El problema deriva en enfermedades graves como la depresión, la fatiga o el estrés. Foto: PULL

El bello resultado de la explotación

Opinión

El principio de la alquimia es el intercambio equivalente. En la industria del videojuego una gran cantidad de trabajo suele resultar en obras sobresalientes, esas que son recordadas aún con el paso de los años. Pero pocos son los que se detienen a pensar, o hacer conciencia crítica, de cuál ha sido el esfuerzo real que se ha invertido en crear algo así. La realidad indica que un desarrollador puede llegar a tener jornadas de 10-12 horas diarias para cumplir los objetivos. Eso es el crunch, la presión y tiempo desproporcionados que se inflige en los desarrolladores para culminar los proyectos a la perfección en el menor plazo posible.

Las consecuencias son diversas para quienes sufren de esta práctica empresarial, depresión, fatiga extrema y enfermedades derivadas del alto nivel de estrés. Además de casos de divorcios, de padres y madres que no vieron crecer a sus hijos, reemplazando la memoria de sus primeros pasos con la de números en un monitor. El sector se ha vuelto uno más de los que promueve el capitalismo obsceno. Solo importan las ganancias, sus empleados viven para trabajar, son víctimas del sistema, son números e indices de efectividad.

La calidad de los últimos juegos se logran a costa de la calidad de vida. Foto: PULL

Hay historias  detrás del las aventuras favoritas, anécdotas de personas que sintieron como se aprovecharon de la pasión por su profesión y abusaron de ella, utilizándolas hasta exprimirlas completamente.

Ejemplos de estos hay varios, como el caso de Rockstar Games y Red Dead Redemption 2. Dan Houser, productor del juego, dio detalles de forma muy natural, casi cínica, de cómo sus desarrolladores con muchas ganas y cien horas laborales a la semana lograron terminar la aclamada entrega. Hubo gran polémica debido a esta declaración, sin embargo, se aclaró que el dato era erróneo y que se acercaba más a un promedio de entre 60 y 80 horas, lo que aún es una cifra abusiva. A esto se suman varias denuncias por redes de amenazas de despidos a quienes no se acoplaran a las exigencias.

Decir que este es un fenómeno aislado es simplemente ignorar la verdad. En el caso de Telltale Games en 2018,  se explotó al máximo a un equipo entero para tratar de salvar un estudio en bancarrota, hoy en día inexistente. En esa ocasión, el empeño por alcanzar la meta fue totalmente en vano. Todo el personal implicado fue despedido, tirado a la calle.

Peor aún fue que los dueños no se hicieron responsables de los pagos por despido de estas personas, lo que causó una molestia y un revuelo notorio de parte del ex-equipo a cargo de obras como The Walking Dead. Esta vez hubo un final feliz ya que otras compañías como Ubisoft o Blizzard los incorporaron a sus plantillas salvándolos del desempleo.

En unos pocos meses saldrá al mercado la secuela de The Last of Us, de la mano de la infame desarrolladora Naughty Dog. No porque no tenga resultados o que ofrezca poca calidad en sus entregas, sino por la abusiva política de trabajo, donde el exceso es el día a día. Las denuncias hacia este estudio son proporcionales al tiempo de trabajo extra que le exigen a su gente, amenazas de despido, cláusulas de silencio, personas internadas debido a la explotación brutal, etc. Tras Uncharted 4una gran cantidad de veteranos abandonó la compañía, y como el perro viejo no aprende, continuarán dejándolos.

Game Workers Unite, asociación pro-sindicalista. Foto: Game Workers Unite Web

El crunch es una preocupación para los que viven del desarrollo de videojuegos. De esta intranquilidad nacieron organizaciones como Game Workers Unite!, la cual busca establecerse como un sindicato para establecer derechos básicos, acabar con las precarias condiciones y erradicar la explotación laboral. Y otras como la Internacional Game Developers Association, que realiza investigaciones y fomenta mejoras a través de distintos programas. La consolidación de una asociación que defienda los derechos de los programadores, artistas, guionistas y todos los elementos de este mundo es necesaria y ha de formarse con rapidez en la medida de lo posible.

Quienes consumimos estos productos debemos ser también conscientes de qué pagamos y lo que apoyamos. Comprar y disfrutar de la increíble experiencia que nos puede entregar una obra es también agradecer tanto trabajo, pero procuremos apoyar solo a quienes buscan la excelencia por el buen camino, a aquellos que no caen en el abuso y la explotación para beneficiarse a sí mismo.

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