Jugadores de la generación dorada madridista posando con los títulos de Champions. Foto: PULL

Fútbol champán

Opinión

El Real Madrid certificó el pasado 28 de mayo, una vez más, su innegociable dominio europeo. Tras ganar al Liverpool por uno a cero, Marcelo levantó la decimocuarta Champions al cielo del estadio de Saint Dennis. El secreto de las finales sigue sin contarse, en París tampoco. El misterio alrededor de la Institución merengue sigue aún oculto, los demás, año sí y año también, se quedan atónitos ante la superioridad madridista continental. Ya son ocho finales consecutivas llegando y alzándose con la ansiada plata, es decir, final que juegan, final ganada. Lanzar ocho veces una moneda y que en todas las ocasiones salga la misma cara es casi insólito.

En la temporada 1955-1956 la idea de la Copa de Europa con ayuda de L’Equipe y Gabriel Hanot se terminó por hacer. El Real Madrid fue invitado al prestigioso torneo. Las cinco primeras ediciones fueron ganadas por los blancos, eso sí, de este hito hace más de sesenta años. En ese tiempo las televisiones no tenían color, algo siempre que se le ha achacado al Club, descatalogando de esta forma en gran medida la hazaña realizada.

¿Es de verdad un problema el color? Bueno, solo con los últimos diez años de la laureada historia madridista, se da un relevo generacional a aquellas cinco Copas de Europa primigenias. Hoy en día contamos con la mejor de las tecnologías: TV 4K, Fibra Óptica, 5G…, una digitalización que ha acompañado de gran viveza e imágenes coloridas los últimos logros merengues conseguidos.

El Madrid ganó algo más importante en París, un título que no es de plata u oro, que ni se da, ni se pide: ser ganadores de la edición más loca que se recuerda de la Champions League. Las formas de la victoria de esta campaña son tan inexplicables, como efímeras, en un abrir de ojos ingleses y franceses se vieron sin su aparente pase a la siguiente ronda, hábil durante toda la eliminatoria y que en los últimos segundos se veía frustrado por la mística del Bernabéu y el vendaval de juego madridista.

Todo parece escrito por el de arriba. Los milagros y la cantidad de situaciones desfavorables que se les ha puesto en frente a los merengues hace pensar en que, ataviado con su camiseta blanca, daba sus directrices, quería la decimocuarta. Y así llegó, tras superar las tres rondas knockout y logrando hacer machadas nunca antes vistas. Karim, Modric y compañía tocaron el oro en París y brindaron en honor al fútbol champagne, en la capital del vino espumoso.

«Una Champions al más puro estilo del vino espumoso»

El fútbol champán es un término que se ha puesto muy de moda en los últimos meses en la red social Twitter. Esta terminología no tiene un sentido único, es utilizado en muchos contextos. A raíz de esta palabra que se convirtió tendencia, un famoso twittero del Racing de Santander puso de moda un meme con esta frase, esta en poco tiempo se hizo viral y poco después, llegó a manos de la plantilla del club cántabro. En la celebración de la Primera Liga RFEF en el ayuntamiento de Santander, Romo, uno de los jugadores más importantes en la consecución de dicho título, cantó e hizo alusiones a esta terminología en la fiesta.

Aunque hayamos dicho que este fútbol es utilizado en muchas ocasiones para referirse a varias situaciones, el fútbol champán es más que eso, con gran perdón al Racing de Santander. La palabra champán se refiere a aquel fútbol exclusivo para solo unas pocas grandes citas, es aquel que se descorcha en los minutos finales, cuando la gala ya está a punto de llegar a su fin y solo falta el broche a la velada. Eso ha enseñado al mundo el Real Madrid, una Champions al más puro estilo champán.

La realidad desconcertante con la que me me encontré al analizar los datos de la semifinal ante el Manchester City es la siguiente: desde el minuto uno y medio del partido de ida en el Etihad Stadium hasta el minuto noventa y dos del partido de vuelta del Bernabéu, los merengues estuvieron por detrás del marcador general de la eliminatoria. 178 minutos por detrás en la contienda, para en los últimos cuatro minutos de descuento descorchar con todos los honores la botella. La bodega de Chamartín. Tres goles y a la cubitera. No vaya a ser que se ponga caliente.

«El Real Madrid es la bodega que junta los gran reserva con los crianza»

La consecución del título europeo estoy seguro que se ha dado por el perfecto manejo de la plantilla por parte de Ancelotti. El Real Madrid cuenta con jugadores que superan la treintena y que con este último trofeo, suman cinco Champions, además de un gran número de jugadores que se quedaron con un buen puñado de ellas y otros, nuevos en la bodega, que acaban de llegar y han tocado el santo. Es el caso de los Vinicius, Camavinga, Militao… jugadores con menos de cinco años en conservación, pero con matices en boca rejuvenecedores y con trazos de la victoria.

Además de estos vinos espumosos que se han sumado a la bodega, por si algo se le conoce es por ser pionera y por sus champanes de gran reserva. Estos especímenes son fruto de una maduración de años y de un perfecto mantenimiento del espumoso en los barriles. Karim Benzema, la botella con la que más mimo se ha tenido, hoy en día es el emblema de la bodega. Champán francés del bueno. Como olvidarnos de Luka Modric, la perla de los espumosos, botella de las viejas y las que mas impasible se mantiene ante el paso del tiempo. Por la Perla croata sigo pensando que no pasan los años. Siempre peleón como un crianza.

La bodega Real Madrid junta champanes gran reserva con los crianza más jóvenes de la despensa, provocando un equilibrio perfecto entre veteranos y noveles que hace a esta bodega única. Catorce Champions, perdonad que lo diga, me suenan muy bien. Esta fijación con la victoria ha sido dada por una gran gestión de una persona en las sombras. Ese es Florentino Pérez, dueño de la bodega y persona de máxima influencia en este mundillo. Sin él, para mí, no habría logro madridista. El mantenimiento y la organización de la corporación vinícola la lleva él, un hombre de negocios que sabe de primera mano el punto perfecto de maduración de sus champanes.

 

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