se va».

Expósito cuenta que en los últimos tres meses ha vivido con unas diez personas diferentes. Además, especifica que «no estaban siempre la misma cantidad de tiempo». El estudiante dice que la duración de la estancia dependía de la situación personal de cada persona. De esa manera, «había quienes venían de vacaciones y estaban diez días o dos semanas, más o menos», afirma y recalca: «En cambio, otras necesitaban ahorrar, o buscaban estabilidad y se quedaban por varios meses».

De esa manera, el joven convivió durante su estancia con familias, turistas u otros estudiantes. «Había épocas en las que vivía prácticamente solo», asegura. Expósito declara que ha tenido suerte al ser alguien bastante independiente, al que «no le molesta demasiado la soledad», ya que reconoce que para muchas otras personas esta situación podría resultar bastante complicada: «La mayoría de las veces la juventud estudiante busca gente de su edad con la que convivir y tener compañía».

Por último, el estudiante expresa que su experiencia ha sido «muy variable», ya que la convivencia dependía mucho de los compañeros. «Conocí a personas de todo tipo», concluye.

Abuso de poder de la casera


Cristina Pérez tiene 19 años. La joven, natural de Lanzarote, estudia en Tenerife, por lo que, durante los últimos dos años, ha vivido en un piso en San Cristóbal de La Laguna. Durante el primer año, el precio total del alquiler era de 600 euros, sin embargo, ascendió hasta los 670 euros, «sin previo aviso ni un motivo aparente», asegura Pérez.

La joven declara que experimentó diversos problemas durante su estancia. En primer lugar, afirma que «la casa contaba con muchos desperfectos», entre los que señala las humedades de las paredes y el techo o el mal funcionamiento de algunas puertas. Añade, además, que la casera abusó de su poder: «Se niega a arreglar esta situación o pagar el arreglo de cosas de primera necesidad, como la ducha o la taza del váter». Pérez también denuncia que la amenazó con echarla «por invitar a amigos al piso».

Cristina Pérez experimentó problemas con su casera durante dos años. Foto: PULL

«Me he sentido incómoda y estafada»


Por otro lado, Pérez menciona que hubo un cambio de cerradura en el portal del edificio, del cual no les informaron, por lo que, temporalmente, no tuvo acceso a la vivienda. «He dejado de salir a ver a mis amigos por miedo a quedarme en la calle», expresa.

La estudiante señala que su calidad de vida se ha visto afectada y que, además, se ha sentido desprotegida. «Intentamos hablar con la casera, pero no dio frutos», subraya. Asimismo, asegura: «me he sentido incómoda y estafada por no tener un piso en condiciones».

Según Pérez, los problemas empezaron a los dos meses de comenzar la estancia, y que en todo este tiempo «no hemos encontrado otra alternativa, así que aguantamos como pudimos». La joven asevera que nunca recibieron explicaciones apropiadas por parte de su casera, y que nunca se les proporcionó una solución adecuada ante sus problemas.

«Ambas partes del contrato tienen derechos y deberes al alquilar»


Desde Provivienda, Rodríguez reitera en que «ambas partes del contrato tienen derechos y deberes al alquilar un piso que se deben cumplir por ley». Sin embargo, asegura que, por desconocimiento, puede haber problemas entre las partes. Por eso, aconseja que se intente llegar siempre a un acuerdo con la persona propietaria y recomienda que se «consulte con juristas que se hayan especializado en derecho inmobiliario para que le indiquen qué debería hacer en función del problema».

Además, Provivienda cuenta con un Servicio de Información, asesoramiento y formación en materia de vivienda donde se puede recibir asesoramiento jurídico. «También hay administraciones públicas que prestan otros servicios gratuitos, como la Organización de Consumidores y Usuarios y el Colegio Oficial de Abogados y Abogadas», apunta  Rodríguez.

Precios elevados


Arianna Cella tiene 19 años. Es de origen venezolano y lleva cuatro años viviendo en Tenerife junto a su familia. Recientemente, se ha graduado, por lo que está buscando un lugar en el que residir en el municipio de La Orotava. Esta búsqueda ha durado ya unos tres meses, pero la joven no ha podido encontrar un lugar aún.

Para poder hacer frente a los gastos que requiere la nueva vivienda, la joven solo cuenta con un sueldo base, el cual no le resulta suficiente. «Los precios de los pisos son demasiado elevados», explica.

Arianna Cella lleva varios meses buscando piso sin éxito. Foto: C. Llanos

 «Hay bastantes personas que están experimentando el mismo problema»


Durante este tiempo, ha visitado un total de siete lugares diferentes. La joven asegura que «ninguno se adapta a sus necesidades», ya sea por cuestiones de precio o de localización. Cella es consciente de que su problema es bastante común y subraya que, en su círculo cercano «hay bastantes personas de diferentes grupos de edad que están experimentando el mismo problema».

Francisco Rodríguez confirma que el alto precio de la vivienda y el escaso número de vivienda social son motivos que, con frecuencia, dificultan encontrar un piso. Según portales inmobiliarios como Indomio o Idealista, el precio del alquiler por metro cuadrado en Santa Cruz de Tenerife es de once euros, lo que supera los 900 euros al mes por una superficie de noventa metros cuadrados.

Discriminación residencial


Además de esto, añade que existen «grandes impedimentos para cumplir las condiciones que se piden en el mercado libre del alquiler».  Algunas de las condiciones que se exigen son contar con varios avalistas, varias mensualidades en concepto de fianza, garantías adicionales, contrato laboral indefinido o ingresos altos.

Por último, Rodríguez hace un inciso en las situaciones de discriminación residencial que sufren determinadas personas por razón de nacimiento, edad, sexo, orientación sexual o identidad de género, religión, enfermedad o condición de salud, discapacidad, origen racial o étnico, o por cualquier otra razón o circunstancia personal o social.

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